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Testimonio Joana, Pedro y Rita (16-06-22)

Esa mirada del bebé hacia su madre, lo dice todo. ¡Cuanta belleza en una sola expresión!.

Joana entró en el Planeta parto y se mantuvo en él durante todo el proceso, con unos sonidos que eran como su mantra y con una actitud absolutamente perseverante. Pedro estaba entregado a conseguir que todo funcionara, que Joana estuviera confortable, que el equipo nos sintiéramos como en casa y, en parte, alucinado por la intensidad de la experiencia. Qué difícil es para el padre sostener todo el entorno, viendo que no le puede ahorrar ni un milímetro de recorrido a su mujer de parto, ni a su hija abriéndose paso.

Fue todo muy emocionante, un parto que notas que se convierte en un rito de iniciación, en algo que marcará un antes y un después en esa familia. Y ahí está Rita, aterrizando en el Planeta tierra y absolutamente fascinada por la experiencia vivida.

Aquí están brindando y estas son sus palabras. Las mías son GRACIAS.

parto en casa con doula

 

Mi parto en casa

Antes de quedarme embarazada ya tenía muy claro que quería parir en casa.
Cuando estaba de dos meses fuimos con Pedro, mi pareja, a conocer a Mikel Mantxola uno de los mejores comadrones de Mallorca y con gran experiencia. Él siempre forma equipo con dos doulas más, y en mi caso elegí a Llucia y a Jaja.

Entonces pasaron los meses y llegó el día del parto y mi viaje y transformación comenzó.
Fue una experiencia de lo más emotiva, salvaje, fuerte,… nunca pensé poder pasar y experimentar todo lo que viví.

Creo que la experiencia de parir en casa enriqueció mucho más todo el proceso, además sentí que los pasos del nacimiento de mi bebé los daba yo.

Una de las claves más importantes en ese momento es que te dejen hacer y a la vez la escucha constante. Que te acompañen en tus decisiones en todo momento y te puedan mostrar opciones y caminos si te sientes estancada, eso es una bendición.

Este es el trabajo de las doulas, fue tan bonito, me sentí tan afortunada, tan acompañada, entendida, que el dolor, cada contracción y, en general, el proceso se sentía mejor. Esto es la delicadeza del acompañamiento.

Y Mikel, como buen profesional, controlaba desde otro lado de vez en cuando como iba todo, respetándome también y vigilando como estaba el bebé y como estaba yo a lo largo de este viaje, lo que hacía que cada vez que hablaba con él y me informase de todo, me quedaba más tranquila y con más confianza para seguir el proceso.

Fueron 14 horas de parto aunque yo perdí la noción del tiempo.
Pasé por muchas fases y las pude sentir, soy una persona que me cuesta perder el control y dejarme ir, pero puedo decir que parir en casa favoreció completamente mi estado, no me imagino en el hospital pudiéndome soltar así como lo hice.

Llegó la recta final, se acercaba el expulsivo, allí fue cuando empecé a tomar más tierra y Mikel puso toda su energía para ese momento, empezaba la fiesta 🙂 animándome, al igual que mi pareja y las doulas, ¡sentí esa fuerza!

Y de repente, que final por Dios! Que final tan feliz! y cuanta belleza! entre sangre y demás líquidos la naturaleza se expresaba con toda su grandeza, EL PARIR!

Estoy muy agradecida a todo el equipo, porque miro para atrás y fue espectacular todo el recorrido y hacerlo de esta manera tan natural, ¡me ha llenado el corazón para toda la vida!

Mi hija ahora tiene 4 días, tiene una cara de paz y ¡es tan tranquila! Creo que tiene que ver con el parir natural y poder hacerlo en tu casa con gente que te da amor y confianza, todo tiene sentido…

Y este fue mi viaje, el más bonito del mundo.
Gracias Llucia, Jaja y Mikel.

Joana

testimonio parto con doula

Testimonio Laura, Juan Carlos y Abril (26-04-22)

Recuerdo las horas en penumbra en casa de Laura, con la música y los olores… recuerdo que en un momento dado prefirió el silencio para continuar inmersa en sus sensaciones… recuerdo el apoyo que le daba Juan Carlos, con cierta expresión de «no me lo puedo creer» al ver la intensidad de la experiencia. Pasaron las horas, primero en casa y luego en el hospital, avanzando gradualmente de forma firme y continua.

Luego de poner la epidural, que es una herramienta de gran ayuda, lo que está claro es que el parto aún no ha acabado y, si en cualquier parto el coraje se necesita desde el primer minuto, seguramente aún es más necesario cuando las cosas no salen cómo las habíamos imaginado.

Laura demostró en todo momento ese coraje y atravesó el umbral hasta tener a su querida hija Abril entre sus brazos.

Y esa es su historia de AMOR que tuve el placer de acompañar.

 

Abril decidió llegar al otro lado de la piel el 26 de abril a las 7h de la mañana. Empecé con contracciones en la madrugada del día 25… eran cada 20 minutos y cuando venían me centraba en la respiración profunda… y en hacer alguna meditación.

Al llegar la mañana se espaciaron un poco y fueron más irregulares, así que mi pareja y yo salimos a dar un paseo… Llucia ya estaba al tanto de todo y me iba escribiendo para saber como seguía… Nos dijo que seguramente las contracciones se volverían a activar por la tarde-noche y así fue.

Sobre las 6h de la tarde decidimos llamar a Llucia pues las contracciones empezaban a ser intensas. Ella al escuchar mi voz supo enseguida que la dinámica era muy diferente a la primera vez que hablamos por teléfono por la mañana. Cuando llegó a casa, fue un momento muy emotivo y me abrazó muy fuerte, eso me transmitió mucha seguridad. Del tiempo que estuvimos en casa tengo muy buen recuerdo, a pesar que las contracciones cada vez eran más intensas y seguidas, había una atmósfera de paz y calma, con la música, el difusor, mi pareja dándome la mano y Llucia aplicándome calor en la zona lumbar, dándome masajes y ayudándome a hacer diferentes posturas según lo que me pedía el cuerpo en cada momento, y respirando.

Decidí que era el momento para ir al hospital, Llucia nos acompañó para que todo fuera más fácil. Al llegar allí eran como las 10h y pico de la noche y me recibió Ángela, una comadrona que conocía de las clases de preparación al parto. Tuvimos mucha suerte porque No puso ninguna pega para que Llucia se quedara con nosotros, a pesar de que nos habían dicho que en estos momentos sólo podíamos tener un acompañante.

Al ponerme los monitores todo estaba bien y cuando me miraron, estaba dilatada de 4cm y las contracciones eran bastante intensas, pero yo seguía haciendo las vocalizaciones con la A que había aprendido en «canto carnático». Mi idea era hacer la dilatación en la bañera pero, justo estaba ocupada, así que Ángela nos ofreció ir a nuestra habitación para que, mientras, me pudiera meter en la ducha y al estar lista la bañera poder ir a ese paritorio directamente.

Así lo hicimos y Llucia seguía con nosotros, ayudándome en todo. Me metí en la ducha y me alivió durante un rato, después quise salir y estuvimos haciendo diferentes posturas en la habitación…Recuerdo que Ángela iba viniendo para ver cómo estaba y como iba todo y en una de estas dije que no podía más… que quería la epidural ya… Ella me animó a continuar con mi plan de parto, ya que la bañera ya estaba disponible pero para mi era demasiado intenso. Me hizo un tacto y estaba de 7cm. Yo insistí en que quería la epidural, así que fuimos al paritorio para poder ponérmela.

En ese momento, Llucia se fue para casa, ya que nosotros nos quedábamos en paritorio con la matrona. Su apoyo y su ayuda fueron vitales para mi, sobre todo el poder estar relajada de estar acompañada por una persona con tanta experiencia. Si volviera a estar embarazada, repetiría sin dudarlo estar acompañada por ella.

