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Mi querido tío Joan (3-04-20)

En estos tiempos extraños que estamos viviendo la noticia de que mi querido tío Juan ha fallecido, me llena de una tristeza profunda porque no vamos a poder volver a compartir una comida alrededor de una mesa. Pero al mismo tiempo tengo una alegría inmensa porque ha tenido una vida muy plena, ha amado y sido amado hasta su último aliento, se apagaron sus ojos estando en casa rodeado de los suyos.

Se me agolpan los recuerdos, el siempre ha sido un hombre muy guapo, nuestro Alain Delon mallorquín, con ojos muy azules y gran corazón.

En mi infancia pasé muchos fines de semana felices con mis primos, en verano en la Colonia de St. Jordi y en invierno en la casita de Algaida. Él siempre organizaba grandes fiestas de cumpleaños con cucañas, carreras de saco, de bicicleta, globos, comida rica,…. Siempre fue muy detallista. 

Me vienen imágenes: el azul de la playa des Carbó, partidas de ping-pong, recogiendo caracoles,…. 

Me vienen sonidos: el ta, ta, ta de la barquita, el partido de fútbol en la radio a la vuelta en coche del domingo, su voz siempre amable,…

Me vienen sabores: arroz de pescado marinero, la sal del mar, los helados artesanos de la Colonia,…

Me vienen texturas: la libertad de movimiento en pandillas, puro “Verano azul” en vivo y en directo. Chanclas, bañador y sol. La calidez de la cama de la “casita” porque nos ponía una bolsa de agua caliente dentro. Y amor de ese del bueno.

Siempre me sentí en mi casa cuando estaba en la suya, se cierto que si hay algún lugar al que ir, una vez dejamos este plano, él seguro está en el mejor de los lugares y en la mejor compañía. Porque vivió plenamente, amó mucho y ha sido amado. Ha dejado en mí los más bonitos recuerdos en el corazón y eso perdura para siempre.

Feliz viaje de vuelta a casa.

 

Mi padre es único

Mi padre es único y, además, es la «hostia». Acaba de cumplir 90 años, batiendo el récord de longevidad masculina de la familia y en vías de competir con la mayor longevidad femenina que, de momento, ostenta su madre que vivió 101 años.

Fue un niño de la guerra, ya que nació en 1929. En la posguerra vivió las dificultades para comer lo suficiente, aunque su abuela tenía un colmado y eso les facilitaba trapichear con el «estraperlo» y conseguir las cosas básicas para sobrevivir. Y vaya si lo consiguió, se convirtió en un hombre especialmente alto para su época. Para colmo era rubio con ojos azules muy claros y las pestañas más largas de toda Palma…. o así le decían a menudo las vecinas del barrio que, para su vergüenza, le paraban en la calle para enseñarlas a quién aún no las conociera.

Los tiempos eran muy diferentes, durante su infancia se jugaba por las calles: haciendo carreras, tirando piedras a objetos (o entre bandos de niños de otros barrios), jugando a los botones, con pelotas fabricadas,… a pasear el «indiot» de Navidad que había en todas las casas (y a menudo hacer peleas entre los pavos), a poner un cigarrillo en la boca de un «rat-penat» hasta que se mareaba (son pequeños murciélagos) o subirse a la carrera en el vagón de cola del tranvía y más de una vez tener que tirarse en marcha porque si el revisor les pillaba, no tenía ninguna compasión. La mayoría de los juegos serían considerados políticamente incorrectos hoy en día.

El jovenzuelo larguirucho y desgarbado, a pesar de ser muy tímido, se convirtió en un gran bailarín. Era el Tony Manero de su época que, en vez de bailar en la discoteca «Odisea 2001», lo hacía en la Sala de la «Asistencia Palmesana», en el barrio antiguo de Palma. Y en vez de bailar música Disco, bailaba Foxtrot, Swing, Rock and Roll y los eternos boleros. Él iba a su bola y era tanta la afición que tenía por el baile que siempre llevaba camisa de recambio para alargar la noche hasta cerrar el local.

La música siempre fue importante en su vida. Perteneció a un grupo folklórico con el que actuaban en los primeros hoteles que se construyeron en Mallorca, para entretenimiento de «guiris» (¡como han cambiado las cosas!). Aprendió a tocar laúd, bandurria y guitarra de forma autodidacta. Aunque hubo un momento en que le tocó decidir dedicarse a una profesión «seria» y formar una familia con la «madona» que era su novia desde los 18 años y 16 años, respectivamente.

