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Testimonio Alba, Fede y Daniel (01-10-2018)

Para parir se necesita conexión con el propio cuerpo, confianza en el proceso, entrega total,… y desde ahí, hay mujeres que son más de tribu, que se sienten cómodas con el apoyo de sus seres queridos. Alba tuvo un parto muy potente, de esos que en algún momento se plantea si la madre lo podrá sostener, pero ahí fue… paso a paso, abriéndose camino su bebé y ella entregada en totalidad. Cuando nació Daniel, todos habíamos empujado con fuerza, nos sentimos agotados y felices. Un final muy merecido.

 

Estaba embarazada de 41 semanas y un día y, si todo iba bien, Daniel nacería en casa. Había elegido para ayudarme en el parto a Mikel Mantxola, y con él a las doulas Cristina Seguí y Llucia Mir, a quienes se unió mi buena amiga y doula en prácticas Camila Dueñas. Así que cuando Dani se decidió a venir, la casa estaba llena de gente esperándole, porque también estaban su papá, su abuela, su tía y su hermano de 4 patas.
Cuando rompí aguas, las contracciones suaves que había sentido la noche anterior y parte de ese día, se volvieron más intensas. Junto a esa intensidad llegó el miedo y las dudas (¿podré aguantarlo?, ¿lo estaré haciendo bien?) Lucía estaba allí apoyándome, ayudando a aliviar el dolor, recordándome mi fuerza, dándome cariño. Al poco tiempo tomó su relevo Cris que, como Lucía, respiraba conmigo, me acompañaba, me explicaba las cosas con amor y respeto, y mi querida Cami, siempre un hombro sobre el que apoyarme, unos ojos a los que mirar, una palabra adecuada en cada momento. Mis tres doulas fueron, cada una a su manera única y especial, tres compañeras con las que paseé de la mano por cada contracción. Me ayudaban a cambiar de postura, me daban masajes (que ayudaban mucho a calmar el dolor), me animaron a dejar salir lo que sentía, me ayudaron a confiar en mi poder, cuando estaba agotada mental y físicamente. Ellas junto con Fede, el papá de Daniel, formaban un apoyo que para mí fue inmejorable, siempre respetando lo que yo quería y necesitaba. Al final creo que todos en aquella habitación estábamos empujando a la vez y esforzándonos, y sentirles me dio mucha fuerza.
Me cuesta expresar con palabras y en tan poco espacio lo que fue aquella noche, lo que sentí y lo que siento al recordarla…cada recuerdo está lleno de amor y me emociona. Desde entonces, cada día doy las gracias por haber podido contar con ellos, no podría imaginar una mejor bienvenida para mi bebé ni un aprendizaje mayor sobre mí misma y sobre el amor en tan poco tiempo. Han pasado cuatro meses y sigo aprendiendo de aquellas horas. ¡Qué intensidad… cuánta magia! Y aunque acabamos todos agotados… ¡Volvería a repetirlo todo ahora mismo!

Alba

La vida de una doula es muy excitante

Estaba yo hablando con una compañera doula, con la que me tenía que coordinar para suplirme, en caso de que se me amontonaran los acompañamientos, cuando le dije precisamente eso: «la vida de una doula es muy excitante». Y, ese mismo día, se escenificó en todos sus matices esta vivencia aunque, con la ayuda del Universo, todo se colocó para que cada doulaje, ocupara su lugar.

Fue un día extraordinario, ya que en menos de 24 horas acompañé tres partos encadenados como doula, cada uno con sus propias características. Se veía venir, porque cuando estoy de guardia de varios partos, generalmente van sucediendo en sus «tempos» y de forma natural se separan por días… pero si ninguno se activa y nos vamos acercando a sus fechas finales, en algún momento se tienen que desencadenar. Y todo ello lo tengo que combinar con mis otras obligaciones cotidianas. He aprendido a sostenerlo a través de la experiencia a lo largo de los años, que me ayuda a confiar.

Yo suelo CONFIAR, así, en mayúsculas. Confío en la vida, en el cuerpo de las mujeres, en los bebés, en mi fuerza interior, en las sincronicidades,… aunque a veces me de vértigo entregarme a lo que acontece. Pero solo puedo decir que me entrego totalmente en cada experiencia y que la «suerte» me acompaña.

A primera hora de la tarde, una mamá tuvo cesárea programada…  es muy especial acompañar la decisión y el sentimiento de una mujer que renuncia a su deseo de parir de forma vaginal para proteger la salud de su bebé por recomendación médica, ya que necesita mucho amor y coraje interior para transitar un cambio de planes tan inesperado. El acompañamiento fue, sobre todo, en los momentos difíciles de su toma de decisión y, más tarde, a través de las palabras de ánimo justo antes y después de su experiencia. Me emocioné mucho cuando me envió la foto con su bebé en brazos, junto a su marido, Pero, aún, no se habían acabado las sorpresas ya que tuvo que aceptar que los nuevos protocolos del hospital no permitían que yo fuera a acompañarla en su primera noche post cesárea, para que su marido fuera a cuidar a su hijo mayor y yo la ayudara con la lactancia. Toda una madre coraje.

A última hora de la tarde, mientras acababa la visita con una mujer que desea sea su doula durante el proceso de su segunda maternidad, recibí la llamada de Mikel, el comadrón del equipo de parto en casa con el que trabajo habitualmente. La mujer estaba con contracciones bastante seguidas en su casa, a una hora de camino en coche desde la mía, que para la isla de Mallorca, es literalmente la otra punta. Al llegar ya se veía que transitaba la fase activa de parto, y Mikel comprobó que estaba de 6 cm, así que fue una dilatación bastante rápida y potente, con un expulsivo muy potente y más largo que la media… aún tengo agujetas en varias partes del cuerpo, por las diferentes ayudas físicas que estuvimos practicando las dos doulas, bajo la guía del comadrón. Al nacer la bebé, vimos porqué le costó tanto atravesar la pelvis, ya que además de ser bastante grande, venía mirando hacia arriba, una posición que dificulta ese paso, aunque queda claro que siempre se puede apoyar con recursos, para que todo acabe bien. Y, desde luego, fui testigo de otra madre coraje.

Después de dejar su casa arreglada y a la madre muy tranquila y feliz dando de mamar a su hija, me volví para mi casa a descansar de tanta intensidad. Sobre las 4h de la madrugada, cuando estaba a punto de quedarme dormida, recibí la llamada de la tercera mujer, que por fin sentía que estaba de parto, después de varios días con pródromos más o menos intensos, pero que no acababan de arrancar. En este caso estaba a media hora de camino y cuando llegué, también había una dinámica potente, que la mujer llevaba muy bien. Allí estuvimos los tres en la danza sagrada del parto, viendo como la intensidad iba llevando a la madre desde el infinito al más allá. Hasta ese momento en que ella siente que toca partir hacia el hospital. En este caso, mi acompañamiento físico era durante la dilatación y, desde ahí, solo quedaba esperar y desear, que ese viaje iniciático en su casa, acompañada de su doula y su pareja, le llevara más cerca de conseguir su nacimiento deseado: parto vaginal sin epidural, después de cesárea. Horas más tarde pude saber que llegó de 7 cm al hospital, que en muy poco tiempo se pudo en dilatación completa y que el expulsivo fue arduo pero, con ayuda de los profesionales, llegó a buen puerto. Y pude presenciar a una madre coraje más.

Por mi parte, sobre las 7’30h de la mañana llegué despejada, cansada, feliz y llena de oxitocina a mi casa. Aún sin poderme creer lo que acababa de vivir. La foto de la portada es el aspecto que tenía el amanecer desde la terraza de mi casa.