Al ponerme la epidural empecé a temblar y estuve con esos temblores gran parte del tiempo, era un efecto de la epidural, pero la verdad es que fue un alivio y pude descansar. Al cabo de poco Ángela me hizo un tacto y ya estaba de 10 cm y en ese momento, justo se rompió la bolsa. Nos dijo que aprovechásemos para descansar un poco antes del expulsivo.

Eran la 1h de la mañana y estuvimos unas dos horas en la fase pasiva antes del expulsivo… Me empezaron ganas de ir al baño, pero no de empujar… Intenté hacer pipí pero debido a la epidural no me salía y me tuvieron que sondar. En el expulsivo probé primero con la silla de partos, luego de pie con las lianas y finalmente en la camilla en diferentes posturas y respirando al empujar… pero nada de todo eso parecía ir bien así que, muy a mi pesar, empecé a pujar en apnea ya que Ángela, la comadrona, me lo recomendó y fue a llamar a Marita, la ginecóloga.

Abril se había quedado encajada en el 3er plano de la pelvis y no había manera de que se moviera… Esta fue la peor parte, yo estaba agotada de empujar y cuando hacía dos horas que había llegado la ginecóloga, no se había movido del sitio. Y además tenía que empujar semi-tumbada con las piernas en las perneras, ya que así era como más avanzaba ella… Abril estuvo bien en todo momento, pero llevaba horas empujando y al ver que seguía sin salir, doliéndome en el alma pedí para utilizar la ventosa, pues no tenia más fuerzas… Marita me animó a que lo intentará 2 veces más con la siguiente contracción pero no había forma, así que utilizaron la ventosa para ayudar a Abril. No sé si se dieron cuenta antes o ya al sacar la cabecita,  pero llevaba la cabeza de lado (en transversa), por eso costó tanto…. 4 horas sin parar de empujar. Luego de otro empujón ya salió todo su cuerpo y me la pusieron encima de mi barriga, aun recuerdo el calorcito que noté al tenerla conmigo.

Nació a las 7:06h de la mañana…. Desde que empezó la primera contracción llevaba 27 horas de parto. Yo había pedido cortar el cordón umbilical al haber salido la placenta, pero no fue posible porque me estaba empezando a desangrar debido al desgarro que tenía. Sentí mucha pena… pero no podían esperar más.

Luego el alumbramiento de la placenta fue natural, sin oxitocina, como había pedido en mi plan de parto. Yo estaba tan agotada que no podía casi coger a Abril, recuerdo mirarla e intentar cantarle su canción y la de «Hola mi vida, mi cielo», pero me costaba muchísimo. A todo esto, Juan Carlos y yo nos miramos y decidimos decantarnos por el nombre de Abril. Mientras tanto me cosían los puntos y yo recuerdo pedir que me ayudarán a ponérmela al pecho, pero me dijeron que mejor al acabar de coserme… llevaban una hora y yo estaba preocupada por si luego no iba bien la lactancia. Al final me la enganché como pude y ella empezó a mamar. Sin duda no fue el parto que yo había imaginado, ni el que yo deseaba, pero se intentó respetar al máximo mis peticiones y fue lo que necesitó Abril para estar con nosotros al otro lado de la piel.

parto con pareja y doula

Testimonio Tina, Cristian y Lía (19-07-20)

Antes de conocer a Tina, me llegó el periplo que estaban viviendo para conseguir venir a parir a Mallorca ya que el mundo cambió justo cuando lo tenían todo a punto. Así que ya antes de ponerse de parto tuvo que utilizar todos sus recursos de coraje y confianza para acercarse a su sueño. Es de esas veces que te das cuenta que si las personas se enfocan en aquello que desean de todo corazón, la vida les acaba recompensando.

Y se puso de parto, lentamente subiendo la intensidad, mientras iba llegando el día. Ella estuvo cómoda siendo acariciada por la luz del sol y tuvo el apoyo precioso de su marido, mientras Jaja y yo como sus doulas y Mikel como comadrón, aportábamos nuestras herramientas y acompañamiento para facilitarle las cosas. Tina necesitó seguir contando con su coraje y confianza, porque su bebé era grande y le costó descender, pero dio muestras de gran determinación y, con ayuda del Universo, acabó de cumplir su parto soñado.

Fue un parto inolvidable y gracias a la fotógrafa Aimee Helen, su increíble viaje quedó reflejado en unas bellísimas fotos que muestran la evolución de todo el proceso de una forma muy especial.

Ahora nos hemos vuelto a reunir para celebrar la próxima llegada de su segundo bebé, ¡todos muy felices del reencuentro y con la ilusión renovada para compartir esta nueva experiencia! Gracias por la confianza, de todo corazón.

 

Hola mi amor,

Esta es la historia de nuestro nacimiento:

Un parto en casa en Mallorca el 19/07/20 💓

……
Quería un espacio seguro lleno de amor y seguridad.

Como nunca he tenido un hijo y quería sentirme segura, busqué una entrenadora que me acompañara durante todo el embarazo.

Entonces buscamos centros de maternidad en nuestra área en Alemania y, con un poco más de ocho semanas de embarazo, llegamos demasiado tarde y solo recibimos rechazos.

Creo en la espiritualidad y la vivo. Ahora le pedí a mi Yo Superior el siguiente paso y poco después recibí un impulso:

Me vi en una casa con un frente de vidrio.
Estaba en el agua tibia, acariciando mi estómago y mirando el verde.
El sol acababa de salir.

El impulso se hizo cada vez más claro:
Nos vamos a Mallorca y allí daremos a luz a nuestra hija.
Mi corazón latía salvajemente ante la idea.

Y mi mente daba vueltas.
Terror completo en mi cabeza.
«¿Cómo diablos se supone que funciona eso?»
«¿Donde vamos a vivir?»
«¿Quién nos acompañará en el nacimiento?»

Preguntas sobre preguntas.
Por suerte sabía de los impulsos y del miedo.

Encontré un artículo en Internet sobre un parto en casa en Mallorca.
Las palabras cariñosas me conmovieron y me atrajo mucho Mikel, aunque debo admitir que tuve que acostumbrarme al hecho de que Mikel es un hombre.

Pero su web me convenció.
A finales de febrero viajamos a Mallorca y vimos casas y tuvimos nuestra primera cita con Mikel.
Tan pronto como entré en su pequeña y linda consulta, me sentí a gusto.
Su trato fue cálido y cordial y para nosotros estuvo claro: ¡ESTO ES TODO!

Desafortunadamente, tres días antes de nuestro viaje a Mallorca, el Covid 19 se interpuso en el camino.

Ahora el tiempo pasaba y pasaba. Vimos las noticias todos los días y finalmente llegó el mensaje tan esperado:
Se permite la entrada a residentes y personas con un motivo válido.
Si dar a luz no es una razón válida, entonces no sé qué lo es.

Nos daba vueltas la cabeza porque buscábamos soluciones para entrar al país todos los días.

Nuestro coraje fue recompensado:

Después de tres días de viaje en ferry (estando de 34 semanas):
Por fin estábamos en casa!!!!
Llevábamos meses esperando este momento.

Cuatro semanas antes de mi semana 40 de embarazo, hubo una cena en nuestra casa con todo el equipo de atención al parto.
Se habló de como funciona el equipo y nos conocimos todos.
Nos sentimos como en familia con Mikel y sus dos doulas, Jaja y Lucía.

El 19/07 me puse de parto a las 3 de la madrugada.
Mi esposo llamó a Jaja y ella nos dijo que volviéramos a llamar si sentíamos que necesitábamos ayuda.

A las 6 de la mañana las contracciones eran cada vez más fuertes, así que llamamos a Jaja y 45 minutos después vino a vernos el equipo.