Así que fue contable durante más de 40 años, trabajó horas infinitas, pero aún le daba tiempo para ser un gran lector, para practicar deporte (partidas de tenis a horas intempestivas, ¡cuantas veces volvíamos del Club Natación Palma sobre las 22’30h de la noche!) y hacer excursiones los domingos. Recuerdo como si fuera ayer esas salidas a la montaña o al mar. Éramos a veces 40 personas y más de la mitad niños/as: las mochilas con los tapers de comida y las chaquetas, las «xirucas» en los pies, la guitarra al hombro (y cancioneros escritos a máquina y fotocopiados), la coca de postre, juegos, risas,… y caminatas por todos los rincones de la isla.

Muchas de las cosas que ha hecho en su vida han sido por intuición o por prueba, ensayo y error, ya que fue mucho más allá de lo que le enseñaron. Él nos inculcó la práctica del deporte, la importancia del compañerismo, la ecología (antes de que se hablara de ella, siempre dejamos la naturaleza igual que nos la encontramos), el disfrute de la música (puedo cantar y tocar a la guitarra la mayoría de canciones populares desde la época de mis abuelos hasta mi infancia), la HONRADEZ (así, en mayúsculas), la actitud crítica mezclada con la prudencia (como buen mallorquín), la paciencia flemática (mi padre podría haber sido el mejor diplomático del mundo, como otros insignes mallorquines con esa profesión), el sentido común, el control de las emociones (sin conocer el budismo Zen,  mi padre siempre ha sabido que «si un problema tiene solución, no hace falta preocuparse. Si no tiene solución, preocuparse no sirve de nada.»), que las amistades se cultivan como los buenos jardines, que la comunicación es importante,…

Tiene mucho mérito todo lo que ha conseguido en su vida, las mejores son de esas cosas que no se pueden comprar: un gran familia (hasta el grado de bisnietas) donde todos estamos muy unidos y con fuertes valores éticos, un matrimonio de 60 años con mi madre, una auténtica «madona mallorquina» , además de grandes y variados amigos/as, que les quieren y cuidan de ellos.

Mi padre tiene inteligencia para la vida, así que sigue aprovechando el tiempo para desarrollar su sabiduría. De hecho cada vez se parece más a un Papá Noel de carne y hueso, con su pelo y barbas blancas, con el corazón grande, su panza de buen comedor y con enormes ganas de vivir. A sus 90 años sigue conduciendo, emplea a menudo el ordenador, tiene un móvil de última generación para hacer fotos (y luego editarlas) y, sobretodo, mirar el tiempo que va a hacer para comprobar en qué tanto por ciento aciertan las predicciones. Sigue activo, aunque sus caminatas no son tan largas y creo que ha dejado de contar los pasos y el ritmo (algo que siempre ha fascinado a su mente racional), es muy generoso en todos los sentidos y con los años cada vez más cariñoso y consciente del valor de los abrazos.

Es un auténtico regalo seguir gozando de su Presencia, con sus raíces profundas y sanas, algo que me sigue transmitiendo gran paz y fuerza interior… espero que por muchos años más.

T’estim molt mumparet

 

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Mi especial Día Mundial de la doula 2018

Todo empezó ayer por la noche con una espectacular luna llena, parece que en este caso venía dispuesta a recordarnos su influencia en el nacimiento de los bebés, lo que me ha permitido vivir el día Mundial de la Doula más especial de mi vida.

Justo cuando iba a dormir recibí la llamada para acudir a un parto en casa del que estaba de guardia y ahí me puse en marcha. Fue un baile de brujas porque debido a que el padre no podía estar, fuimos tres doulas con el equipo de Mikel Mantxola  (habitualmente somos dos). En la casa estábamos la mujer de parto, su madre cuidando de su hija de tres años y todo el equipo de atención al parto en casa procurando ofrecer la mejor experiencia posible a esa hermosa mujer. Digo que fue un baile de brujas porque las doulas estuvimos entrando y saliendo del círculo energético de la mujer de parto, entrando y saliendo delicadamente de su espacio físico, sin necesidad de muchas palabras, las justas y necesarias en el momento oportuno.