Y, por fin me fui a dormir,

convencida de que mi profesión de DOULA es la más bonita del mundo

y mi vida… ES MUY EXCITANTE

 

 

 

 

Testimonio Alba, Matías, Nauq y Aila (08-05-21)

En mi trabajo como doula conozco familias, como la de Alba, que honran esa palabra, porque transmiten ese amor bonito que traspasa transversalmente todo lo que hacen. Acompañarlas es un viaje precioso y fácil, cada conversación trae luz, cada gesto consciencia, y llegado el momento todo fluye desde el interior hacia afuera, como la danza de un volcán que se expande y derrama su lava… arrasando cualquier atisbo de duda o control, entonces las riendas están en manos de la naturaleza que trabaja coordinando todo de forma exquisita.

No suelo sugerir a las mujeres la hora de partir al hospital, pero hay veces que observo como el cuerpo entra en trance y ya apenas queda contacto con lo mundano, son momentos donde percibo en los sonidos y movimientos, un aceleramiento de todo el proceso donde es importante actuar en consecuencia.

Cuanta más experiencia tengo, más me fio de estas intuiciones, no es algo que se pueda enseñar, solo requiere «escucha» y «presencia»… nada más y nada menos. Es algo que todas las personas, profesionales o no, deberían desarrollar cuando están cerca de una mujer entregada al proceso sagrado de parir un hijo y nacer como madres.

 

Yo ya había parido una vez. Y no había ido tan mal, pero tenía la sensación que no había tenido el acompañamiento que yo necesitaba y que por eso había aparecido el miedo: enemigo por antonomasia del parto.

Ahora, para el segundo, pensé coger una Doula. Al principio, estaban desdibujadas las razones para tenerla, pero a medida que conocía a Lucía y avanzaba el embarazo, se perfilaban y cada vez tenía más claro que no me había equivocado. Su presencia (más allá de la física y la virtual; la presencia abstracta que ya tenía en nuestras vidas desde el principio de todo), su serenidad, su visión abrazando la nuestra… Todo un cúmulo de cosas, pequeñas, pero importantísimas, ayudaron a sostener la construcción de mi seguridad y confianza.

Cuando alguna duda, miedo o inseguridad aparecía tímidamente, hablar con Lucía o ir a verla y aprovechar para hacer una sesión de osteopatia, me daba el empujón, las palabras y el calor que yo necesitaba para seguir confiando, escuchando mi cuerpo y avanzar con seguridad.

La noche del parto, cuando ella todavía no había llegado, Matías y yo estábamos de lo más tranquilos. Porque de alguna manera, saber que ella estaba viniendo nos daba paz. Cuando llegó yo ya estaba en una dinámica de contracciones más seguidas y no hicieron falta más de 15 segundos para que Lucía se integrara completamente en el proceso que estaba haciendo mi cuerpo. Me ayudó a descansar más plenamente entre contracciones y sus caricias y masajes me conectaban con todo aquello que estaba pasando, que era muy potente, pero no definiría como dolor. Era intenso. Y mi cuerpo bailaba mientras me recorría aquella potencia por dentro. Yo habría estado indefinidamente así, porque gestionaba las contracciones y me sentía poderosa.

Pero 2h después, suerte que Lucía propuso ir al hospital. Estaba yendo todo muy rápido y ella fue capaz de darse cuenta, porque nosotros, con la experiencia de 36h de parto del primer hijo, pensábamos que todo sería más lento… Pero poco después de que propusiera partir algo dentro de mío me dijo que sí, que teníamos que marchar.

Y efectivamente, subiendo al coche recuerdo decirle que quería empujar. Y todo el camino hacia el hospital no podía parar de gritar, vocalizando una A gigante que inconscientemente empujaba a Aila hacia este mundo. Tuvimos que parar en Son Espases porque no tenía nada claro que llegáramos a Son Llàtzer a tiempo. Matías entró a paritorio conmigo, faltaban escasos 30 minutos para que saliera mi hija.

Recuerdo tener unas ganas muy profundas de ver a Lucía cuando ya tenía a la pequeña en los brazos. De decirle gracias, de abrazarla y celebrar la vida con ella, de agradecerle toda la luz que llevó al proceso. Pero por tema protocolos en paritorio solo podía entrar una persona. Aún así, sentía su presencia y compañía, que se materializaba a través del móvil cuando lo necesitábamos.

Ahora, a posteriori, ya lo hemos bautizado como la mejor inversión que hemos hecho nunca.
Calma, confianza, bienestar…todo lo que necesitaba para este parto lo tuve; un acompañamiento extraordinario y empoderador.

Gracias Llucia, por dárnoslo y por ser.

Testimonio original:

Jo ja havia parit un cop. I no havia anat tan malament, però tenia la sensació que no havia tingut l’acompanyament que jo necessitava i que per això havia aparegut la por: enemic per antonomàsia del part.

Ara, pel segon, vaig pensar a agafar una Doula. Al principi, estaven desdibuixades les raons per tenir-la, però a mesura que coneixia a na Llucia i avançava l’embaràs, es perfilaven i cada cop tenia més clar que no m’havia equivocat. La seva presència (més enllà de la física i la virtual; la presència abstracta que ja tenia a les nostres vides des del principi de tot), la seva serenor, la seva visió abraçant la nostra… Tot un cúmul de coses, petites, però importantíssimes, van ajudar a sostenir la construcció de la meva seguretat i confiança.

Quan algun dubte, por o inseguretat apareixia tímidament, xerrar amb na Llucia o anar a veure-la i aprofitar per fer una sessió d’osteopatia, em donava l’empenta, les paraules i l’escalfor que jo necessitava per seguir confiant, escoltant el meu cos i avançar amb seguretat.

La nit del part, quan ella encara no havia arribat, el Matías i jo estàvem d’allò més tranquils. Perquè d’alguna manera, saber que ella estava venint ens donava pau. Quan va arribar jo ja estava en una dinàmica de contraccions més seguides i no van fer falta més de 15 segons perquè na Llucia s’integrés completament al procés que estava fent el meu cos. Va ajudar-me a descansar més plenament entre contraccions i les seves carícies i massatges em connectaven amb tot allò que estava passant, que era molt potent, però no definiria com dolor. Era intens. I el meu cos ballava mentre em recorria aquella potència per dins. Jo hauria estat indefinidament així, perquè gestionava les contraccions i em sentia poderosa.

Però 2h després, sort que na Llucia va proposar anar a l’hospital. Estava anant tot molt ràpid i ella va ser capaç d’adonar-se’n, perquè nosaltres, amb l’experiència de 36h de part del primer fill, pensàvem que tot seria més lent… Però poc després que proposés partir alguna cosa dins meu em va dir que sí, que havíem de marxar.

I efectivament, pujant al cotxe recordo dir-li que volia empènyer. I tot el camí cap a l’hospital no podia parar de cridar, vocalitzant una A gegant que inconscientment empenyia a l’Aila cap aquest món. Vam haver de parar a Son Espases perquè no tenia gens clar que arribéssim a Son Llàtzer a temps. En Matías va entrar a paritori amb mi, faltaven escassos 30 minuts perquè sortís la meva filla.

Recordo tenir unes ganes molt profundes de veure a na Llucia quan ja tenia la petita als braços. De dir-li gràcies, d’abraçar-la i celebrar la vida amb ella, d’agrair-li tota la llum que va portar al procés. Però per tema protocols a paritori només podia entrar una persona. Així i tot, sentia la seva presència i companyia, que es materialitzava a través del mòvil quan necessitàvem.

Ara, a posteriori, ja l’hem batejat com la millor inversió que hem fet mai.
Calma, confiança, benestar…tot el que necessitava per aquest part ho vaig tenir; un acompanyament extraordinari i empoderador.