Salió el sol, 30 grados y disfruté cada contracción con la vista de las montañas.
Cada segundo me sentí llevada porque siempre había alguien conmigo.
Jaja y Lucía me masajearon, mi marido me besaba.

Estaba en mi propia piscina de parto 🙂
Mikel medía periódicamente los latidos del corazón de nuestro ratoncito.

Todo estaba estable, solo que no progresaba de alguna manera. Decidimos abrir el saco amniótico, pero luego se abrió solo.

Las contracciones se hacían más fuertes y hora tras hora mis fuerzas iban mermando.

Nuestro ratón realmente no quería entrar en el canal de parto. Rostros Afectados.
En mi desesperación.

No, no quiero esto. No quiero ir al hospital.

¡El equipo consultó y con sus décadas de experiencia me pusieron en una posición que lo cambió todo!

Nuestro ratón entró en el canal de parto. Mi amada me susurró coraje y me dio fuerza cada segundo.

Y ahí estaba ella: después de 12 horas nació nuestra ratona Lia.

Somos las personas más felices del mundo.

Lia nació en un espacio protegido en amor y armonía.

¿Recomendaría un parto en casa a todas las mujeres?
No, yo recomiendo a todas las mujeres tener un parto en casa con Mikel, Jaja y Lucía.

A través de su experiencia, pasión y amor, pude hacer realidad mi sueño:
Traer a nuestra hija al mundo en nuestra finca.

Estoy segura de que en el hospital nos habrían empujado a una cesárea porque no había tiempo para mí.

Testimonio original

Hallo meine Liebe,

Hier die Geschichte zu unserer Geburt:

Eine Hausgeburt auf Mallorca am 19.07.20 💓

…..
Ich wollte einen sicheren Raum voller Liebe und Geborgenheit.

Da ich noch nie ein Kind bekommen habe und ich mich sicher fühlen wollte, suchte ich mir einen Coach aus, der mich die Schwangerschaft über begleitete.

So suchten wir in Deutschland in unserem Umkreis nach Geburtshäusern und waren mit etwas über 8 Wochen Schwangerschaft, viel zu spät dran und erhielten nur noch Absagen.

Ich glaube an Spiritualität und lebe diese. Nun fragte ich mein Höheres Selbst nach dem nächsten Schritt und erhielt kurz danach einen Impuls:

Ich sah mich in einem Haus mit einer Glasfront.
Ich befand mich im warmen Wasser, streichelte meinen Bauch und blickte ins Grüne.
Die Sonne ging gerade auf.

Der Impuls wurde immer klarer:
Wir gehen nach Mallorca und werden unsere Tochter dort zur Welt bringen.
Mein Herz schlug wie wild bei der Vorstellung.

Und mein Verstand überschlug sich.
Kompletter Terror in meinem Kopf.
«Wie zum Teufel soll das funktionieren?»
«Wo werden wir wohnen?»
«Wer begleitet uns bei der Geburt?»

Fragen über Fragen.
Zum Glück kannte ich das mit den Impulsen und dem Terror.

Ich fand im Internet einen Artikel über eine Hausgeburt auf Mallorca.
Die liebevollen Worte berührten mich und es zog mich regelrecht zu Mikel, auch wenn ich zugeben muss, dass ich mich kurz daran gewöhnen musste, dass Mikel ein Mann ist.

Doch seine Website überzeugte mich.
Ende Februar reisten wir nach Mallorca und besichtigten Häuser und hatten unseren ersten Termin bei Mikel.
Beim Betreten seiner kleinen süßen Praxis fühlte ich mich direkt wohl.
Seine Art war warm und herzlich und für uns war klar: DAS IST ES!

3 Tage vor unserer Reise nach Mallorca, kam uns leider Corona dazwischen.

Nun schritt die Zeit immer weiter fort. Täglich beobachteten wir die Nachrichten und endlich kam die lang ersehnte Mitteilung:
Residenten und Personen mit triftigem Grund dürfen einreisen.
Ja, wenn eine Geburt kein triftiger Grund ist, dann weiß ich auch nicht.

Unsere Köpfe rauchten, weil wir täglich nach Lösungen suchten um einreisen zu können.

Unser Mut wurde belohnt:

Nach 3 Tagen Fahrt mit Fähre (34. SSW):
Endlich waren wir Zuhause!!!!
Monatelang haben wir uns diesen Moment herbei gesehnt.

4 Wochen vor der Geburt fand ein Dinner bei uns Zuhause mit dem gesamten Hebammen Team statt.
Es wurde der Ablauf der Geburt besprochen und uns das Team vorgestellt.
Mit Mikel und seinen 2 Doulas Jaja und Lucía fühlten wir uns wie eine Familie.

3 Tage nach dem ET, am 19.07. setzten um 03 Uhr nachts die Wehen ein.
Mein Mann kontaktierte Jaja und sie sagte uns, dass wir uns melden sollen, wenn wir spüren, dass wir Unterstützung brauchen.

Um 06:00 Uhr wurden die Wehen immer stärker, sodass wir Jaja anriefen und 45 Minuten später, kam das Team zu uns.

Die Sonne ging auf, 30 Grad und ich genoss jede Wehe mit dem Blick auf die Berge.
In jeder Sekunde fühlte ich mich getragen, weil immer jemand bei mir war.
Jaja und Lucía massierten mich. Mein Mann küsste mich.

Ich war in meinem eigenen Geburts-Spa 🙂
Mikel miss regelmäßig die Herztöne unserer kleinen Maus.

Alles war stabil, nur ging es irgendwie nicht voran. Wir beschlossen die Fruchtblase zu öffnen, doch da ging sie schon von allein auf.

Die Wehen wurden immer stärker und meine Kraft schwand von Stunde zu Stunde.

Unsere Maus wollte nicht so recht in den Geburtskanal. Betroffene Gesichter.
In mir Verzweiflung.

Nein, das will ich nicht. Ich will nicht ins Krankenhaus.

Das Team beriet sich und mit ihrer jahrzehntelangen Expertise legten sie mich in eine Position, die alles veränderte!

Unsere Maus ging in den Geburtskanal. Mein Schatz flüsterte mir Mut zu und schenkte mir jede Sekunde Kraft.

Und da war sie: nach 12 Stunden war unsere Maus Lia geboren.

Wir sind die glücklichsten Menschen auf der Welt.

Lia wurde in einem geschützten Raum in Liebe und Harmonie geboren.

Würde ich jeder Frau eine Hausgeburt empfehlen?
Nein, ich empfehle jeder Frau eine Hausgeburt mit Mikel, Jaja und Lucía.

Durch ihre Expertise, ihre Leidenschaft und Liebe konnte ich meinen Traum wahr machen:
Unsere Tochter in unserer Finca zur Welt bringen.

Ich bin mir sicher, dass wir im Krankenhaus zu einem Kaiserschnitt gedrängt worden wären, weil keine Zeit für m

Testimonio de Sofía, Alex y Sakura

Sofía es una «flaquita» (como dicen en su tierra) con mucho fuego en el alma y en ese crisol, nació Sakura, una niña muy especial que tiene unos ojos profundos, con una mirada de «alma vieja». Muchas cosas buenas han salido de mi relación con Sofía, desde siempre me ha demostrado su confianza, me recomienda como osteópata entre sus amig@s y cuando ellos saben que, además fui su doula, se por sus palabras que ella les habló de mi de forma muy linda.

El otro día me dijo «ya hace tiempo que te prometí mi testimonio y, por fin, tengo esto para ti»… ¡y me entregó un cuento precioso! tiene textos, dibujos y fotos que narran su experiencia de parto de manera muy creativa. Me emocionó mucho recordar aquellas horas y todo lo que vivimos juntos. Ellos son una familia muy especial, que me han hecho un regalo con corazón que me ha llegado bien adentro… ¡Gracias por tanto!