Era como una danza de miradas y gestos, con una armonía exquisita, no sobraba ninguna mano, no faltó nada de lo que se necesitaba. Fue una ducha de oxitocina, la «peligrosa» hormona del amor, seguramente una de las razones por las que en la época medieval se tenía tanto miedo a las mujeres que se las tachaba de brujas. Todas nosotras «somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar».

Deseo dar las gracias a Mikel, comadrón, maestro y amigo con el que siempre disfruto de trabajar.

Gracias a Cris, mi maestra en tantas cosas y compañera del equipo doulas mam desde hace casi 10 años.

Gracias a Jaja, doula de corazón y con quién me une una gran afinidad que va más allá de las palabras.

Gracias a Anita, la gran mujer que ha parido a las 4’30h de la madrugada con mucha intuición a su preciosa hija, mientras su otra hija y su madre descansaban en otra habitación…

Pero ahí no acabó la cosa, ese día tan especial que nunca olvidaré, me reservaba otra experiencia de doula.

Cuando a las 7’30h de la mañana me dirigía a casa a descansar, recibí la llamada de otra mujer de parto. En este caso estaba empezando a tener contracciones molestas pero irregulares. Hablamos sobre que no se podía saber si el parto arrancaría, excepto viendo como evolucionaba. Decidimos que yo me iba a descansar un rato y en un par de horas nos contábamos más cosas.

Pude dormir dos benditas horas que me regeneraron totalmente y aproveché para desayunar algo, cuando volví a hablar con la mamá me contó que estaba cada vez más molesta, así que decidimos que me iba para su casa. Allí estuvimos el tiempo en que se sintió cómoda, hasta partir todos hacia el hospital. En este caso era la Policlínica Miramar, hospital privado de Mallorca donde están trabajando de forma muy decidida hacia la línea de ofrecer partos fisiológicos y respetados.

La mujer de parto necesitó todo su coraje para atravesar cada una de las etapas ya que fueron intensas y profundas. Ella es una mujer deportista y acostumbrada al esfuerzo, pero se sorprendía de todo lo que iba sintiendo a medida que avanzaba en su parto. Aún así todo fue fluido, la comadrona aportó su cercanía y profesionalidad, con las propuestas más apropiadas a cada momento. Su pareja y su madre estuvieron desde su precioso lugar, cerca del corazón de la mujer. Cuando se acercaba el expulsivo, pudo entrar en la bañera para tener su parto deseado en el agua, el ginecólogo llegó para acompañar en la etapa final y  decisiva, solo intervino lo justo y necesario, con su actitud más discreta mientras la naturaleza seguía su curso previsto de forma perfecta… y eso a veces es lo más difícil.

Pudimos estar juntos la pareja y la doula dentro de paritorio, algo que agradecen todas las mujeres y que espero que muy pronto se normalice en todos los paritorios de España, porque es algo absolutamente integrado en los demás países europeos donde deseamos mirarnos (Inglaterra, Suiza, Holanda, Bélgica, Dinamarca,…) y desde luego también Estados Unidos de América.  No solo respecto a la doula, también respecto a otras personas que la mujer desee tener cerca: madre, amigos, fotógrafo,… porque esa es una de las muestras más importantes de que los protagonistas son la mujer de parto y su bebé, por tanto se respetan sus deseos en todo aquello que pueda facilitar su experiencia de parto.

Quiero dar las gracias al Dr Ferret, ginecólogo al que admiro por su trato de los partos y de las mujeres de parto, además de su respeto a mi profesión de doula.

Gracias a la comadrona Noelia, que sostuvo toda la experiencia con gran delicadeza y sabiduría, además de trabajar conmigo con complicidad en favor de la mujer de parto.

Gracias a Lila, por su coraje a la hora de parir  a las 18’50h a su linda hija. Así como a su marido y su madre que me hicieron sentir la confianza que depositaban en mi como familia.

Pronto hará una década que soy doula, dejé de hacer la lista de familias a las que acompaño hace varios años, así que ya perdí la cuenta.  Pero no perdí la cuenta de lo que me aporta estar conectada desde el corazón con mujeres transitando diferentes fases de su maternidad, en cada acompañamiento se va engrandeciendo mi visión sobre lo que las mujeres aportamos al mundo. Y sobre lo que las doulas aportamos a otras mujeres, acompañándolas en su maternidad consciente.