Gràcies Llucia, per donar-nos-ho i per ser-hi.

Testimonio Vicky, Guille y Nalu (14-12-20)

Para acompañar un parto como doula la conexión debe ser profunda y desde la Presencia sostener todo lo que acontece, sea cual sea la intensidad. Vicky tiene aspecto de elfa del bosque y determinación de fuego. El amor es su combustible y nos ofreció a todos los que le acompañamos en su gesta, una lección de Poder. Y Guille, su amado, una lección de roble, a pesar de que el fuego le quemaba en las entrañas.

Sus relatos estremecen y enternecen a la par, vale la pena leer cada una de sus palabras, como reflejo de una experiencia arrolladora y portadora de vida. Gracias a ambos por la generosidad.

Con los ojos de Guille.

Seguramente yo no me habría planteado nunca la cuestión de dónde dar a luz. Lo lógico para mí era lo común: en el hospital. Sin embargo, Vicky, que afortunadamente tiene muy poco de común, lo tenía clarísimo, quería un parto en casa. Y yo, la verdad, no tenía nada que objetar, sobretodo de un tema que era bastante desconocido para mí. Así que empecé a leer otras experiencias, vimos videos y un documental genial y, entonces, lo lógico se convirtió en lo poco común: tener al bebé en casa.

Todo el embarazo fue bastante bien, con algunas preocupaciones que no fueron a más y, cuando se acercaba el momento, todo estaba a nuestro favor y no había ningún motivo de peso para desistir de nuestro deseo de tener a Nalu en casa. Digo de peso, porque en el camino nos encontramos con muchas opiniones en contra, no tanto de nuestros familiares y amigos, que fueron muy respetuosos a pesar de los miedos que podían tener, sino de profesionales y personal sanitario. Lo cual no dejó de sorprenderme, porque no creo que los datos y estadísticas justifiquen sus reticencias a tener un parto en casa.
Unas semanas antes del parto, organizamos con Mikel, nuestro comadrón, una cena en casa para conocer a nuestras doulas, Lucía y Cristina, y para que nos explicaran bien cómo sería todo el proceso, el papel de cada uno, organizar la casa y el equipo que necesitaríamos.

Ya conocíamos y confiábamos en Mikel y, por suerte, también nos sentimos muy a gusto desde el principio con Cris y Lucía. Yo todavía no era consciente de lo que se nos venía encima, pero echando la vista atrás, la experiencia podía haber sido muy diferente si la gente que nos rodeó y arropó en ese momento tan intenso como especial no hubiera sido tan maravillosa como lo fueron nuestras doulas.

Al terminar la cena, Vicky me comentó la buena conexión que había sentido y que confirmé el día del parto, cuando las contracciones empezaban a ser más fuertes, aunque luego descubrí que eso no era nada más que “el calentamiento”. Hubo un momento que yo fui a la cocina a por agua y al volver al salón, encontré a Vicky, en mitad de una contracción, abrazando a Lucía tan fuerte como me había estado abrazando a mí antes. En seguida noté la conexión de la que me hablaba Vicky, y me sentí muy tranquilo, en cierto modo aliviado, porque si mi papel en ese proceso era el de intentar que Vicky se sintiera lo más tranquila y acompañada posible, supe que no estaba solo, y que Vicky y Nalu estaban en muy buenas manos.

La primera en llegar a casa después de llamar a Mikel y decirle que Vicky llevaba una hora con contracciones cada dos minutos, fue Cristina, acompañada de un delicioso olor a las albóndigas veganas que había estado preparando hasta que recibió la llamada de Mikel. Si algo me atreviera a reprocharle a Nalu, sería que no esperara media horita más antes de querer nacer para haber tenido la oportunidad de probar esas albóndigas. Nalu, nos debes unas albóndigas.
Después de ver cómo estábamos, empezó a preparar todo el material y poco después llegaron Lucía y Mikel.

Esta primera parte del parto la voy a titular “Aquellos maravillosos recuerdos”. Sí, aún eran todo bromas y sonrisas. Entre contracciones, Vicky me miraba sonriendo, llena de amor, impaciente por conocer a Nalu por fin. En las contracciones yo la abrazaba con fuerza mientras se estiraba sujetando mi cuello. Lucía le daba masajes en las lumbares y le ayudaba a buscar la mejor postura para descansar después. Teníamos esos momentos de calma y tiernas miradas mientras Lucía le ponía las manos en la espalda o una faja calentita, Mikel iba y venía y Cris nos vigilaba mientras seguía organizando.

Después de aproximadamente tres horas llegó el momento de comenzar el expulsivo o, lo que vamos a llamar “La cosa se pone seria”. Vicky empezaba a estar muy cansada, las contracciones cada vez eran más intensas y dolorosas. Cada vez le costaba más encontrar posturas en las que se sintiera cómoda o en las que pudiera descansar. Durante la contracción parecía perder la fuerza en las piernas y ya no es que se estirara apoyándose en mí, es que literalmente se colgaba de mi cuello como un peso muerto. Si hay algún mérito que se me pueda atribuir a mí en ese día, es el de haberme mantenido firme como un roble cada vez que Vicky se derrumbaba agotada y gimiendo de dolor entre mis brazos. Tampoco era una opción dejarla caer, en realidad.

Nos fuimos al dormitorio, es difícil recordar muchos detalles, toda mi energía y concentración estaban enfocadas en Vicky. De todo lo demás se encargaban Cris y Lucía, que además, seguían cuidando de Vicky y eran el espejo donde yo podía sentir la calma y confianza que necesitaba transmitirle a Vicky también. Especialmente para lo que venía después.

Capítulo tres: “Jesús, menos mal que avisamos a los vecinos”. Ahora puedo y debo bromear sobre lo que fueron estos momentos porque la alternativa sino serían varios años de terapia post-traumática. Uno siempre se cuestiona lo duro que tiene que ser ver sufrir de dolor a la persona que más quieres. Yo nunca me lo había planteado en el contexto de un nacimiento, la verdad, y tal vez por eso me pilló un poco por sorpresa a pesar de estar advertido. Supongo que aquí es donde las hormonas y la oxitocina en concreto, juegan un papel importante, pero a mí me daba la sensación de que Vicky se iba a desmayar del dolor en cualquier momento. Las contracciones parecían insoportables, y en los “descansos”, Vicky flaqueaba y le faltaba el aire, asfixiada de calor, o temblando de frío a los pocos segundos. En cada contracción, Mikel intentaba estimular el cuello del útero para abrirle paso a Nalu o hacer magia por ahí abajo, aún no me queda claro, pero fuera lo que fuera, ayudaba, dilataba a muy buen ritmo, y no tardó mucho en romper aguas. Vicky parecía estar en otro mundo, y yo procuraba que cuando volvía entre nosotros, me sintiera muy cerca y tranquilo. Era imposible ignorar y no admirar cómo Vicky estaba luchando cada segundo del parto, así que lo mínimo era tratar de estar a la altura en lo poco que se podía hacer, principalmente apoyarla.

Lucía y yo, cada uno en una pierna, ayudábamos y sujetábamos a Vicky. Cristina le acomodaba, animaba, abanicaba o calentaba según lo que Vicky necesitaba o pedía, mientras seguía asistiendo a Mikel. Además, nos hacían el favor de sacar fotos, grabar audios y vídeos. Tengo que reconocer que, en alguno de los peores momentos, ver que ellas estaban lo suficientemente tranquilas como para seguir documentando el parto, a mí me daba cierta tranquilidad también. Igual que las sonrisas que compartíamos cuando Vicky, en su estado catatónico, decía alguna cosa graciosa. Sólo hubo una vez que Vicky pidió a Lucía que dejara el móvil y fue para que pudiera sujetarle la mano mientras empujaba. Yo podía sentir cuánto apoyo y confianza necesitaba y recibía Vicky de parte de Lucía también en esos momentos.