Ahí van los textos incluidos en la historia…

 

Había una vez, Sakura

En una noche cálida y sombría, de intensa medialuna, dentro de Mamá Sofía se movía, su criaturita inquieta, que esa noche nacería.

Pasaron Chaime y Jorge a visitar, pero entre gritos y contracciones, Mamá Sofía, los mandó guardar.

Papá preparó blinis con Caviar, que mamá más tarde, iba a vomitar.

A ritmo pausado, de la montaña bajaron, y al destino deseado, finalmente llegaron.

Papá preparó la habitación, por supuesto, con buena música e impecable iluminación.

Tan bien iluminada estaba la velada, que entre alaridos y patadas, Papá muy relajado, se pegó una cabezada.

Acompañada por su gran equipo, Esther la partera, Gabriel el doctor, y Lucía, su doula, después de una noche larga y dura, Mamá Sofía rompió bolsa, se venía bebé Sakura!

Tocaron la puerta, era papá, fresco y descansado, a tiempo para recibir, a la bebita que tanto habían esperado.

De un pujo salió, y sobre el pecho de mamá su bebita descansó. Un gorro de Papá Noel le pusieron pues ella era, un regalo caído del cielo.

Una vida de sonrisas, travesuras y aventura empezaba, mientras el 2017, terminaba.

Bienvenida Sakurita a este planeta, llegaste como un cometa, y con tu sonrisa y personalidad, nos regalaste la eterna felicidad.

 

La doula y el mundo de los olores

Para la profesión de doula los detalles son importantes, de hecho, marcan la diferencia, porque la doula es ahí donde pone la excelencia. Acompañar es una función muy delicada y hacerlo de forma que la persona acompañada sienta que a su lado tiene un “ángel”, es todo un arte.

Le llamo ángel, porque es lo que muchas mujeres me han dicho que han sentido cuando les he acompañado y, en mis reflexiones, veo que esa figura refleja una condición de cuidado sutil, acogedor, amoroso, discreto, incondicional,… que permite que cada mujer pueda desplegar sus propias alas durante ese proceso tan mágico de convertirse en madre, sea durante el embarazo, el parto o cuando ya tiene al bebé entre sus brazos. 

Entonces, lo más obvio, es que una doula siempre tiene que ir limpia y fresca, ya que trabaja físicamente muy cerca de la mujer que acompaña, pero a lo largo de los años he ido comprendiendo algunas cosas importantes respecto al olor cuando trabajo como doula.

Lo primero a tener en cuenta es mi propio olor que, más allá de la genética, tiene relación con la salud y el estilo de vida, así como de forma muy especial con la alimentación. Es evidente que si tengo previsto irme de parto en breve, evito las comidas con mucho ajo o con cebolla cruda, así como aquellas que para mi significan una digestión pesada.

Otra cuestión es que hay mucha diferencia entre los olores producidos por esencias naturales o esencias sintéticas. Hace tiempo descubrí que la mayoría de perfumes, colonias, ambientadores, inciensos, etc. tienen compuestos químicos que ofenden a mi sentido del olfato y, aunque se que no es así para todo el mundo, una mujer de parto tiene todos sus sentidos a flor de piel y es especialmente susceptible a los olores. Me parece una razón muy buena para dar absoluta preferencia a artículos de higiene con aromas naturales y, si la mujer quiere rodearse de estímulos olfativos, invitarla a que utilice varillas de incienso sin tóxicos. En estos casos, además, “menos es más”, como así sucede en los detalles, generalmente cuanto más discreto y sutil es el olor, mucho mejor. 

Por otro lado, me gustaría compartir sobre los olores que suceden cuando como doula acompaño en un parto, sea en casa o en hospital, ya que hay una gama intensa y muy interesante de experiencias olfativas. 

Cuando una mujer está de parto y todo sucede por vía vaginal, la mayoría de las veces, es un trabajo arduo y largo… algo así como una maratón de duración imprevista, por lo que durante todo el proceso acaba habiendo un cóctel de olores especiales. Si cierro los ojos y recuerdo, lo que me viene a la cabeza es SALVAJE (en mayúsculas), algo ancestral y profundo, una mezcla de sudor, líquido amniótico y sangre, de dulce y amargo, de oxitocina o adrenalina, de texturas inesperadas y sutilezas varias. Se entremezclan en algún momento olores de antisépticos, pero nunca predominan ante la grandeza de lo que está pasando. Es algo que a veces he comentado con otras doulas, el olor de una mujer de parto es muy especial y a mi me encanta esa naturaleza expresada en su máxima potencia.

Queda por fin, el aroma más exquisito, el de un bebé recién nacido. Nunca se olvida y nunca lo he sentido en otros lugares o personas (que no sean bebés muy pequeños). A mi me recuerda a un melocotón maduro, en la rama de un árbol a la que está dando el sol. Pero es mucho más que eso, hay una pureza y un potencial, expresado en un néctar que nunca debiera ser disfrazado con colonia o jabón. Y, para ese bebé, el olor salvaje de su madre, junto al del calostro que pugna por surgir de sus pechos, es el paraíso terrenal, lo más parecido al mundo del que viene y entre los brazos de su madre es el mejor lugar donde desea estar, en esos momento de aterrizaje en el mundo exterior.

Cuantas cosas por comprender y por proteger, cuantas por disfrutar y permitir. La vida al natural cuenta con una bioquímica, que impregna nuestro cerebro y anima a nuestros instintos a estar presentes en uno de los momentos más importantes de la vida de una mujer.

Testimonio Alba, Fede y Daniel (01-10-2018)

Para parir se necesita conexión con el propio cuerpo, confianza en el proceso, entrega total,… y desde ahí, hay mujeres que son más de tribu, que se sienten cómodas con el apoyo de sus seres queridos. Alba tuvo un parto muy potente, de esos que en algún momento se plantea si la madre lo podrá sostener, pero ahí fue… paso a paso, abriéndose camino su bebé y ella entregada en totalidad. Cuando nació Daniel, todos habíamos empujado con fuerza, nos sentimos agotados y felices. Un final muy merecido.

 

Estaba embarazada de 41 semanas y un día y, si todo iba bien, Daniel nacería en casa. Había elegido para ayudarme en el parto a Mikel Mantxola, y con él a las doulas Cristina Seguí y Llucia Mir, a quienes se unió mi buena amiga y doula en prácticas Camila Dueñas. Así que cuando Dani se decidió a venir, la casa estaba llena de gente esperándole, porque también estaban su papá, su abuela, su tía y su hermano de 4 patas.
Cuando rompí aguas, las contracciones suaves que había sentido la noche anterior y parte de ese día, se volvieron más intensas. Junto a esa intensidad llegó el miedo y las dudas (¿podré aguantarlo?, ¿lo estaré haciendo bien?) Lucía estaba allí apoyándome, ayudando a aliviar el dolor, recordándome mi fuerza, dándome cariño. Al poco tiempo tomó su relevo Cris que, como Lucía, respiraba conmigo, me acompañaba, me explicaba las cosas con amor y respeto, y mi querida Cami, siempre un hombro sobre el que apoyarme, unos ojos a los que mirar, una palabra adecuada en cada momento. Mis tres doulas fueron, cada una a su manera única y especial, tres compañeras con las que paseé de la mano por cada contracción. Me ayudaban a cambiar de postura, me daban masajes (que ayudaban mucho a calmar el dolor), me animaron a dejar salir lo que sentía, me ayudaron a confiar en mi poder, cuando estaba agotada mental y físicamente. Ellas junto con Fede, el papá de Daniel, formaban un apoyo que para mí fue inmejorable, siempre respetando lo que yo quería y necesitaba. Al final creo que todos en aquella habitación estábamos empujando a la vez y esforzándonos, y sentirles me dio mucha fuerza.
Me cuesta expresar con palabras y en tan poco espacio lo que fue aquella noche, lo que sentí y lo que siento al recordarla…cada recuerdo está lleno de amor y me emociona. Desde entonces, cada día doy las gracias por haber podido contar con ellos, no podría imaginar una mejor bienvenida para mi bebé ni un aprendizaje mayor sobre mí misma y sobre el amor en tan poco tiempo. Han pasado cuatro meses y sigo aprendiendo de aquellas horas. ¡Qué intensidad… cuánta magia! Y aunque acabamos todos agotados… ¡Volvería a repetirlo todo ahora mismo!