Sean cuales sean las circunstancias, la edad, la cultura o la fase por la que estén pasando… veo a mujeres con CORAJE, DISPONIBILIDAD Y AMOR.

Y desde mi labor de doula acompaño esa transformación, devolviendo el reflejo de ese coraje, disponibilidad y amor que a veces las madres  no ven porque andan inmersas en las necesidades inmediatas y perentorias de sus bebés o perdidas en la poca valoración que nuestra sociedad da a la maternidad.

Celebro desde mi corazón tantas relaciones auténticas que me procura mi profesión de doula, hoy antes de descansar voy a aullar con la luna llena para celebrar mi día Mundial de la Doula más especial. 

Lobo aullando luna

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Reflexiones sobre la película Loba

Me gustó “Loba”, es una película bien narrada, con bellas imágenes y con testimonios de cuatro países con bastantes diferencias culturales: España, Francia, México y Cuba, pero que, sin embargo, comparten la triste realidad de la tendencia exagerada a la medicalización del parto, que desemboca en demasiados casos, en “violencia obstétrica” ejercida contra las mujeres y sus bebés. Queda reflejado que para llegar a ese punto, en el que se sobrepasan con mucho las recomendaciones de la OMS sobre los porcentajes donde son necesarias las intervenciones médicas, primero hay una infantilización, desinformación y desempoderamiento de la mujer. 

En la película subyacen todo el tiempo, varias ideas con las que estoy totalmente de acuerdo: una buena parte del cambio que se necesita vendrá cuando las mujeres retomen su Poder, se informen, conecten con su instinto y además exijan sus derechos. También, cuando haya muchas más matronas por población, y que éstas sean las portadoras y defensoras de los procesos fisiológicos naturales.

Una parte del desarrollo de la trama corresponde a la defensa de la Partería Tradicional, algo con lo que también estoy de acuerdo porque las mujeres que la han practicado durante toda su vida tienen mucha sabiduría acumulada sobre estos procesos naturales, y en países como México, siguen existiendo linajes de parteras vivas a las que ahora, en aras de la modernidad y el control, se les niega siquiera el derecho de ejercer y no se aprovechan sus conocimientos.

Pero en España y, supongo que en Francia por proximidad cultural, ya se rompieron hace tiempo esos linajes y las comadronas deben buscar su profunda formación humana y/o complementaria de otras maneras, más allá de lo que les enseñan en la facultad.

Y aunque todo el tiempo se habla de la importancia de un buen acompañamiento a la mujer durante su maternidad, he notado a faltar que se hable de las DOULAS, las mujeres que dan apoyo emocional continuo durante cualquier etapa de la maternidad y no son personal sanitario.

Más allá de que la película tiene su limitación de metraje, es difícil plantear los cambios de paradigma y del empoderamiento de la mujer, sin explicar qué significa la figura de la doula en nuestras sociedades modernas, cuáles son sus funciones y porqué cada vez más mujeres las utilizan para transitar su maternidad. 

Con todo ello, el concepto de “Loba” es muy interesante, y aunque estuvimos codo con codo en el debate después de la película, me gustaría compartir largamente con Catherine toda esa información esencial sobre las doulas que eché tanto en falta en su película.

Y me reivindico, nadie puede negar el derecho de la mujeres de ser acompañadas por quién elijan, sin caer de nuevo en el error de infantilizarlas. Y tengo el honor y el privilegio de HABER ACOMPAÑADO A MUCHAS LOBAS, en su proceso de transformación.

GRACIAS a todas ellas.

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Y he aquí mi aportación al interesante debate posterior:

Hola, me llamo Lucía y soy DOULA del equipo Doulasmam.

Como doula acompaño con apoyo emocional continuo a otras mujeres durante cualquier etapa de la maternidad y participo en encuentros de mujeres que comparten sus experiencias como madres. Bajo esta perspectiva conozco muchas historias de parto, tanto de forma directa como por boca de sus protagonistas.

A la pregunta de si es posible parir de forma natural en un mundo tan artificial, mi respuesta es SI. Aunque no siempre es fácil. Las estadísticas hablan: es más común en un parto en casa, es menos frecuente en un parto de hospital privado que en uno de hospital público, y dentro de estos, es más probable en unos que en otros.