El tiempo pasaba más lento que nunca, y parecía que Nalu se resistía a salir. Mikel le iba controlando el pulso de vez en cuando, y alguna vez era casi imperceptible. Estos fueron los únicos momentos en los que sentí un poco de miedo, por Nalu, por Vicky y por imaginar que de repente tuviéramos que salir por patas al hospital con todo lo que eso conllevaba en ese momento. También fueron los momentos en los que Vicky se debió preocupar más y nos preguntaba si todo iba bien, si Nalu estaba bien. Yo era el primero en contestarle de forma positiva lo más tranquilo y seguro posible. Guardarme los miedos para mí y procurar que Vicky no los sintiera tampoco, implicaba confiar totalmente en Mikel y las doulas. Yo les miraba y observaba sus gestos y reacciones en busca de respuestas, de dudas o miedos. No los había, no los tenían. Así que me esforzaba en convencerme de que yo tampoco debía tenerlos.
Muchos de esos miedos, sino todos, venían de antes, de todas las veces que escuchamos lo valientes o insensatos que éramos por querer tener al bebé en casa. En el próximo capítulo hablaré de porqué después me di cuenta que no es cuestión de valentía, y lo insensato hubiera sido tenerlo en un lugar en el que no queríamos. Este capítulo se titula: “Si al final resultará que no fue para tanto…”

A pesar de mi sensación, el tiempo sí iba pasando, y más rápido de lo que yo creía, y Nalu cada vez estaba más cerca. Ya hacía un rato que empezaba a asomar y Vicky sacaba fuerzas de algún lugar que posiblemente sea desconocido para cualquier hombre. Finalmente, en una última contracción que Vicky acompañó con un grito que sin duda habría sido capaz de liderar al ejército de William Wallace en la batalla por la independencia de Escocia, Nalu casi salió disparado a los brazos de Mikel, acompañado de una cascada de líquido amniótico. Un final de película sin duda. Y además un final feliz.


Mientras Mikel apoyaba a Nalu sobre el pecho de Vicky y Vicky sollozaba “mi bebé, ay, mi bebé”. Yo escuchaba los gritos de Nalu como agua de mayo, y ya no pude aguantar más y exploté a llorar. De alivio, de amor y de felicidad.

Vicky y yo nos abrazamos, nos besamos. El tiempo volvió a su ritmo normal, y yo me sentí enormemente agradecido. En un abrir y cerrar de ojos Vicky había recuperado la fuerza, la vitalidad, la sonrisa y hasta el sentido del humor cuando dijo que podría volverlo a repetir pronto. Porque espero que eso fuera una broma.

No hubo desgarro, apenas sangraba, esperamos para cortar el cordón, que lo hice yo con ayuda de las doulas, poco después salió la placenta sin problemas. Cristina y Lucía limpiaron todo, rellenaron los papeles y nos dejaron tranquilos, en nuestra cama, en nuestra habitación, en nuestra casa, con nuestro hijo, para poder respirar y asimilar una de las experiencias más emotivas, intensas, emocionantes y, desde luego, importantes de nuestras vidas. Una experiencia que decidimos tener, y por suerte pudimos, a nuestra manera y pudimos compartir con gente maravillosa que nos acompañó de la mejor forma posible, sin duda, de la forma que necesitábamos.


Con los ojos de Vicky:

Llenarse de amor para convertir el dolor en fuerza.
Eso es lo que significó para mí el parto de Nalu.

Me es imposible recordar el tiempo o las horas del parto, no tenía control de nada, y eso era algo maravilloso, dejar el control, confiar en mí, en el proceso y en la vida. Puedo diferenciar claramente dos partes del parto, cuando me llenaba de amor y cuando todo ese amor hizo que convirtiera el dolor en fuerza.

Yo sabía que mi cuerpo estaba preparado para parir como una mamífera y en manada, la mía, la que yo había elegido. Guille, Lucía, Cristina y Mikel fueron mi manada, el soporte perfecto, el equipo que me hizo sentir protegida y cuidada, dándome todo lo que necesitaba incluso cuando ni yo sabía qué era.

Cada contracción estaba llena de amor, cuando venía la contracción fuerte e intensa, sentía el apoyo, sentía a Guille como mi pilar, fuerte, sólido, una roca, la parte indispensable que me sostenía y que no me dejaba caer.

En cada contracción Lucía venía conmigo, acompañando mi sonido con el suyo, no era solo nuestra voz, venía desde mucho más adentro. Me acompañaba sin empujarme ni guiarme. Estaba conmigo sin invadirme, dejándome ser yo, escuchándome, conociéndome, haciéndose a mí. Y mientras tanto, hacía magia con sus manos en mi espalda y me aliviaba el dolor.

Cuando paraba la contracción, el amor se iba haciendo grande, me salía desde dentro, como si Nalu lo trajera todo con él. Recuerdo mirar con mucho amor, miraba a Guille y me sentía afortunada por tener a semejante hombre a mi lado. Recuerdo ver a Lucía y sentir la conexión especial que pude sentir el primer día que la conocí. Me daban paz y yo me sentía querida, empoderada, una mujer fuerte y capaz. También recuerdo cómo Cris se encargaba de todo, y cómo Mikel estaba conmigo sin estar, eso me llenaba de tranquilidad, todo iba como tenía que ir.

Para mí el tiempo era incontable y la única medida que tomaba era el amor que sentía entre una contracción y otra, cada vez había más y más, y es que hace falta mucho amor para conseguir convertir el dolor en fuerza.

Las contracciones venían más intensas y ahí fue cuando necesitaba transformar el dolor en fuerza. Empezó el expulsivo. Duro, intenso, pero eso ya no lo recuerdo, se me olvidó un segundo después de que naciera Nalu. Tengo imágenes en mi cabeza, me escucho gritando y sigo sintiendo el apoyo que recibía. De vez en cuando necesitaba saber que Nalu estaba bien, que todo estaba yendo bien, pero era fácil recibir la tranquilidad que ellos tenían. Mientras, yo seguía ensimismada en que el dolor me diera fuerza, y en eso pensaba cuando venía cada contracción, en empujar.

Agarraba fuerte a Guille y a Lucía, necesitaba sentirles, apretarles. De vez en cuando miraba a Guille, estaba feliz de que estuviera allí, yo quería que él fuera una parte activa del parto y lo estaba siendo.
A mi izquierda estaba Lucía, en calma, a través de ella, de una manera que no podría explicar sentía su confianza en mí. Sentía cómo ella estaba segura de mi fuerza, era como si me conociera y supiera perfectamente quién y cómo soy.

Mikel por su parte lo tenía todo bajo control. Me contaba el camino y yo intentaba ir hacia allá. Él me daba la luz que necesitaba para situarme y para ir un paso más allá. Yo sentía que todo iba bien a través de él y esa confianza se la había ganado durante el embarazo, sumando siempre y dando soporte. Y mientras tanto, Cristina me cuidaba, me daba aire y nos apoyaba.

Venía la contracción, el dolor me inundaba y con ese amor que habíamos cultivado, soltaba el aire empujando con fuerza. Así una y otra vez. Entre contracciones solo necesitaba guardar energía, utilizar las palabras justas para pedir si necesitaba aire o agua y dejarme ir un poquito para llenarme de fuerza otra vez.

Sin ser muy consciente del tiempo que llevaba empujando, de repente la cabecita de Nalu comenzaba a asomar y ahí empecé a ver el final muy cerca, eso me dio más fuerza aún. A partir de aquí el dolor era diferente, se llevaba mejor. En mi recuerdo, a partir de este momento solo hicieron falta un par de contracciones más acompañadas de las palabras de apoyo de Guille y rápidamente Nalu ya estaba llorando en mi pecho.