Alba

La vida de una doula es muy excitante

Estaba yo hablando con una compañera doula, con la que me tenía que coordinar para suplirme, en caso de que se me amontonaran los acompañamientos, cuando le dije precisamente eso: «la vida de una doula es muy excitante». Y, ese mismo día, se escenificó en todos sus matices esta vivencia aunque, con la ayuda del Universo, todo se colocó para que cada doulaje, ocupara su lugar.

Fue un día extraordinario, ya que en menos de 24 horas acompañé tres partos encadenados como doula, cada uno con sus propias características. Se veía venir, porque cuando estoy de guardia de varios partos, generalmente van sucediendo en sus «tempos» y de forma natural se separan por días… pero si ninguno se activa y nos vamos acercando a sus fechas finales, en algún momento se tienen que desencadenar. Y todo ello lo tengo que combinar con mis otras obligaciones cotidianas. He aprendido a sostenerlo a través de la experiencia a lo largo de los años, que me ayuda a confiar.

Yo suelo CONFIAR, así, en mayúsculas. Confío en la vida, en el cuerpo de las mujeres, en los bebés, en mi fuerza interior, en las sincronicidades,… aunque a veces me de vértigo entregarme a lo que acontece. Pero solo puedo decir que me entrego totalmente en cada experiencia y que la «suerte» me acompaña.

A primera hora de la tarde, una mamá tuvo cesárea programada…  es muy especial acompañar la decisión y el sentimiento de una mujer que renuncia a su deseo de parir de forma vaginal para proteger la salud de su bebé por recomendación médica, ya que necesita mucho amor y coraje interior para transitar un cambio de planes tan inesperado. El acompañamiento fue, sobre todo, en los momentos difíciles de su toma de decisión y, más tarde, a través de las palabras de ánimo justo antes y después de su experiencia. Me emocioné mucho cuando me envió la foto con su bebé en brazos, junto a su marido, Pero, aún, no se habían acabado las sorpresas ya que tuvo que aceptar que los nuevos protocolos del hospital no permitían que yo fuera a acompañarla en su primera noche post cesárea, para que su marido fuera a cuidar a su hijo mayor y yo la ayudara con la lactancia. Toda una madre coraje.

A última hora de la tarde, mientras acababa la visita con una mujer que desea sea su doula durante el proceso de su segunda maternidad, recibí la llamada de Mikel, el comadrón del equipo de parto en casa con el que trabajo habitualmente. La mujer estaba con contracciones bastante seguidas en su casa, a una hora de camino en coche desde la mía, que para la isla de Mallorca, es literalmente la otra punta. Al llegar ya se veía que transitaba la fase activa de parto, y Mikel comprobó que estaba de 6 cm, así que fue una dilatación bastante rápida y potente, con un expulsivo muy potente y más largo que la media… aún tengo agujetas en varias partes del cuerpo, por las diferentes ayudas físicas que estuvimos practicando las dos doulas, bajo la guía del comadrón. Al nacer la bebé, vimos porqué le costó tanto atravesar la pelvis, ya que además de ser bastante grande, venía mirando hacia arriba, una posición que dificulta ese paso, aunque queda claro que siempre se puede apoyar con recursos, para que todo acabe bien. Y, desde luego, fui testigo de otra madre coraje.

Después de dejar su casa arreglada y a la madre muy tranquila y feliz dando de mamar a su hija, me volví para mi casa a descansar de tanta intensidad. Sobre las 4h de la madrugada, cuando estaba a punto de quedarme dormida, recibí la llamada de la tercera mujer, que por fin sentía que estaba de parto, después de varios días con pródromos más o menos intensos, pero que no acababan de arrancar. En este caso estaba a media hora de camino y cuando llegué, también había una dinámica potente, que la mujer llevaba muy bien. Allí estuvimos los tres en la danza sagrada del parto, viendo como la intensidad iba llevando a la madre desde el infinito al más allá. Hasta ese momento en que ella siente que toca partir hacia el hospital. En este caso, mi acompañamiento físico era durante la dilatación y, desde ahí, solo quedaba esperar y desear, que ese viaje iniciático en su casa, acompañada de su doula y su pareja, le llevara más cerca de conseguir su nacimiento deseado: parto vaginal sin epidural, después de cesárea. Horas más tarde pude saber que llegó de 7 cm al hospital, que en muy poco tiempo se pudo en dilatación completa y que el expulsivo fue arduo pero, con ayuda de los profesionales, llegó a buen puerto. Y pude presenciar a una madre coraje más.

Por mi parte, sobre las 7’30h de la mañana llegué despejada, cansada, feliz y llena de oxitocina a mi casa. Aún sin poderme creer lo que acababa de vivir. La foto de la portada es el aspecto que tenía el amanecer desde la terraza de mi casa.

Y, por fin me fui a dormir,

convencida de que mi profesión de DOULA es la más bonita del mundo

y mi vida… ES MUY EXCITANTE

 

 

 

 

Testimonio Alba, Matías, Nauq y Aila (08-05-21)

En mi trabajo como doula conozco familias, como la de Alba, que honran esa palabra, porque transmiten ese amor bonito que traspasa transversalmente todo lo que hacen. Acompañarlas es un viaje precioso y fácil, cada conversación trae luz, cada gesto consciencia, y llegado el momento todo fluye desde el interior hacia afuera, como la danza de un volcán que se expande y derrama su lava… arrasando cualquier atisbo de duda o control, entonces las riendas están en manos de la naturaleza que trabaja coordinando todo de forma exquisita.

No suelo sugerir a las mujeres la hora de partir al hospital, pero hay veces que observo como el cuerpo entra en trance y ya apenas queda contacto con lo mundano, son momentos donde percibo en los sonidos y movimientos, un aceleramiento de todo el proceso donde es importante actuar en consecuencia.

Cuanta más experiencia tengo, más me fio de estas intuiciones, no es algo que se pueda enseñar, solo requiere «escucha» y «presencia»… nada más y nada menos. Es algo que todas las personas, profesionales o no, deberían desarrollar cuando están cerca de una mujer entregada al proceso sagrado de parir un hijo y nacer como madres.

 

Yo ya había parido una vez. Y no había ido tan mal, pero tenía la sensación que no había tenido el acompañamiento que yo necesitaba y que por eso había aparecido el miedo: enemigo por antonomasia del parto.

Ahora, para el segundo, pensé coger una Doula. Al principio, estaban desdibujadas las razones para tenerla, pero a medida que conocía a Lucía y avanzaba el embarazo, se perfilaban y cada vez tenía más claro que no me había equivocado. Su presencia (más allá de la física y la virtual; la presencia abstracta que ya tenía en nuestras vidas desde el principio de todo), su serenidad, su visión abrazando la nuestra… Todo un cúmulo de cosas, pequeñas, pero importantísimas, ayudaron a sostener la construcción de mi seguridad y confianza.

Cuando alguna duda, miedo o inseguridad aparecía tímidamente, hablar con Lucía o ir a verla y aprovechar para hacer una sesión de osteopatia, me daba el empujón, las palabras y el calor que yo necesitaba para seguir confiando, escuchando mi cuerpo y avanzar con seguridad.

