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Testimonio parto doula Llucia

Testimonio de Daniela, Samuel y Ana (23-12-17)

Daniela y Samuel me consultaron como doula cuando ya estaban en una fase avanzada del embarazo.  Como ella misma cuenta, se le despertaron miedos hacia el parto y la maternidad de los que no había sido consciente hasta aquel momento y comentándolo en sus clases de yoga para embarazadas, resultó que “casualmente” yo era la doula de una compañera suya que le comentó lo mucho que le estaba ayudando contar conmigo y saber que iba a estar con ellos en el parto.

Aunque no sabían muy bien cómo les podía ayudar o qué podían esperar de mi, después de dos encuentros como doula y otros dos como terapeuta (dos formas de abordajes diferentes, pero que se complementan de forma fantástica) pude observar una hermosa transformación. Daniela pasó de tener mucho miedo, a esperar con verdadera presencia y alegría el nacimiento de su hija. Ellos son una familia cristiana practicante y resulta que su semana 40 de embarazo tenía fecha del 23 de diciembre, Daniela recordó que la madre de Jesús hacía más de 2000 años había estado en una tesitura similar, pero en condiciones mucho más precarias, esa conexión le aportó una complicidad especial para pasar los últimos días de embarazo.

Y fue precioso estar cerca de ellos, ver desplegar su potencialidad como mujer y como madre, con la compañía atenta de su marido, aceptando los retos que le puso delante la vida y atravesando cada etapa con coraje. Nunca deja de sorprenderme de lo que somos capaces las mujeres y con Daniela soy testigo de una maduración personal muy especial, ya que claramente hay un antes y un después  de su nacimiento como madre.

Ha aquí la experiencia con sus propias palabras:

Mi encuentro con Llucia como doula hizo que mi experiencia del parto cambiara del cielo a la tierra, mis miedos rápidamente se transformaron y sacando lo mejor de mi misma tuve un parto del que hoy me siento muy orgullosa.

Todo comenzó hace unos meses, ha medida que se acercaba el parto comenzaron a surgir en mí todos esos miedos inconscientes que algunas veces tapamos y otras no queremos ver. Pero, tal como es la maternidad, comenzaron a salir y ya no pude controlarlos. Sentía además que eran miedos ancestrales como yo les llamé, miedos del pasado, de mis antepasados, etc. Y de la nada empecé a darme cuenta que estos miedos no estaban solo en el plano psicológico sino que podrían afectar significativamente el curso del parto. Sentí que podía pasar de tener una experiencia estresante y llena de miedos que a su vez podía traer complicaciones a una experiencia llena de amor, paz y tranquilidad.

Llucia me ayudó a conectarme conmigo misma y mi bebé, a aceptar mis miedos, conocerlos mejor y trabajar sobre lo que podía hacer para apaciguarlos. Masajes, conversaciones, relajaciones, todo fue dando paso a una sensación de paz, de orgullo y sin darme cuenta ya quería que viniera el parto y ¡con muchísima ilusión!!

Todo este proceso además lo viví con mi marido, fuimos juntos a cada sesión, a cada encuentro y fuimos formando con Llucia un lazo que no olvidaremos jamás y del cual estamos y estaremos siempre profundamente agradecidos.

El día del parto llegó y, como siempre, nada sale según nuestros planes, pero eso era algo que también habíamos hablado previamente con nuestra doula. Nos dijeron que deberíamos inducir el parto por falta de líquido amniótico y, en vez de alertarnos, hicimos todo con mucha paz y tranquilidad. Al llegar al hospital y empezar con la preinduccion ¡¡comenzó el parto!! Llucia nos acompañó en todo momento, llena de detalles, de mimos, un apoyo que nunca olvidaré. Sacando lo mejor de mí, sintiéndome valiente logré tener un parto natural, a pesar de que al inducir sabía que era más probable que terminara en cesárea, … ¡Logramos con mi hija Ana tener un parto natural, lleno de amor!!

Me siento muy orgullosa de mí misma, de mi hija, de mi marido y de Llucia! Formamos un equipo y logramos juntos que la experiencia de embarazo y parto fuese en paz, con tranquilidad y con diferencia, la mejor experiencia posible.

Daniela

familia con doula

Contactamos con Lucia como doula para el primer embarazo de mi mujer. La experiencia ha sido excepcional en todos los aspectos, Llucia es una gran profesional, tanto por sus conocimientos y su experiencia, como por su personalidad y su disponibilidad.

Nos ha acompañado a partir de la semana 36 con dos sesiones de osteopatía (ya que, además, es osteópata y masajista), dos encuentros para aclarar nuestras dudas como doula, ha estado presente  durante todo el parto y nos ha visitado una semana después para hacer seguimiento de la lactancia materna.