Si tuviera que valorar el factor más importante para conseguir un parto natural, diría que es el EMPODERAMIENTO DE LA MUJER. La que, además de leer, preguntar y estar bien informada, tiene la capacidad de centrarse en sí misma conectándose con su instinto y confía plenamente en su propio cuerpo.

El siguiente factor más importante es un entorno apropiado a la fisiología, recordemos: SEGURIDAD, PENUMBRA, SILENCIO, CALOR, CONFIANZA… y que este entorno sea propiciado por los profesionales que la acompañan. Todas las personas que rodean a una mujer pariendo, deben estar convencidas de que la madre y el bebé son los absolutos protagonistas de ese parto.

Cuando una mujer toma la decisión consciente de ser acompañada de su pareja y de su doula, o de quien desee, expresa una necesidad y expresa un derecho. Cuando esa mujer llega al hospital, probablemente después de horas de dilatación en casa, se le hace muy difícil tener que escoger entre su pareja y su doula para que solo uno de los dos entre con ella a paritorio.

A los profesionales sanitarios os recomiendo la experiencia de permitir en paritorio la compañía de la pareja y la doula, ver y sentir de primera mano como fluye el parto con ese trabajo en equipo. En esta sala hay doulas y matronas que lo hemos experimentado y ha sido siempre fantástico, y algunas madres y padres aquí presentes son protagonistas de estas historias.

Para mejorar la atención al parto en nuestro entorno, una de las ideas más sencillas y poderosas que conozco es utilizar el Poder de la Palabra, expresar verbalmente y por escrito aquello que hemos sentido y hemos vivido.

Si cada vez que tenemos una experiencia negativa, dejamos constancia escrita de forma asertiva en atención al paciente, esa es una manera de que los profesionales se hagan conscientes del efecto que producen sus palabras o sus actuaciones en las vidas de las mujeres. Y con esa información tienen la posibilidad de cambiar.

Si además, un profesional que trabaja con vocación y respetando tanto la fisiología como a la persona, recibe el refuerzo positivo del agradecimiento, es animado a seguir por el mismo camino. Recordemos que, a veces, trabajan presionados por otros compañeros que tienen una visión más mecanicista o medicalizada de la relación sanitario/usuario.

La idea es que los cambios de paradigma surgen de los cambios individuales manifestados en la realidad cotidiana y esparcidos con el boca a boca.
Muchas mujeres estamos trabajando por un mundo mejor, por un mundo en el que a todas las mujeres se nos permita parir en libertad y respetando todas nuestras decisiones. Un mundo de “Lobas”.

Debate Loba

Doulas y Catherine

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¿Has sentido la «llamada» de ser doula?

¿Alguna vez has sentido la llamada de ser doula? Estoy hablando de conocer algo totalmente nuevo, que «casualmente» se cruza en tu vida y te llama poderosamente la atención. Es algo que prende tu atención, sin poderlo quitar de tu cabeza, que cuando piensas en ello te hace cosquillas en el estómago y que, de alguna forma, te atrae como un imán. Cuando sientes «la llamada» las sensaciones físicas, mentales y emocionales, son exactas a las que ocurren en un enamoramiento.

Eso me sucedió, cuando Cristina Seguí, en el año 2008, nos propuso a Magda Rodríguez y a mi, formarnos juntas las tres como doulas. Yo nunca había oído hablar de la profesión de doula, aunque como terapeuta trabajaba en el centro de Salud Materno-Infantil «Grup Néixer» y estaba en contacto constante con madres embarazadas y en su posparto, pero en aquellos años en España apenas se sabía de esta figura, de hecho incluso hoy en día que han pasado 9 años, es una profesión «nueva» en España y con mucho camino por recorrer a todos los niveles, la doula es realmente una profesión de futuro. ¡Cuántas madres me han dicho ojalá hubiera sabido antes que existían las doulas!.

Lo mío fue amor a primera vista, a pesar de que al principio no entendí totalmente de qué se trataba eso de ser doula, me sentí muy atraída cuando escuché la propuesta de Cris, algo vibró en mi interior y se me abrieron los sentidos. A medida que me informaba, más me apasionaba el enfoque de esta profesión, los contenidos de aprendizajes, las personas a las que iba dirigida,… ¡así que me lancé! Bueno, en realidad nos lanzamos las tres, en nuestro caso era un esfuerzo importante, porque al coste de la formación de doula, teníamos que añadirle el viaje a Barcelona y la estancia.