La noche del parto, cuando ella todavía no había llegado, Matías y yo estábamos de lo más tranquilos. Porque de alguna manera, saber que ella estaba viniendo nos daba paz. Cuando llegó yo ya estaba en una dinámica de contracciones más seguidas y no hicieron falta más de 15 segundos para que Lucía se integrara completamente en el proceso que estaba haciendo mi cuerpo. Me ayudó a descansar más plenamente entre contracciones y sus caricias y masajes me conectaban con todo aquello que estaba pasando, que era muy potente, pero no definiría como dolor. Era intenso. Y mi cuerpo bailaba mientras me recorría aquella potencia por dentro. Yo habría estado indefinidamente así, porque gestionaba las contracciones y me sentía poderosa.

Pero 2h después, suerte que Lucía propuso ir al hospital. Estaba yendo todo muy rápido y ella fue capaz de darse cuenta, porque nosotros, con la experiencia de 36h de parto del primer hijo, pensábamos que todo sería más lento… Pero poco después de que propusiera partir algo dentro de mío me dijo que sí, que teníamos que marchar.

Y efectivamente, subiendo al coche recuerdo decirle que quería empujar. Y todo el camino hacia el hospital no podía parar de gritar, vocalizando una A gigante que inconscientemente empujaba a Aila hacia este mundo. Tuvimos que parar en Son Espases porque no tenía nada claro que llegáramos a Son Llàtzer a tiempo. Matías entró a paritorio conmigo, faltaban escasos 30 minutos para que saliera mi hija.

Recuerdo tener unas ganas muy profundas de ver a Lucía cuando ya tenía a la pequeña en los brazos. De decirle gracias, de abrazarla y celebrar la vida con ella, de agradecerle toda la luz que llevó al proceso. Pero por tema protocolos en paritorio solo podía entrar una persona. Aún así, sentía su presencia y compañía, que se materializaba a través del móvil cuando lo necesitábamos.

Ahora, a posteriori, ya lo hemos bautizado como la mejor inversión que hemos hecho nunca.
Calma, confianza, bienestar…todo lo que necesitaba para este parto lo tuve; un acompañamiento extraordinario y empoderador.

Gracias Llucia, por dárnoslo y por ser.

Testimonio original:

Jo ja havia parit un cop. I no havia anat tan malament, però tenia la sensació que no havia tingut l’acompanyament que jo necessitava i que per això havia aparegut la por: enemic per antonomàsia del part.

Ara, pel segon, vaig pensar a agafar una Doula. Al principi, estaven desdibuixades les raons per tenir-la, però a mesura que coneixia a na Llucia i avançava l’embaràs, es perfilaven i cada cop tenia més clar que no m’havia equivocat. La seva presència (més enllà de la física i la virtual; la presència abstracta que ja tenia a les nostres vides des del principi de tot), la seva serenor, la seva visió abraçant la nostra… Tot un cúmul de coses, petites, però importantíssimes, van ajudar a sostenir la construcció de la meva seguretat i confiança.

Quan algun dubte, por o inseguretat apareixia tímidament, xerrar amb na Llucia o anar a veure-la i aprofitar per fer una sessió d’osteopatia, em donava l’empenta, les paraules i l’escalfor que jo necessitava per seguir confiant, escoltant el meu cos i avançar amb seguretat.

La nit del part, quan ella encara no havia arribat, el Matías i jo estàvem d’allò més tranquils. Perquè d’alguna manera, saber que ella estava venint ens donava pau. Quan va arribar jo ja estava en una dinàmica de contraccions més seguides i no van fer falta més de 15 segons perquè na Llucia s’integrés completament al procés que estava fent el meu cos. Va ajudar-me a descansar més plenament entre contraccions i les seves carícies i massatges em connectaven amb tot allò que estava passant, que era molt potent, però no definiria com dolor. Era intens. I el meu cos ballava mentre em recorria aquella potència per dins. Jo hauria estat indefinidament així, perquè gestionava les contraccions i em sentia poderosa.

Però 2h després, sort que na Llucia va proposar anar a l’hospital. Estava anant tot molt ràpid i ella va ser capaç d’adonar-se’n, perquè nosaltres, amb l’experiència de 36h de part del primer fill, pensàvem que tot seria més lent… Però poc després que proposés partir alguna cosa dins meu em va dir que sí, que havíem de marxar.

I efectivament, pujant al cotxe recordo dir-li que volia empènyer. I tot el camí cap a l’hospital no podia parar de cridar, vocalitzant una A gegant que inconscientment empenyia a l’Aila cap aquest món. Vam haver de parar a Son Espases perquè no tenia gens clar que arribéssim a Son Llàtzer a temps. En Matías va entrar a paritori amb mi, faltaven escassos 30 minuts perquè sortís la meva filla.

Recordo tenir unes ganes molt profundes de veure a na Llucia quan ja tenia la petita als braços. De dir-li gràcies, d’abraçar-la i celebrar la vida amb ella, d’agrair-li tota la llum que va portar al procés. Però per tema protocols a paritori només podia entrar una persona. Així i tot, sentia la seva presència i companyia, que es materialitzava a través del mòvil quan necessitàvem.

Ara, a posteriori, ja l’hem batejat com la millor inversió que hem fet mai.
Calma, confiança, benestar…tot el que necessitava per aquest part ho vaig tenir; un acompanyament extraordinari i empoderador.

Gràcies Llucia, per donar-nos-ho i per ser-hi.

Testimonio Vicky, Guille y Nalu (14-12-20)

Para acompañar un parto como doula la conexión debe ser profunda y desde la Presencia sostener todo lo que acontece, sea cual sea la intensidad. Vicky tiene aspecto de elfa del bosque y determinación de fuego. El amor es su combustible y nos ofreció a todos los que le acompañamos en su gesta, una lección de Poder. Y Guille, su amado, una lección de roble, a pesar de que el fuego le quemaba en las entrañas.

Sus relatos estremecen y enternecen a la par, vale la pena leer cada una de sus palabras, como reflejo de una experiencia arrolladora y portadora de vida. Gracias a ambos por la generosidad.

Con los ojos de Guille.

Seguramente yo no me habría planteado nunca la cuestión de dónde dar a luz. Lo lógico para mí era lo común: en el hospital. Sin embargo, Vicky, que afortunadamente tiene muy poco de común, lo tenía clarísimo, quería un parto en casa. Y yo, la verdad, no tenía nada que objetar, sobretodo de un tema que era bastante desconocido para mí. Así que empecé a leer otras experiencias, vimos videos y un documental genial y, entonces, lo lógico se convirtió en lo poco común: tener al bebé en casa.

Todo el embarazo fue bastante bien, con algunas preocupaciones que no fueron a más y, cuando se acercaba el momento, todo estaba a nuestro favor y no había ningún motivo de peso para desistir de nuestro deseo de tener a Nalu en casa. Digo de peso, porque en el camino nos encontramos con muchas opiniones en contra, no tanto de nuestros familiares y amigos, que fueron muy respetuosos a pesar de los miedos que podían tener, sino de profesionales y personal sanitario. Lo cual no dejó de sorprenderme, porque no creo que los datos y estadísticas justifiquen sus reticencias a tener un parto en casa.
Unas semanas antes del parto, organizamos con Mikel, nuestro comadrón, una cena en casa para conocer a nuestras doulas, Lucía y Cristina, y para que nos explicaran bien cómo sería todo el proceso, el papel de cada uno, organizar la casa y el equipo que necesitaríamos.