Ademas de todo eso, estuvo siempre disponible cada vez que teníamos dudas o preguntas, también cuando mi mujer tenía dolores o contracciones en medio de la noche.  Por mi lado, como compañero de primeriza, puedo decir que para mi ha sido importante contar con una doula, dado que no tenía experiencia y sentía que tampoco tenía herramientas para ayudar a mi mujer durante esta etapa de la vida. Es un momento en el cual hay muchas dudas, miedos, dolores y tener una profesional como Llucia, así de completa,  fue fenomenal. La recomiendo a todo el mundo. Lo repetiremos seguro si viene un segundo 🙂

Samuel

acompañArte

 

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Morir antes de nacer: testimonio de amor puro

“Ninguna madre está preparada para que le den la noticia de que su hijo/a ha muerto. NUNCA. Es igual el tiempo de vida del/a niño/a. Cuando es a partir de la semana 28 del embarazo, en el parto o dentro de los 7 primeros días de nacer, se le llama “muerte perinatal“. Hay otras maneras de llamarlo cuando este evento sucede antes de la semana 28 o después de la primera semana de vida, pero eso no tiene ninguna importancia ante el dolor de la pérdida. En la gran mayoría de los casos no se sabe cuál es la razón de que esto suceda, ni siquiera aunque hagan la autopsia, simplemente son cosas que pasan.

Como doula, estar cerca de una mujer que vive esta experiencia, siempre me toca el corazón, desde una mirada tan cercana siento que se crean lazos sutiles con esa familia. En estos casos, el acompañamiento emocional requiere aún de más delicadeza, es una invitación a afinar los sentidos, estando Presente desde el amor. Las palabras o los gestos solo caben auténticos, para poder sostener sin invadir, sentir sin perderse. Todo ello sin olvidar los aspectos prácticos, cuando una mujer ha de parir su bebé fallecido, sigue teniendo los mismos derechos y necesidades (y quizás alguna más) con respecto a su parto y va a tomar difíciles decisiones mientras está en un estado emocional muy vulnerable. 

Las madres necesitan de un gran coraje para atravesar toda la experiencia y el recuerdo de ese amor, mezclado con un dolor tan grande, es algo que siempre las acompaña, pasen los años que pasen.

Esta mamá escribe a su hijo fallecido, en sus palabras se muestra un corazón que palpita triste pero repleto de amor incondicional y expresa su agradecimiento por lo que significó para ella la atención profesional y humana de su ginecóloga y el acompañamiento emocional de su doula.

Gracias por el privilegio de estar cerca, de corazón a corazón“.

 

Querido hijo mío …

Hoy ya hace tres semanas que te sentí por última vez dentro de mí … Sé que aquellas tres pataditas, tan esperadas todo el día, fueron tu manera de decirme adiós … de decirme que había llegado la hora de irte …

Han sido unos meses más bien difíciles … El hecho de que supiéramos que serías un niño tan especial hizo que incluso te quisiéramos más y más, y que apostáramos por ti más que nunca. Verte en cada eco, como todo iba por buen camino, nos llenaba el corazón de Felicidad … Las últimas semanas estuvimos muy tristes cuando nos dijeron que tendrías que pasar por una operación justo al nacer. Nuestro corazón se encogía y sufría de pensar con nuestro pequeño Príncipe lejos de nosotros y teniendo que pasar por todo esto … Pero así es la Vida … Y cuando ya sólo pensábamos en el momento de tenerte entre nosotros, la Vida ha decidido que NO, que tiene otro camino para TI, para nosotros ….

Han sido y son unos días muy duros … Siento como mi alma se rompe, como todos los sueños e ilusiones se esfuman, … como la Vida duele.

Pero también hemos aprendido, contigo entre nuestros brazos, lo que es el Amor verdadero, el Amor incondicional … el sabor de un beso no correspondido, de una caricia que nunca más volveremos a dar … Yo me sentí MADRE con este sentimiento de Amor PURO, sabiendo que al cabo de poco, nunca más te volvería a ver …

Para mí está siendo la experiencia más dura que nunca he vivido … La Vida ha tenido una forma muy cruel de decirnos que nada nos pertenece …

Pero nunca, nunca cambiaría estas 33 semanas que estuviste dentro de mí … Sin duda las mejores de mi Vida … Aparte de que quiero dar las gracias porque en este camino nos hemos cruzado con gente maravillosa … en Son Espases … con la ginecóloga Rosa Ruiz de Gopegui al frente. Nunca habíamos conocido una profesional del mundo sanitario con tantos sentimientos, tan empática, tan humana … Gracias a ella todo fue un poco menos duro …

De la Seguridad Social, ¿qué decir?

