La vida de una doula es muy excitante

Estaba yo hablando con una compañera doula, con la que me tenía que coordinar para suplirme, en caso de que se me amontonaran los acompañamientos, cuando le dije precisamente eso: «la vida de una doula es muy excitante». Y, ese mismo día, se escenificó en todos sus matices esta vivencia aunque, con la ayuda del Universo, todo se colocó para que cada doulaje, ocupara su lugar.

Fue un día extraordinario, ya que en menos de 24 horas acompañé tres partos encadenados como doula, cada uno con sus propias características. Se veía venir, porque cuando estoy de guardia de varios partos, generalmente van sucediendo en sus «tempos» y de forma natural se separan por días… pero si ninguno se activa y nos vamos acercando a sus fechas finales, en algún momento se tienen que desencadenar. Y todo ello lo tengo que combinar con mis otras obligaciones cotidianas. He aprendido a sostenerlo a través de la experiencia a lo largo de los años, que me ayuda a confiar.

Yo suelo CONFIAR, así, en mayúsculas. Confío en la vida, en el cuerpo de las mujeres, en los bebés, en mi fuerza interior, en las sincronicidades,… aunque a veces me de vértigo entregarme a lo que acontece. Pero solo puedo decir que me entrego totalmente en cada experiencia y que la «suerte» me acompaña.

A primera hora de la tarde, una mamá tuvo cesárea programada…  es muy especial acompañar la decisión y el sentimiento de una mujer que renuncia a su deseo de parir de forma vaginal para proteger la salud de su bebé por recomendación médica, ya que necesita mucho amor y coraje interior para transitar un cambio de planes tan inesperado. El acompañamiento fue, sobre todo, en los momentos difíciles de su toma de decisión y, más tarde, a través de las palabras de ánimo justo antes y después de su experiencia. Me emocioné mucho cuando me envió la foto con su bebé en brazos, junto a su marido, Pero, aún, no se habían acabado las sorpresas ya que tuvo que aceptar que los nuevos protocolos del hospital no permitían que yo fuera a acompañarla en su primera noche post cesárea, para que su marido fuera a cuidar a su hijo mayor y yo la ayudara con la lactancia. Toda una madre coraje.

A última hora de la tarde, mientras acababa la visita con una mujer que desea sea su doula durante el proceso de su segunda maternidad, recibí la llamada de Mikel, el comadrón del equipo de parto en casa con el que trabajo habitualmente. La mujer estaba con contracciones bastante seguidas en su casa, a una hora de camino en coche desde la mía, que para la isla de Mallorca, es literalmente la otra punta. Al llegar ya se veía que transitaba la fase activa de parto, y Mikel comprobó que estaba de 6 cm, así que fue una dilatación bastante rápida y potente, con un expulsivo muy potente y más largo que la media… aún tengo agujetas en varias partes del cuerpo, por las diferentes ayudas físicas que estuvimos practicando las dos doulas, bajo la guía del comadrón. Al nacer la bebé, vimos porqué le costó tanto atravesar la pelvis, ya que además de ser bastante grande, venía mirando hacia arriba, una posición que dificulta ese paso, aunque queda claro que siempre se puede apoyar con recursos, para que todo acabe bien. Y, desde luego, fui testigo de otra madre coraje.

Después de dejar su casa arreglada y a la madre muy tranquila y feliz dando de mamar a su hija, me volví para mi casa a descansar de tanta intensidad. Sobre las 4h de la madrugada, cuando estaba a punto de quedarme dormida, recibí la llamada de la tercera mujer, que por fin sentía que estaba de parto, después de varios días con pródromos más o menos intensos, pero que no acababan de arrancar. En este caso estaba a media hora de camino y cuando llegué, también había una dinámica potente, que la mujer llevaba muy bien. Allí estuvimos los tres en la danza sagrada del parto, viendo como la intensidad iba llevando a la madre desde el infinito al más allá. Hasta ese momento en que ella siente que toca partir hacia el hospital. En este caso, mi acompañamiento físico era durante la dilatación y, desde ahí, solo quedaba esperar y desear, que ese viaje iniciático en su casa, acompañada de su doula y su pareja, le llevara más cerca de conseguir su nacimiento deseado: parto vaginal sin epidural, después de cesárea. Horas más tarde pude saber que llegó de 7 cm al hospital, que en muy poco tiempo se pudo en dilatación completa y que el expulsivo fue arduo pero, con ayuda de los profesionales, llegó a buen puerto. Y pude presenciar a una madre coraje más.

Por mi parte, sobre las 7’30h de la mañana llegué despejada, cansada, feliz y llena de oxitocina a mi casa. Aún sin poderme creer lo que acababa de vivir. La foto de la portada es el aspecto que tenía el amanecer desde la terraza de mi casa.

Y, por fin me fui a dormir,

convencida de que mi profesión de DOULA es la más bonita del mundo

y mi vida… ES MUY EXCITANTE

 

 

 

 

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