 

Recuerdo la mirada de Guille y el calor de Nalu. Nunca antes había sentido tanto amor como en ese momento. Se respetó nuestro espacio, Mikel, Lucía y Cris estuvieron justo lo que necesitamos y luego nos quedamos los 3 en nuestra cama disfrutando de las primeras respiraciones de Nalu y yo seguía en mi mundo del amor sintiéndome una mujer afortunada por lo que acababa de vivir y por todo lo que me rodeaba.

 

El umbral de la consciencia al parir

En cada parto una mujer traspasa el umbral de la consciencia y, desde mi lugar privilegiado como doula, la veo transformarse mientras eso sucede y surge la poesía en cada gesto de su cuerpo y en el alma de cada miembro de la familia que se va ampliando. Y ella retorna de su viaje convertida en otra mujer. María así lo cuenta con sus propias palabras de amor.

 

 

PARINT

(Sentiments del part i cap als meus tres fills)

 

«Jo, perfecta i imperfecta, madura, immadura, pura i impura, neta, tacada, pacient i impacient… Aquest vespre ho sóc tot i  tot se’m desperta. Tot visc i revisc de nou, però com la primera vegada i també diferent, cada un únic, però el mateix sentiment. Sentiments fugaços, però arrelats al meu jo més profund, al jo que sóc dins meu, al jo que sóc vosaltres, als meus tres jo. Al meu vosaltres.

Sentiments sense nom i sense explicació, sentiments d’amor pur i profund, sentiments eterns que sempre tendré per les meves tres vides.

Instants complets, plens i conscients, tenaços i vius, sobretot vius. Vius i tendres, instants que duren, moments que medren dins meu i el meu cos recorda, moments que deixen petjada implacable, que provoca canvis i alimenta el meu esperit, la meva essència. Aquest jo del que parl i que he descobert. Més jo que mai…, més vosaltres que mai…

Sent que tots som un i que cada un és seu, amb la seva diferència, però el mateix batec, fil invisible que ens uneix i manten el nostre amor, cordó de mare i fill irrompible, inquebrantable, forjat amb amor profund invisible però ferm, etern i únic, sorgit de les nostres profunditats…

 

Gràcies fills meus per haver nascut, gràcies equip, per provocar en jo tot l’escrit.»

acompañArte

Testimonio Marion, Joan y Aloc (23-03-19)

Ni recuerdo a que hora llegamos el equipo de parto a casa de Marion, pero recuerdo los gritos. Pensé, esto suena a estar dilatada de 8 cm. Cuando el comadrón la miró, le dijo que estaba de 1-2 cm. Tuve la tentación de pensar que parecía imposible que Marion pudiera aguantar lo que le quedaba de parto sin ponerse la epidural… pero mi forma de acompañar siempre es de confianza, he comprobado muchas veces que hay mujeres con fortalezas inquebrantables y que la vida da toda clase de sorpresas. La primera de las fortalezas fue no desmoronarse ante la noticia que anunciaba que apenas estaba empezando el parto.
Ella iba avanzando, con una intensidad constante y en aumento, con unos sonidos sobrehumanos (solo factibles para gargantas entrenadas), paso a paso acercándose, con determinación.
Llegó el momento crítico (decidir si ir al hospital o no, con gran agotamiento), por ecógrafo se comprobó que la dificultad en descender y la fuerza de las sensaciones, eran debidas a cómo venía posicionada la cabeza. Saber eso nos ayudó a decidir utilizar la técnica ancestral del manteo (mientras pedíamos al universo el resto de ayudas). Y pasó algo. Y todo se enderezó. Y hubo coraje para continuar.
Recuerdo los ricos aromas de las esencias especiales para el parto, que fabrica con un alambique el papá de Aloc. Me quedo con el regalo del olor del Mirto, que para mi huele a tierra húmeda con hojas y setas.
El milagro sucedió de nuevo, una mujer fue Diosa y parió a su hijo. La vida abriéndose paso.
Gracias por ser testigo de cuanto poder reside en nuestros cuerpos.
He tardado 15 meses en encontrar el momento y el sentir para escribir este texto que constantemente quería escribir como otra forma de agradecimiento por la importantísima presencia de las doulas Lucía y Cristina en mi parto.
Cuando supe que estaba embarazada, sentí que empezaba un camino de transformación profunda. Tenía muy claro que quería parir en casa y me armé de coraje porque sabía que me iba a encontrar con espejos que repudiarían mi decisión, sabía que iba a ser juzgada. Batallé para poder tener el parto que mi instinto me guiaba.
Mientras paría a mi hijo, el dolor era inabarcable. Sentía que me iba con él, que me bloqueaba con él.
¿Cómo se relaja una cuando siente que la desgarran y abren desde dentro?
Lucía y Cristina me sostuvieron con dulzura y amor pero también con mucha firmeza y claridad, aspecto que era exactamente lo que precisaba.
Muchas sensaciones de mi parto han cambiado con el tiempo, pero hay una imagen que siempre me acompaña cuando lo relato: el momento de inflexión. El momento en que me di cuenta que tenía que cambiar el «chip» y fluir con el dolor. Ya estaba de 10 cm pero mi hijo quería salir de cara, mirando a las estrellas, siempre digo. Recuerdo que Lucía cogió un pañuelo oscuro y deslizando con decisión el pañuelo sobre mi barriga daba pequeños tirones hacia la dirección en la que mi hijo tenía que rotar, empecé a dejar que el dolor me atravesara con el canto. Así, Aloc, mi maravilloso hijo giró y se encajó para bajar por el canal del parto. El primer gran viaje de la Vida.
Fue entonces, el momento de empujar. Juro que me visitaron todas mis ancestras, incluso ancestras de tiempos vikingos. Lloré y grité sus partos además del mío. ¡Cómo grité, por Dios! Lucía me decía que no gritara tanto al principio porque luego en el momento de realmente necesitar «gritar» no tendría voz. Yo pensaba: «tengo vozarrón de cantante, aguantarán mis cuerdas vocales mis gritos».
Recuerdo a Lucía a mi izquierda y a mi amor a la derecha conectándose con esa fuerza vikinga ayudándome a empujar. Recuerdo a mi comadrón dándome caña para que no bajara el ritmo. Ahora, tras 15 meses desde una de las mejores experiencias de mi vida, me doy cuenta que me parí a mí misma junto a mi hijo. Cuando tomé a Aloc en brazos después de 8 horas de parto, ni una sola célula de mi cuerpo dudó en reafirmar que la decisión de parir en casa y con las personas que había elegido había sido la correcta. Y sigo sintiendo que Lucía y el pañuelo fueron cruciales para que Aloc acabara naciendo en nuestra mágica casa.
Creo en las decisiones que se enraízan en el corazón y cada vez que cojo a mi hijo de su cuna, pegada a mi cama, pienso en lo bonito que es que Aloc duerma exactamente en el lugar donde nació y rezo para que esta forma de parir deje de considerarse una locura para verse como un gran privilegio. Es más, rezo para que parir de esta forma ya no sea un privilegio sino una normalidad sagrada.
Gracias Lucía
acompañArte

Testimonio Tamar, Matías y Aroha (17-03-20)

Estábamos al inicio de la cuarentena, era de las primeras veces acompañando con mascarilla, Tamar ya estaba en faena cuando llegamos, y ahí estuvo horas y horas, … recuerdo música muy buena y a volumen alto a ratos, recuerdo el olor de comida casera, los gemidos, los ratos de espera entre contracciones (siempre digo que parir es el arte de esperar), también su postura preferida para transitar las contracciones,…  pero sobretodo recuerdo la entereza que sostuvo hasta el final. Gracias por la lección de Vida.