Ya conocíamos y confiábamos en Mikel y, por suerte, también nos sentimos muy a gusto desde el principio con Cris y Lucía. Yo todavía no era consciente de lo que se nos venía encima, pero echando la vista atrás, la experiencia podía haber sido muy diferente si la gente que nos rodeó y arropó en ese momento tan intenso como especial no hubiera sido tan maravillosa como lo fueron nuestras doulas.

Al terminar la cena, Vicky me comentó la buena conexión que había sentido y que confirmé el día del parto, cuando las contracciones empezaban a ser más fuertes, aunque luego descubrí que eso no era nada más que “el calentamiento”. Hubo un momento que yo fui a la cocina a por agua y al volver al salón, encontré a Vicky, en mitad de una contracción, abrazando a Lucía tan fuerte como me había estado abrazando a mí antes. En seguida noté la conexión de la que me hablaba Vicky, y me sentí muy tranquilo, en cierto modo aliviado, porque si mi papel en ese proceso era el de intentar que Vicky se sintiera lo más tranquila y acompañada posible, supe que no estaba solo, y que Vicky y Nalu estaban en muy buenas manos.

La primera en llegar a casa después de llamar a Mikel y decirle que Vicky llevaba una hora con contracciones cada dos minutos, fue Cristina, acompañada de un delicioso olor a las albóndigas veganas que había estado preparando hasta que recibió la llamada de Mikel. Si algo me atreviera a reprocharle a Nalu, sería que no esperara media horita más antes de querer nacer para haber tenido la oportunidad de probar esas albóndigas. Nalu, nos debes unas albóndigas.
Después de ver cómo estábamos, empezó a preparar todo el material y poco después llegaron Lucía y Mikel.

Esta primera parte del parto la voy a titular “Aquellos maravillosos recuerdos”. Sí, aún eran todo bromas y sonrisas. Entre contracciones, Vicky me miraba sonriendo, llena de amor, impaciente por conocer a Nalu por fin. En las contracciones yo la abrazaba con fuerza mientras se estiraba sujetando mi cuello. Lucía le daba masajes en las lumbares y le ayudaba a buscar la mejor postura para descansar después. Teníamos esos momentos de calma y tiernas miradas mientras Lucía le ponía las manos en la espalda o una faja calentita, Mikel iba y venía y Cris nos vigilaba mientras seguía organizando.

Después de aproximadamente tres horas llegó el momento de comenzar el expulsivo o, lo que vamos a llamar “La cosa se pone seria”. Vicky empezaba a estar muy cansada, las contracciones cada vez eran más intensas y dolorosas. Cada vez le costaba más encontrar posturas en las que se sintiera cómoda o en las que pudiera descansar. Durante la contracción parecía perder la fuerza en las piernas y ya no es que se estirara apoyándose en mí, es que literalmente se colgaba de mi cuello como un peso muerto. Si hay algún mérito que se me pueda atribuir a mí en ese día, es el de haberme mantenido firme como un roble cada vez que Vicky se derrumbaba agotada y gimiendo de dolor entre mis brazos. Tampoco era una opción dejarla caer, en realidad.

Nos fuimos al dormitorio, es difícil recordar muchos detalles, toda mi energía y concentración estaban enfocadas en Vicky. De todo lo demás se encargaban Cris y Lucía, que además, seguían cuidando de Vicky y eran el espejo donde yo podía sentir la calma y confianza que necesitaba transmitirle a Vicky también. Especialmente para lo que venía después.

Capítulo tres: “Jesús, menos mal que avisamos a los vecinos”. Ahora puedo y debo bromear sobre lo que fueron estos momentos porque la alternativa sino serían varios años de terapia post-traumática. Uno siempre se cuestiona lo duro que tiene que ser ver sufrir de dolor a la persona que más quieres. Yo nunca me lo había planteado en el contexto de un nacimiento, la verdad, y tal vez por eso me pilló un poco por sorpresa a pesar de estar advertido. Supongo que aquí es donde las hormonas y la oxitocina en concreto, juegan un papel importante, pero a mí me daba la sensación de que Vicky se iba a desmayar del dolor en cualquier momento. Las contracciones parecían insoportables, y en los “descansos”, Vicky flaqueaba y le faltaba el aire, asfixiada de calor, o temblando de frío a los pocos segundos. En cada contracción, Mikel intentaba estimular el cuello del útero para abrirle paso a Nalu o hacer magia por ahí abajo, aún no me queda claro, pero fuera lo que fuera, ayudaba, dilataba a muy buen ritmo, y no tardó mucho en romper aguas. Vicky parecía estar en otro mundo, y yo procuraba que cuando volvía entre nosotros, me sintiera muy cerca y tranquilo. Era imposible ignorar y no admirar cómo Vicky estaba luchando cada segundo del parto, así que lo mínimo era tratar de estar a la altura en lo poco que se podía hacer, principalmente apoyarla.

Lucía y yo, cada uno en una pierna, ayudábamos y sujetábamos a Vicky. Cristina le acomodaba, animaba, abanicaba o calentaba según lo que Vicky necesitaba o pedía, mientras seguía asistiendo a Mikel. Además, nos hacían el favor de sacar fotos, grabar audios y vídeos. Tengo que reconocer que, en alguno de los peores momentos, ver que ellas estaban lo suficientemente tranquilas como para seguir documentando el parto, a mí me daba cierta tranquilidad también. Igual que las sonrisas que compartíamos cuando Vicky, en su estado catatónico, decía alguna cosa graciosa. Sólo hubo una vez que Vicky pidió a Lucía que dejara el móvil y fue para que pudiera sujetarle la mano mientras empujaba. Yo podía sentir cuánto apoyo y confianza necesitaba y recibía Vicky de parte de Lucía también en esos momentos.

El tiempo pasaba más lento que nunca, y parecía que Nalu se resistía a salir. Mikel le iba controlando el pulso de vez en cuando, y alguna vez era casi imperceptible. Estos fueron los únicos momentos en los que sentí un poco de miedo, por Nalu, por Vicky y por imaginar que de repente tuviéramos que salir por patas al hospital con todo lo que eso conllevaba en ese momento. También fueron los momentos en los que Vicky se debió preocupar más y nos preguntaba si todo iba bien, si Nalu estaba bien. Yo era el primero en contestarle de forma positiva lo más tranquilo y seguro posible. Guardarme los miedos para mí y procurar que Vicky no los sintiera tampoco, implicaba confiar totalmente en Mikel y las doulas. Yo les miraba y observaba sus gestos y reacciones en busca de respuestas, de dudas o miedos. No los había, no los tenían. Así que me esforzaba en convencerme de que yo tampoco debía tenerlos.
Muchos de esos miedos, sino todos, venían de antes, de todas las veces que escuchamos lo valientes o insensatos que éramos por querer tener al bebé en casa. En el próximo capítulo hablaré de porqué después me di cuenta que no es cuestión de valentía, y lo insensato hubiera sido tenerlo en un lugar en el que no queríamos. Este capítulo se titula: “Si al final resultará que no fue para tanto…”

A pesar de mi sensación, el tiempo sí iba pasando, y más rápido de lo que yo creía, y Nalu cada vez estaba más cerca. Ya hacía un rato que empezaba a asomar y Vicky sacaba fuerzas de algún lugar que posiblemente sea desconocido para cualquier hombre. Finalmente, en una última contracción que Vicky acompañó con un grito que sin duda habría sido capaz de liderar al ejército de William Wallace en la batalla por la independencia de Escocia, Nalu casi salió disparado a los brazos de Mikel, acompañado de una cascada de líquido amniótico. Un final de película sin duda. Y además un final feliz.


Mientras Mikel apoyaba a Nalu sobre el pecho de Vicky y Vicky sollozaba “mi bebé, ay, mi bebé”. Yo escuchaba los gritos de Nalu como agua de mayo, y ya no pude aguantar más y exploté a llorar. De alivio, de amor y de felicidad.

