Testimonio María, Yohan y Máximo (15-01-26)

María es una mujer muy fuerte en un cuerpo chiquito, durante el embarazo tuvo que oír opiniones de profesionales que le aseguraban que no podría parir por si misma. Ella confiaba en su fortaleza interior, tanto física como mental y también confiaba en su cuerpo y en la naturaleza. Se entregó al proceso de parto con determinación y, en los momentos que sentía que no podía más, encontraba un resquicio que la ayudaba a sostener la siguiente fase. Fue así durante horas, entregada al Planeta parto y su bebé avanzando tenazmente hacia la culminación del nacimiento. Recuerdo el coraje que mantuvo todo el tiempo, también su cara de sorpresa al coger a Máximo mientras salía de su cuerpo. Algo así como «¡No me lo puedo creer!, ¡está sucediendo!. Estaba tan inmersa en la intensidad de la experiencia, que cuando llegó ya estaba rendida al presente, sin tiempo ni espacio, ni ninguna clase de expectativa. Y de ahí hubo una explosión de felicidad, alivio, oxitocina, alegría,… todo a la vez. El regalo de la VIDA en todo su esplendor.

Fue un placer y un privilegio poder estar cerca de ella mientras atravesaba el umbral, como una Diosa.

Lucía fue un ángel para mí durante mi parto (un gran apoyo también antes y después del mismo). Ella sabía en cada momento qué necesitaba. Me sostuvo, me aconsejó y me cuidó con entrega. Tenerla a mi lado me dio la seguridad y la fuerza necesaria para seguir sosteniendo el parto natural por el que estaba apostando. Creo que sin ella habría acabado optando por la epidural (que, a priori, nunca fue mi deseo).

Conseguí el parto que deseaba, mi bebé nació súper fuerte y yo no necesité ninguna intervención. Lucía fue la mejor compañía en el momento más importante de mi vida. Informó a mi familia de cada progreso, de modo que los sostuvo a ellos también durante las 12 horas que duró mi parto. Toda mujer debería tener una Lucía en su parto. Antes de entrar a la sala definitiva de paritorio me dijeron que sólo podía acompañarme una persona, mi marido estaba muy nervioso, así que la elegí a ella y… ¡Menos mal! Lucía, GRACIAS una y mil veces.