Fotografías Antònia Heredia Ferrà

17 de marzo de 2020 Aroha decide nacer, la noche de antes empecé con las contracciones, como buena primeriza dudaba si llamar al equipo, ya que no eran regulares, pero sentía que algo diferente estaba pasando, así que a eso de las 2 de la mañana llamé. Me tranquilizó escuchar la voz alegre del comadrón al saber que la cosa empezaba. Yo me sentía ilusionada, sentía lo sagrado del momento, para el que me había preparado tanto. A las 7 de la mañana apareció el equipo, Cristina, Llucia y Mikel por la puerta, yo había pasado toda la noche despierta buscando las mejores posturas, respirando y confiada, cuando los vi entrar me alegré mucho, quería saber como estaba yendo y sentir ese calor humano. La casa pequeña de Selva se lleno rápido, desplegaron el material y aunque solo podía verles los ojos por las mascarillas, me bastaba sentir esa mirada de complicidad, amorosa y sostenedora. 

Enseguida LLucia soltó los bártulos y vino a tocarme, nos abrazamos entre contracción y contracción, sentí su calor, como el de una madre. Trepó al sofá y se adaptó al poco espacio que le dejé, no necesitó que le hiciera sitio (dice que las doulas deben estar en forma) y de cuclillas a mi lado paso el día, las horas, entre masajes, palabras de ánimo y miradas de puro amor y comprensión. 

Sentí que podía con todo, me sentí recogida entre profesionales con una alta calidad humana, porque no está reñida una cosa con la otra, sentí que mi elección de hacer un parto en casa era totalmente acertada y me di las gracias por escuchar a mi corazón y no a los miedos de otras personas. Una y otra vez elegiría pasar esta aventura en mi hogar y con ellos.  

Pasamos el día entre música, gemidos y olor a pizzetas en el horno que hacia mi amiga/hermana, se podía sentir lo sagrado del momento, cada uno tenía su misión y danzaban todos a mi alrededor, me sentía una verdadera Diosa, pudiendo soltarme, desinhibirme y sentirme animal. Ese espacio de confianza, de hormonas en el aire, de gemidos, de sudor y frío al mismo tiempo, de dolor vivo y sagrado, de manos que me tocaban en su justa medida, de palabras que me acompañaban el alma, de miradas de fe en mi misma, se ha quedado grabado en mi como la experiencia mas trascendental, auténtica y amorosa, la mejor manera de darle la bienvenida a una nueva vida. 

Gracias infinitas por formar parte de nuestra historia de hoy y de siempre.

acompañArte

Testimonio Marta, Adrià y Elia (01-04-20)

Acompañar como doula es un chute de oxitocina y en un parto en Tribu las sinergias hacen fluir las hormonas como la lava de un volcán para todos los presentes. Cada persona ocupa su lugar en el espacio físico, sin molestarse aunque sea una casa pequeña y cada persona aporta algo importante a la mujer de parto, por eso ella las escogió para que estuvieran presentes en ese momento tan especial.

Suceden cosas mágicas en la danza del amor.

Lucía fue una de mis formadoras en el curso de Doula, fue tan bonito y especial que nos acompañara en nuestro parto… si ya consideraba que la figura de Doula es fundamental, después de experimentarlo lo puedo reafirmar en mayúsculas.

El cuidado de los pequeños detalles, el no tener que pedir, es como si te leyeran la mente o incluso se adelantaran a saber lo que vas a necesitar, los masajes, las sugerencias a la familia, las explicaciones, el acompañamiento, sostén… le dan sin duda un valor añadido al placer de parir.

Tuvimos una experiencia mágica y sin duda un regalo maravilloso, que guardaremos siempre en nuestra mente y nuestra alma! Gracias por cuidarnos y cuidar de tod@s tanto y tan bien en ese GRAN momento y sobretodo ¡gracias por tu fuerza! Cada mujer debería poder ser su propia Doula y disfrutar del acompañamiento de otras. ¡En tribu todo es más fácil y bonito! !!Gracias, gracias, gracias!! ¡¡Siempre en nuestro corazón!!

Autoría fotos: Little Smith

acompañArte

Acompañar como doula en tiempos de coronavirus

Acompañar como doula es siempre una labor muy importante y, en tiempos de coronavirus, se convierte en algo esencial para atravesar cualquier etapa de tu maternidad sabiendo que no estás sola, que siempre podrás contar con alguien con experiencia que te dará las últimas informaciones de evidencia científica, estará muy cerca de ti al otro lado del teléfono para ofrecer contención emocional y, cuando sea necesario, acudirá a tu lado para pasar juntas todo lo que acontece.

Desde que empezó la cuarentena por el virus, he acompañado cinco partos con sus respectivos prepartos y pospartos inmediatos, creo que es importante que las doulas sepamos cómo acompañar con seguridad, tanto a nivel de minimizar los riesgos de contagio en ambas direcciones, como a nivel de hacer lo correcto en cuanto a las normas de permisos para circular.

Autoría foto portada y esta: Señor y Señora Smith

 

Primero comentaré las cosas que he podido aportar en las diferentes etapas maternales en tiempos de coronavirus:

-De mujeres embarazadas he recibido consultas sobre los diferentes equipos de atención al parto en casa (funcionamiento, precio y forma de contacto) y sobre cómo están trabajando respecto a la atención de la embarazada o la atención al parto en cada hospital de la zona donde vivo, sean públicos o privados (que en mi caso es la isla de Mallorca), debido a que se plantean tomar decisiones a última hora que puedan mejorar sus expectativas de tener el parto deseado. Es una información cambiante por la situación extraordinaria que vivimos, pero gracias a mis propias experiencias y el contacto con otras doulas que acompañan a otras madres, la voy actualizando.

También me han pedido información sobre cómo o con quién acceder a una prueba necesaria que no entra en los protocolos actuales, como por ejemplo una ecografía de detección de problemas de salud en el feto.

Otra pregunta ha sido sobre información de clases de preparaciones al parto de forma on-line con matronas de confianza.

Con mujeres a punto de parir sobretodo he estado tranquilizando, aportando información para la toma de cambios de decisiones, manteniendo un contacto continuo a través del whatsapp o llamadas de teléfono, animando a que todo irá bien, reafirmando la capacidad del cuerpo para parir y del bebé para nacer, compartiendo las sensaciones físicas y emocionales de los momentos previos a ponerse de parto,….

-En los partos he acudido al domicilio cuando la mujer ha entrado en fase de dilatación activa para acompañar de forma personalizada todo el proceso. En los partos en casa (siempre con personal sanitario) que han acabado en la propia casa, he estado hasta el final cuando la madre se queda junto a su familia, dando de mamar a su bebé, con todo el entorno ordenado y recogido.

En los partos que han empezado en casa, pero por cansancio de la madre (o sea, por cuestión no urgente) han acabado en el hospital, he acompañado a la pareja hasta el lugar en el que tienen que entrar al hospital y les he explicado cómo funciona todo, lo que se pueden esperar (dando una visión realista pero en positivo) y les he animado a confiar en el personal sanitario. Cómo hoy en día son muy estrictos con ser acompañadas solo de una persona, me he ido a mi casa y desde ahí he continuado conectada por whatsapp con la pareja para seguir con el soporte emocional y la resolución de dudas si ha hecho falta.

En el parto de hospital, además de estar en la dilatación en casa he sido la acompañante de paritorio porque así lo decidió la pareja, durante todo el proceso mantuve informado a su marido de cada paso que iba sucediendo ya que es una manera de que se sientan más cerca el uno del otro, ella misma lo cuenta en este hermoso testimonio.