Vicky y yo nos abrazamos, nos besamos. El tiempo volvió a su ritmo normal, y yo me sentí enormemente agradecido. En un abrir y cerrar de ojos Vicky había recuperado la fuerza, la vitalidad, la sonrisa y hasta el sentido del humor cuando dijo que podría volverlo a repetir pronto. Porque espero que eso fuera una broma.

No hubo desgarro, apenas sangraba, esperamos para cortar el cordón, que lo hice yo con ayuda de las doulas, poco después salió la placenta sin problemas. Cristina y Lucía limpiaron todo, rellenaron los papeles y nos dejaron tranquilos, en nuestra cama, en nuestra habitación, en nuestra casa, con nuestro hijo, para poder respirar y asimilar una de las experiencias más emotivas, intensas, emocionantes y, desde luego, importantes de nuestras vidas. Una experiencia que decidimos tener, y por suerte pudimos, a nuestra manera y pudimos compartir con gente maravillosa que nos acompañó de la mejor forma posible, sin duda, de la forma que necesitábamos.


Con los ojos de Vicky:

Llenarse de amor para convertir el dolor en fuerza.
Eso es lo que significó para mí el parto de Nalu.

Me es imposible recordar el tiempo o las horas del parto, no tenía control de nada, y eso era algo maravilloso, dejar el control, confiar en mí, en el proceso y en la vida. Puedo diferenciar claramente dos partes del parto, cuando me llenaba de amor y cuando todo ese amor hizo que convirtiera el dolor en fuerza.

Yo sabía que mi cuerpo estaba preparado para parir como una mamífera y en manada, la mía, la que yo había elegido. Guille, Lucía, Cristina y Mikel fueron mi manada, el soporte perfecto, el equipo que me hizo sentir protegida y cuidada, dándome todo lo que necesitaba incluso cuando ni yo sabía qué era.

Cada contracción estaba llena de amor, cuando venía la contracción fuerte e intensa, sentía el apoyo, sentía a Guille como mi pilar, fuerte, sólido, una roca, la parte indispensable que me sostenía y que no me dejaba caer.

En cada contracción Lucía venía conmigo, acompañando mi sonido con el suyo, no era solo nuestra voz, venía desde mucho más adentro. Me acompañaba sin empujarme ni guiarme. Estaba conmigo sin invadirme, dejándome ser yo, escuchándome, conociéndome, haciéndose a mí. Y mientras tanto, hacía magia con sus manos en mi espalda y me aliviaba el dolor.

Cuando paraba la contracción, el amor se iba haciendo grande, me salía desde dentro, como si Nalu lo trajera todo con él. Recuerdo mirar con mucho amor, miraba a Guille y me sentía afortunada por tener a semejante hombre a mi lado. Recuerdo ver a Lucía y sentir la conexión especial que pude sentir el primer día que la conocí. Me daban paz y yo me sentía querida, empoderada, una mujer fuerte y capaz. También recuerdo cómo Cris se encargaba de todo, y cómo Mikel estaba conmigo sin estar, eso me llenaba de tranquilidad, todo iba como tenía que ir.

Para mí el tiempo era incontable y la única medida que tomaba era el amor que sentía entre una contracción y otra, cada vez había más y más, y es que hace falta mucho amor para conseguir convertir el dolor en fuerza.

Las contracciones venían más intensas y ahí fue cuando necesitaba transformar el dolor en fuerza. Empezó el expulsivo. Duro, intenso, pero eso ya no lo recuerdo, se me olvidó un segundo después de que naciera Nalu. Tengo imágenes en mi cabeza, me escucho gritando y sigo sintiendo el apoyo que recibía. De vez en cuando necesitaba saber que Nalu estaba bien, que todo estaba yendo bien, pero era fácil recibir la tranquilidad que ellos tenían. Mientras, yo seguía ensimismada en que el dolor me diera fuerza, y en eso pensaba cuando venía cada contracción, en empujar.

Agarraba fuerte a Guille y a Lucía, necesitaba sentirles, apretarles. De vez en cuando miraba a Guille, estaba feliz de que estuviera allí, yo quería que él fuera una parte activa del parto y lo estaba siendo.
A mi izquierda estaba Lucía, en calma, a través de ella, de una manera que no podría explicar sentía su confianza en mí. Sentía cómo ella estaba segura de mi fuerza, era como si me conociera y supiera perfectamente quién y cómo soy.

Mikel por su parte lo tenía todo bajo control. Me contaba el camino y yo intentaba ir hacia allá. Él me daba la luz que necesitaba para situarme y para ir un paso más allá. Yo sentía que todo iba bien a través de él y esa confianza se la había ganado durante el embarazo, sumando siempre y dando soporte. Y mientras tanto, Cristina me cuidaba, me daba aire y nos apoyaba.

Venía la contracción, el dolor me inundaba y con ese amor que habíamos cultivado, soltaba el aire empujando con fuerza. Así una y otra vez. Entre contracciones solo necesitaba guardar energía, utilizar las palabras justas para pedir si necesitaba aire o agua y dejarme ir un poquito para llenarme de fuerza otra vez.

Sin ser muy consciente del tiempo que llevaba empujando, de repente la cabecita de Nalu comenzaba a asomar y ahí empecé a ver el final muy cerca, eso me dio más fuerza aún. A partir de aquí el dolor era diferente, se llevaba mejor. En mi recuerdo, a partir de este momento solo hicieron falta un par de contracciones más acompañadas de las palabras de apoyo de Guille y rápidamente Nalu ya estaba llorando en mi pecho.

 

Recuerdo la mirada de Guille y el calor de Nalu. Nunca antes había sentido tanto amor como en ese momento. Se respetó nuestro espacio, Mikel, Lucía y Cris estuvieron justo lo que necesitamos y luego nos quedamos los 3 en nuestra cama disfrutando de las primeras respiraciones de Nalu y yo seguía en mi mundo del amor sintiéndome una mujer afortunada por lo que acababa de vivir y por todo lo que me rodeaba.

 

El umbral de la consciencia al parir

En cada parto una mujer traspasa el umbral de la consciencia y, desde mi lugar privilegiado como doula, la veo transformarse mientras eso sucede y surge la poesía en cada gesto de su cuerpo y en el alma de cada miembro de la familia que se va ampliando. Y ella retorna de su viaje convertida en otra mujer. María así lo cuenta con sus propias palabras de amor.

 

 

PARINT

(Sentiments del part i cap als meus tres fills)

 

«Jo, perfecta i imperfecta, madura, immadura, pura i impura, neta, tacada, pacient i impacient… Aquest vespre ho sóc tot i  tot se’m desperta. Tot visc i revisc de nou, però com la primera vegada i també diferent, cada un únic, però el mateix sentiment. Sentiments fugaços, però arrelats al meu jo més profund, al jo que sóc dins meu, al jo que sóc vosaltres, als meus tres jo. Al meu vosaltres.

Sentiments sense nom i sense explicació, sentiments d’amor pur i profund, sentiments eterns que sempre tendré per les meves tres vides.

Instants complets, plens i conscients, tenaços i vius, sobretot vius. Vius i tendres, instants que duren, moments que medren dins meu i el meu cos recorda, moments que deixen petjada implacable, que provoca canvis i alimenta el meu esperit, la meva essència. Aquest jo del que parl i que he descobert. Més jo que mai…, més vosaltres que mai…

Sent que tots som un i que cada un és seu, amb la seva diferència, però el mateix batec, fil invisible que ens uneix i manten el nostre amor, cordó de mare i fill irrompible, inquebrantable, forjat amb amor profund invisible però ferm, etern i únic, sorgit de les nostres profunditats…

 

Gràcies fills meus per haver nascut, gràcies equip, per provocar en jo tot l’escrit.»

acompañArte