Toda la experiencia de formación, que duró un año entero, superó cualquier clase de expectativa que me hubiera hecho, a medida que profundizaba en la profesión más me apasionaba, me gustaron mucho los conocimientos sobre la fisiología de la maternidad y los aspectos emocionales de cada etapa, pero sobretodo me pareció única la manera de actuar de la doula, acompañando cualquier proceso de maternidad desde la escucha, la contención emocional y la ayuda práctica, favoreciendo que cada mujer, cada familia, se sientan capaces y protagonistas de su nacimiento como padres.

La llamada de ser doula es para mi un amor correspondido, me encanta mi profesión y me ha dado muchos conocimientos y experiencias que nunca imaginé. Ser doula me ha dado luz, profundidad, presencia, redes, amistades del alma,… sigo enamorada y disfrutando de mi profesión, actualmente es algo muy importante en mi vida.

He tenido la suerte de vivir todo el proceso de aprendizaje y desarrollo como doula cerca de mis compañeras, Cris y Magda, primero con nuestra propia Formación en Mares Doules, pero también continuando nuestra formación hasta el día de hoy con seminarios, talleres, cursos y charlas del mundo de la maternidad, creciendo por el camino siendo el equipo doulas mam. Hemos seguido colaborando y trabajando en red haciendo muchas cosas dentro del mundo de la maternidad en Mallorca junto a otros profesionales de la salud: acudir a eventos y ferias para informar sobre nuestra profesión, moderar grupos de madres que hablan de sus experiencias de maternidad, colaborar con asociaciones como ABAM (Associació Balear d’Allatament Maternal) y Círculo Maternos Infantil de Mallorca, crear eventos y participar en debates con otros profesionales alrededor de La Semana Mundial de la Lactancia Materna, La Semana Mundial del Parto Respetado, organizar el visionado y posterior debate del documental Loba, etc. todo esto al mismo tiempo que hemos acumulado experiencia práctica siendo las doulas de mujeres de todas las clases sociales, en cualquier etapa de la maternidad, en partos de hospital y a domicilio,…

Sobre el año 2011 algunas mujeres de nuestro alrededor nos pidieron que lleváramos a cabo una formación para doulas en Mallorca y creímos que era buena idea y parecía el momento perfecto. Estuvimos elaborando, con mucho mimo, todo aquello que consideramos que era necesario para una buena y completa formación para doulas, de todo ese esfuerzo nació «Doulas Mallorca» y a continuación la «Formación Doulas Mallorca«, de la que llevamos tres ediciones (2013, 2014 y 2016)  y que a partir de enero 2018 ofrecemos la cuarta promoción.

Si tú también has sentido

La llamada

Nos vemos en la próxima

 

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Un beso redondo

Disfrutar a cualquier edad a través del juego

Video Star «Un beso redondo» con Llucia y Nora

Siempre es un buen momento para disfrutar y aprender (a cualquier edad) a través del juego, porque la verdadera edad es la que uno/a siente por dentro, mucho más que la fecha de nacimiento. Y cuando juego con mi hija Nora, los significados son más amplios y profundos.

El juego es un gran invento de la naturaleza, en el mundo animal la mayoría de aprendizajes importantes para la vida, cómo conseguir comida o socializarse, se hacen a través del juego.

Los seres humanos somos animales y compartimos con ellos esta herramienta básica para ejercitar capacidades y destrezas de una forma lúdica pero, además, contamos con otras características propias de nuestra especie, y estas también se desarrollan y transmiten mediante el juego.

El juego está presente en todas las culturas, las personas transferimos a otras personas a través de él habilidades prácticas y psicológicas, conocimientos y hábitos, así como valores y creencias que pertenecen a nuestro ámbito familiar, social y cultural.

El juego es libre y voluntario, es una de las formas primarias de comunicación, previa a la aparición del lenguaje. Se puede comprobar observando a  niños que se acaban de conocer y pertenecen a culturas diferentes, al cabo de poco tiempo empiezan a interactuar jugando, sin necesidad de entenderse con palabras.