En todos los partos, después de haberlo acordado con la pareja, encuentro momentos para hacer fotos que reflejan pálidamente la belleza de lo que va sucediendo y breves vídeos que son un bonito recuerdo que ayuda a «ver» desde afuera algo que es una experiencia sumamente intensa, tanto física, emocional como espiritual, donde la mente, que casi siempre es la dueña de nuestros momentos cotidianos, desaparece por arte de las hormonas.

-En el posparto inmediato sobretodo ha sido un apoyo continuo a través del whatsapp para todas las pequeñas dudas que surgen con la crianza, enviando información de utilidad muy gráfica, concentrada y sencilla para facilitar la lactancia.

Haciendo asesoría de lactancia a través del teléfono siempre que ha sido posible. Y en un caso concreto llevando una compra a la pareja recién llegada del hospital y haciendo asesoría de lactancia en directo y en otro caso derivando a una asesora más especializada que yo.

Apoyo moral, presencia continua, reforzamiento de las capacidades innatas de la madre con artículos de evidencia científica que ratifican lo que siente la madre. Ya que, aunque parezca mentira, sigue habiendo familiares o «amigas» que les dicen a las madres, deja a tu hijo llorar, ponlo a dormir en su cama, no le des de comer siempre que te lo pida, …. y otras propuestas que confunden a la madre y le hacen dudar de sus decisiones intuitivas.

Una de las cuestiones más importante que quiero compartir es cómo he llevado a cabo mi labor como doula de forma segura para todos, en tiempos de coronavirus:

-Todos los encuentros que he podido han sido virtuales, desde uso de whatsapp, charlas por teléfono o videollamadas por Skype, Hangout o Zoom. Es diferente que el encuentro presencial, pero es increíble lo cercanas que nos podemos sentir cuando te relacionas desde el corazón con autenticidad e integridad.

-He tomado diversas medidas higiénicas cada vez que me he desplazado a la casa de la mujer o al hospital. Antes de salir me ducho y pongo ropa limpia lavada a 40º, llevo guantes y mascarilla. Al llegar a su casa dejo los zapatos fuera. Mientras estoy allí me lavo frecuentemente las manos, además de tener un desinfectante de manos.

-Al volver a mi casa me vuelvo a duchar y pongo toda la ropa a lavar. Desinfecto con agua y lejía el volante del coche, el cambio de marchas y las manijas de las puertas. Limpio con agua y amoniaco las llaves, el bolso y la bolsa de parto.

-Utilizo un difusor de plata coloidal para desinfectar la mascarilla y luego la pongo en una bolsa estanca con un pequeño ozonizador. Es un aparato para la nevera que me regaló mi compañera de profesión Magda Rodríguez y que ella misma me dio la idea de utilizarlo así.

-Para desplazarme a un parto domiciliario llevo un permiso firmado por el comadrón responsable del equipo de atención al parto en casa con todos sus datos y los míos como auxiliar de parto.

-Para desplazarme a una casa para la dilatación y/o una visita posparto presencial llevo un permiso firmado por la mujer que solicita mis servicios para lo que corresponda según el caso. Procuro que quede reflejado la necesidad de ese servicio.

Realmente, en tiempos de coronavirus, el sentido de mi trabajo sigue siendo el mismo, incluso el estilo de preguntas no son tan diferentes a lo que suelen ser normalmente, quizás lo que más cambia es la angustia con que viven las parejas ese momento vital, a veces teniendo que tomar decisiones importantes de último momento. Las mujeres que están embarazadas y pariendo en estos días, necesitan una dosis extra de confianza en sí mismas, confianza en los profesionales y confianza en la Vida.

Tengo la suerte de estar en una comunidad donde, en general, se están haciendo bien las cosas, escuchando las recomendaciones de la OMS y otros organismos oficiales que dicen que los partos no deben ser medicalizados sin justificación, la mujer puede estar acompañada de una persona, se debe hacer piel con piel nada más nacer y se promueve la lactancia materna. Aunque siempre hay excepciones que entristecen algunas experiencias de forma innecesaria.

A través de otras compañeras doulas y por las redes sociales, me llegan noticias de que en otros lugares de España están sucediendo algunas realidades más difíciles. Quizás sea porque tengan una situación sanitaria más extrema, pero no hemos de olvidar que en toda circunstancia y lugar, los derechos humanos siguen estando vigentes, y que no siempre algunas actuaciones contrarias a las recomendaciones oficiales, tienen una justificación médica. Por ello la asociación «El Parto es Nuestro», para apoyar a las mujeres que puedan vivir Violencia Obstétrica ha creado un «Formulario de queja o reclamación por malas praxis en la atención al parto durante la crisis del COVID-19»

Quiero dejar el mensaje de esperanza de que, tanto en casa como en el hospital, en tiempos de coronavirus se pueden tener preciosos partos empoderados y en buena compañía. Soy testigo privilegiada de ello.

acompañArte

Testimonio Elena, Jürguen y Daniel (13-03-20)

Desde el primer momento hubo una conexión muy bonita con Elena y poco a poco también se fue creando con su marido Jürguen. Al ser extranjeros no cuentan con una gran red de apoyo, ni tampoco conocían los diferentes profesionales que les podían ayudar a conseguir todo aquello que llevaban tanto tiempo soñando.

Lo que hace tan mágico el acompañamiento personalizado es compartir lo que va sucediendo durante todo el proceso, tanto físicamente como emocionalmente, dando la información que en cada momento se necesita,…  y creando un vínculo de confianza mutua.

En estos tiempos extraños que estamos viviendo es aún más importante si cabe este contacto continuo y el cariño que se va creando. Luego quedan esas experiencias compartidas en la retina y en la piel… que son para siempre. Y, como compruebo una y otra vez, más que el idioma, lo que importa es el lenguaje del corazón.

Gracias por tanto

 

Nací en Rusia y tengo 45 años. Mi marido y yo llevamos viviendo en Mallorca tres años. Nos llevó 6 años quedarme embarazada. Cuando finalmente ocurrió en julio de 2019, nada tenía mayor prioridad para nosotros que preparar al bebé, el nacimiento y la lactancia. Recibí muchos consejos de mis amigas que habían tenido hijos durante mucho tiempo. Todas encontraron sus nacimientos terribles excepto una amiga cercana que dijo que tuvo una doula en su nacimiento. Encontró hermoso el nacimiento de su primer hijo a pesar del dolor y la inducción de oxitocina.

Empecé a buscar Doula en Mallorca, en la búsqueda de Google el nombre de Llucia aparece como uno de los primeros y pronto me di cuenta de que tenía muchos años de experiencia. Desde el sexto mes de embarazo nos reuníamos 1-3 veces al mes en su casa, llegamos a conocernos muy bien. Llucia me dio unos libros muy buenos para leer sobre el embarazo, el nacimiento y los bebés. También me dio información de contactos importantes para mi, como la de una fisioterapeuta para el entrenamiento del suelo pélvico.

A través de las reuniones con Llucia mi marido Jürgen también cambió su actitud hacia el nacimiento, comprendió que la calma, la familiaridad y la intimidad son increíblemente importantes para un buen y rápido proceso de nacimiento. También disfruté mucho de la osteopatía y los masajes regulares de Llucia.

Cuando llegamos al hospital de Son Llàtzer en la tarde del 12 de marzo de 2020, tenía una temperatura ligeramente elevada. Debido a la crisis del coronavirus, las reglas para permanecer en la sala de partos se hicieron más estrictas: sólo se permitió la entrada de un acompañante. Aunque fue muy duro para nosotros, mi marido y yo decidimos que Llucia viniera conmigo. Mi marido se quedó fuera y fue informado regularmente por ella sobre los progresos. Esta fue en realidad la decisión más importante de todas, sin Llucia estoy convencida de que no hubiera encontrado la fuerza para dar a luz a nuestro hijo Dani relativamente rápido y sin problemas.