El juego maneja mensajes simbólicos, es una actividad creativa, espontánea y original, suele incluir cierta tensión e incertidumbre que cautiva nuestros sentidos y va acompañado de la alegría y la conciencia de ser de otro modo que en la vida cotidiana.

En la infancia es una herramienta crucial para todos los aprendizajes, pero además espero (y deseo) que algún día la mayoría de contenidos académicos se transmitirán en todas las edades y de forma predominante, a través de la creatividad y el juego.  Porque además de contar con la ventaja del divertimento, implica imaginación e improvisación (incluso cuando hay «reglas»), a veces predomina el cuerpo y en otros la mente, aunque a menudo para navegar por lugares poco comunes algo que, cada vez más, necesitaremos en este Planeta Tierra, para enfrentarnos a los retos del futuro que hoy en día ni siquiera podemos imaginar. Además, el juego siempre incluye una «emoción», que es la mejor manera de «fijar» los aprendizajes.

Descubrí su poderes curativos haciendo la formación de Terapeuta Psico-corporal, comprobé en mi propia experiencia  la veracidad y profundidad con que se puede trabajar el autoconocimiento cuando se utiliza el juego consciente.

He comprobado con los años que las personas de cualquier edad que siguen teniendo ganas de jugar son más felices (sean cuáles sean sus circunstancias vitales), poseen sentido del humor, la capacidad de reírse de sí mismas, conocen mejor a su niño/a interior, son más atrevidas a la hora de tener experiencias nuevas y más tolerantes con las equivocaciones, propias y ajenas. Porque todas esas cualidades son intrínsecas al «simple» hecho de jugar, sin propósito ni intención, tan solo por el placer de cambiar por un rato de «personaje».

Y tú, ¿cuándo fue la última vez que jugaste?, ¿Cuántas cosas has enseñado a tus hijos/as jugando con ellos?, ¿cuántas has aprendido con sus juegos?, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que te dolió la barriga de tanto reír?, ¿cuándo te pusiste en ridículo y no te importó?, ¿sigues haciendo o recibiendo bromas? … estas y otras preguntas pueden servir de reflexión para darse cuenta de si «te tomas demasiado en serio» y has perdido (o conservado) la capacidad de disfrutar y aprender jugando.

Yo, por mi parte, procuro jugar a menudo, con mi cuerpo y con mi mente, con la palabra o el silencio, con niños y sin ellos,… tengo la suerte de contar con unos padres que son un ejemplo vivo de lo poco que importan los años y lo mucho las ganas de vivir. Aquí os dejo con ellos, en el Vídeo Star «Resistiré» del Dúo Dinámico con Mita y Guiem, dirigido por su nieta más pequeña, mi hija Nora:

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Linaje materno

Mi madre es única (17-05-07)

Mi madre es única, si, ya se que todas las madres son únicas, pero os voy a contar algunas de las razones por las que ella es única.

-Mi madre es fruto de un milagro: fue la hija mayor de un matrimonio tardío y nació 8 años más tarde, cuando mi abuela contaba con 36 años, en los años 30 se consideraba que “se le había pasado el arroz”. Pero mi abuela era devota del “Sant Crist de la Sang”, a base de encenderle cirios, el Santo le concedió el “milagro” de ser madre.

Estudió en la pública: su padre era un hombre moderno, dio estudios a sus dos hijas en colegios públicos, no quiso saber nada de colegios de monjas y mi madre se acabó titulando de “Perito mercantil” el equivalente, hoy en día, a la “Formación Profesional de Grado superior en la rama Administrativa y Comercial”.

-Se convirtió en “cabeza de familia” con 18 años: poco después de cobrar su primer sueldo se quedó huérfana de padre y se hizo cargo, a todos los efectos, de su madre y de su hermana, hasta que ella misma se casó a sus 28 años.

-Dejó de trabajar al casarse: en aquellos tiempos lo obligaba la ley, entonces aprovechó para tener hijos, un niño y tres niñas, en un período de unos 8 años. Le ayudaba en la crianza su propia madre, que siempre vivió con nosotros. ¿Os imagináis algo similar hoy en día?.

-Volvió a trabajar cuando eramos pequeños: en cuanto lo permitió la ley y nos tuvo algo criados volvió a su trabajo y podía con todo y más. Es verdad que contaba con la ayuda de la abuela, pero sus jornadas eran interminables.

Perdió una hija de 8 años: mi hermana pequeña murió cuando yo tenía 10 años. Ese dolor acompaña a mi madre incluso hoy en día, cuando han pasado 44 años. Aún así, encontró fuerzas y razones para seguir viviendo con plenitud, en beneficio de sus otros hijos.

-Nos inculcó el feminismo de su época: junto a otros valores modernos nos transmitió que “querer es poder”, no hay que permitir nunca que un hombre te falte al respeto, la belleza está en el interior (y no va reñida con la elegancia) y la familia es lo primero… hasta el cuarto grado de parentesco.

-Es una auténtica “madona” mallorquina: algo equivalente a ser de “armas tomar”. Es decidida, tiene criterio propio muy marcado, gran organizadora, gallina “clueca” de hijos propios y ajenos (muchos amigos de mi infancia recuerdan sus “cocas” y la siguen llamando “tía Mita”). Hoy con 86 años, sigue siendo una “madona” elegante.

Son muchas más las cosas que me enseñó, la edad (y la terapia) me han llevado a quererla tal como es, ella me ha regalado amor incondicional a borbotones y, actualmente, yo le regalo (durante todo el año) besos y abrazos, algo de mi tiempo, mi escucha y unos deliciosos masajes que le curan todos los males y le calientan los huesos. Y por muchos años más.

T’estim molt mumareta

Padres mayores

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Llegar a la cima

Días «mantequilla» y días «agua» (17-04-09)

El otro día subiendo a la montaña me sentía muy “pesada”, era como si cada paso me costara el doble de lo normal… y eso no ayuda cuando estás subiendo una cuesta bien empinada y pedregosa.

Le comenté a mi compañera de senderismo: hoy tengo un día “mantequilla”.

Estuvimos riendo un rato a cuenta de la expresión y aprovechamos para hablar sobre las grandes diferencias que puede haber en la percepción de los días, según sean “mantequilla” o “agua” y sobre las estrategias que utilizamos cada una cuando nos los encontramos.

A veces estoy nadando y el agua se me hace “dura”, o puede que esté navegando en piragüa y el aire parece “espeso” y si camino, los pies se convierten en “piedras”. Se trata de los días mantequilla.

En cambio otras veces me deslizo, navego y subo… fluyendo en mis días “agua”.

Esto, además, se manifiesta en cualquier otra actividad o circunstancia, aunque los deportes me permiten detectar rápidamente en que clase de día me encuentro. Si estoy trabajando en un día “mantequilla” puede que me sienta cansada, que se me hagan eternas las horas,  que pierda cosas que necesito…

La cuestión, para mí más importante, es lo que hago cuando me enfrento a las cosas que no fluyen, lo que me funciona para ir más allá y, en la medida de lo posible, seguir disfrutando de la vida.

Lo primero: la naturaleza siempre me reconforta, despeja mi mente y me maravilla. Tenerlo claro me ayuda a encontrar mis momentos de contacto con la belleza y la energía del Mundo Natural. Es una forma de nutrirme.

Agua en la Naturaleza

Lo segundo: cuando las cosas me cuestan procuro concentrarme en el “presente”. He comprobado que si pienso en lo que me queda por hacer, me acelero para compensar la lentitud de las cosas o me quejo por lo que me está pasando… todas las sensaciones se intensifican y, por Ley de Murphy, las cosas suelen empeorar. En cambio, si me concentro en cada paso que doy y observo aquello que estoy haciendo, consigo sostener y continuar.

Lo que me lleva a lo tercero: la constancia muestra sus recompensas de forma más intensa, precisamente cuando no es fácil. Cuando tengo ganas de rendirme, de acabar lo que estoy haciendo o de cambiar de día, si soy bien consciente de lo que voy sintiendo, me sirve mucho continuar y llevar a cabo lo que me he propuesto. Porque llegar al final siempre supone ganar perspectiva.

Cuando lo consigo, siento la alegría interior del trabajo bien hecho. Como cuando contemplo este paisaje desde la cima de la montaña mientras noto el viento en mi cara y huelo el romero y los pinos. Y… ¡hete aquí!: un dia «mantequilla», convertido en un dia «agua».

Cima montaña

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