En la sala de partos me enteré de que tenía estreptococo positivo y que la fiebre pudo ser causada por él. Mi cuello del útero sólo estaba abierto 1 cm y tuve que ser inducida, ya que debido a la fiebre no podíamos esperar más. Las siguientes horas fueron como en un frenesí. No estaba realmente allí, estaba en el «Planeta Parto», seguramente también por la fiebre. Todo lo que me dijeron las comadronas, Llucia tuvo que repetirlo varias veces. Por supuesto, habíamos hecho un plan de parto, aunque debido a la fiebre, en realidad fue cancelado. Quería intentar pasar el parto sin la epidural, pero cuando la oxitocina empezó a hacer efecto, decidí bastante rápido que quería ponérmela. La anestesia no funcionó totalmente, rápidamente perdí la confianza de que lograría sobrevivir al nacimiento… si no fuera por Llucia. Me masajeó, me dio algo de beber, hizo que cada posición fuera más cómoda para mí y repitió una y otra vez que lo estaba haciendo todo muy bien. Las comadronas de Son Llàtzer fueron muy profesionales y humanas, pero por supuesto tuvieron que ocuparse de otros nacimientos. Llucia estuvo a mi lado toda la noche, se aseguró de que entendiera lo que estaba pasando, informó a mi marido. Pedí una cesárea varias veces en las siguientes horas. No podía creer a Llucia que me decía que lo iba a conseguir. Y luego, alrededor de las 5 a.m. las matronas dijeron que el cuello del útero ya se había abierto 10 centímetros. Fue entonces cuando llegó el peor dolor, quiero decir, no pude hacerlo más. Aquí Llucia repetía una y otra vez que estaba muy cerca de dar la bienvenida a Dani. La última fase fue increíblemente rápida, sólo 20 minutos. ¡¡A las 6:22 nació Dani!! ¡Lo hice con 45 años sin cesárea!

Mi marido y yo estamos infinitamente agradecidos a Llucia por todo lo que ha hecho por nosotros y por Dani. Han pasado dos semanas. Todos los días recibo mensajes de Llucia: pregunta cómo estamos, nos ha recomendado una gran asesora de lactancia, envía respuestas e información a todas nuestras preguntas.

Querida Llucia, nuestra gratitud hacia ti no tiene límites.

 

Testimonio original:

Ich bin gebürtiger Russin und 45 Jahre alt, mein Mann — 50. Seit drei Jahren leben wir auf Mallorca. Es hat 6 Jahre für uns gedauert bis wir schwanger wurden. Als es endlich im Juli 2019 soweit war, nichts hatte für uns höhere Priorität als sich auf das Baby, die Geburt und das Stillen vorzubereiten. Ich holte viele Ratschläge von meinen Freundinnen die lange schon Kinder hatten. Alle fanden ihre Geburten schrecklich bis auf einer engen Freundin, die sagte, dass sie eine Doula bei ihrer Geburt hatte. Sie empfand die Geburt ihres ersten Sohnes trotz Schmerzen und Induktion durch Oxitocin als schön.

Ich fing an nach Doula auf Mallorca zu suchen. Bei der Google-Suche kommt Llucia´s Name als einer der ersten. Mir wurde bald klar, dass Llucia viele Jahre Erfahrung mitbrachte. Wir trafen uns ab dem 6. Schwangerschaftsmonat 1-3 Mal pro Monat bei Llucia. Wir lernten uns richtig gut kennen. Llucia gab mir einige sehr gute Bücher zur Schwangerschaft, Geburt und Babys zu lesen. Sie hat mir auch weitere wichtige Kontaktdaten zur Osteopathin für das Beckenbodentraining usw. vermittelt. Durch die Vorbereitungstreffen mit Llucia hat mein Mann, Jürgen, auch seine Einstellung zur Geburt verändert. Er hat begriffen, dass Ruhe, Vertrautheit und Intimität unwahrscheinlich wichtig für guter und schneller Geburtsablauf sind. Ich habe auch sehr die regelmässigen Massagen von Llucia genossen.

Als wir abends am 12. März 2020 im Krankenhaus Son Llatzer ankamen, hatte ich etwas erhöhte Temperatur. Durch die Coronavirus-Krise wurden Aufenthaltsbestimmung im Kreissaal verschärft: Nur eine Begleitperson dürfte rein. Obwohl uns es sehr schwer viel, entschieden mein Mann und ich, dass Llucia mit mir mitkommen wird. Mein Mann bliebt draußen und wurde von Llucia über den Fortschritt regelmäßig informiert. Das war eigentlich die wichtige Entscheidung überhaupt. Ohne Llucia bin ich heute überzeugt, würde ich nicht die Kraft finden unseren Dani doch relativ schnell und unproblematisch zur Welt zu bringen.

Im Kreissaal habe ich erfahren, dass ich Streptococcus habe, der Fieber kam höchstwahrscheinlich bedingt durch Streptococcus. Der Muttermund war bei mir nur 1cm geöffnet und ich musste Induziert werden. Wegen dem Fieber konnten wir nicht länger warten. Die nächsten Stunden verliefen wie im Rausch. Ich war in der “Planeta Parto” — Llucia´s Ausdruck — aber auch durch Fieber nicht wirklich da. Alles was die Hebammen zu mir gesagt haben musste Llucia mehrmals wiederholen. Selbstverständlich auf Llucia´s Empfehlung haben wir Geburtsplan gemacht. Bedingt durch Fieber wurde auch er eigentlich gestrichen. Ich wollte versuchen ohne Epiduralanästhesie durch die Geburt zu kommen. Als der Oxitocin gewirkt hat, schrie ich ziemlich schnell, dass ich eine möchte. Die Anästhesie hat nich wirklich gewirkt, ich hatte schnell den Zuversicht verloren, dass ich es durch die Geburt schaffen werde….wenn nicht die Llucia. Sie hat mich massiert, zum trinken gegeben, hat jede Position für mich komfortabler gemacht und immer wieder wiederholt, dass ich alles toll mache. Die Hebammen von Son Llatzer waren sehr professionell und menschlich, mussten aber natürlich einige Geburten betreuen. Llucia war die ganze Nacht an meiner Seite, hat sichergestellt, dass ich verstehe was gerade passiert, hat meinen Mann informiert. Ich habe mehrmals im Laufe der nächsten Stunden nach einem Kaiserschnitt gebeten. Ich konnte der Llucia nicht wirklich glauben, dass ich es auch so schaffen werde. Und dann gegen 5 Uhr morgens sagten die Hebammen, dass der Muttermund bereits 10 cm geöffnet ist. Da kamen die schlimmsten Schmerzen, ich meinte, ich konnte nicht mehr. Hier wiederholte Llucia immer wieder, dass ich sehr kurz davor bin Dani zu begrüßen. Die letzte Phase verlief tatsächlich unglaublich schnell, nur 20 Minuten. Um 6:22 kam der Dani zu Welt!!!! Ich habe es mit 45 ohne Kaiserschnitt geschafft!

Mein Mann und ich sind Llucia für alles was sie für uns und Dani getan hat unendlich dankbar. Es sind bereits 2 Wochen her. Jeden Tag bekomme ich Nachrichten von Llucia: Sie erkundigt sich wie es uns geht, hat uns eine tolle Stillberaterin empfohlen, schickt Antworten und Informationen zu allen unseren Fragen.

Liebe Llucia — unsere Dankbarkeit an Dich hat keine Grenzen!

 

acompañArte