Ingresamos un jueves por la mañana y empezaron a inducirme el parto … y hasta el domingo al mediodía no te conocí, el Gran Amor de mi Vida … Fueron tres días muy duros … de mucho daño físico, debido a todas las maneras que probaron para ayudarme a dilatar, aunque el dolor real era el del Corazón, roto en mil pedazos …

Estuve todo el jueves y hasta el viernes en la tarde en ayunas … sin saber por qué … Sabiendo a lo que me tenía que enfrentar, sentía que tenía que estar más fuerte que nunca …. Esto es una de las cosas que no entendí … igual que la falta de información durante el sábado, cuando nadie nos decía nada y todo seguía igual … .Y a la hora de haber parido, echamos de menos apoyo psicológico de alguien del hospital …., ya que todo junto se hacía muy difícil de llevar ….

Pero tuve la gran suerte, el gran regalo, de haber conocido muy poco tiempo antes a una DOULA, a Llucia …. Un ÁNGEL … su abrazo el mismo jueves …. sus dulces palabras, sus explicaciones de lo que iba aconteciendo, sus mensajes en todo momento, su TODO …. hizo que pudiera decirte adiós poco a poco y en PAZ, que me sintiera tranquila y fuerte en cada momento … Estoy muy agradecida porque haya estado en estos momentos a nuestro lado … de CORAZÓN … sin pedir nada a cambio …

¡Ojalá que podamos compartir momentos más dulces juntas!

También estoy agradecida por todo el apoyo que hemos tenido de tanta gente: familia, amigos, compañeros, … no nos hemos sentido solos en ningún momento … y eso no tiene precio ….

Nuestro Amor hacia TI, querido hijo, es infinito y eterno …

Estés donde estés y pase el tiempo que pase … siempre estarás en nuestro corazón ….

Te pedimos que cuides de todos nosotros, que nos des la Fuerza necesaria para que tu recuerdo no nos haga daño …. y espéranos para que podamos darte todo el Amor que en esta Vida no se nos ha permitido …. y que sepas que TU, eres lo mejor que nunca nos ha pasado …

Te queremos hoy y SIEMPRE.

G & N

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Testimonio de Clara (16-07-17)

Mi nombre es Clara y en el embarazo de mi segundo hijo me acompañó mi Doula Llucia Mir.

Yo decidí tener una Doula porque en el parto de mi primer hijo me sentí muy desconectada del proceso y fue un parto bastante traumático. Mi pareja y yo nos asustamos así que, en vez de darle la bienvenida a nuestro hijo con tranquilidad y amor, fue un día lleno de miedo y falta de comunicación.

Con mi segundo hijo hice una preparación diferente, fui conociendo a Llucia en diferentes encuentros donde recibía sus masajes y, además, hablábamos sobre el tipo de apoyo que quería durante el parto, de mis experiencias previas en el parto anterior y que cosas eran importantes para mí.

Yo queria tener a mi Doula y a mi pareja durante el parto en un hospital público, para que mi pareja pudiera ver un parto normal sin tener que ser la única persona de apoyo.

Cuando al final llegó el parto tuve contracciones todo el día que primero fueron suaves y que se pusieron muy potentes cuando llegó la noche. Llamé a Llucia para decirle que tenía contracciones y ella me preguntó si quería que viniera y yo preferí que no porque lo llevaba bien. Mi plan era quedarme en casa el máximo de tiempo posible para intentar aguantar el dolor allí, sin la opción de los analgésicos.

¡Logré mi meta! Y me quedé en casa casi un poco demasiado. Sobre las 10h de la noche llamamos a Llucia para decirle que salíamos para el hospital. El primer plan era ir al hospital de Inca. Pero mis contracciones eran tan fuertes que yo fui incapaz de subirme al coche. Nosotros estábamos en Soller y me dí cuenta que no nos daría tiempo llegar al hospital de Inca porque me daba la sensación que el bebe ya llegaba. Así que llamamos a LLucia y le dijimos que nos ibamos a Son Espases que quedaba mas cerca.

Finalmente, con la sugerencia de mi doula, logré meterme en el coche a cuatro patas y enseguida llegamos a Son Espaces. LLucia nos esperaba en el parking. Me acogió y dijo que seguramente yo ya estaba para empujar. Entré en el hospital con los ojos cerrados porque la luz me molestaba. Y cantando (gritando) con las contracciones. Me trajeron una silla de ruedas y les dije que no me podía sentar, entonces LLucia les pidió que me trajeran una camilla para que pudiera seguir a cuatro patas.

Me subieron a una sala donde querían examinarme, tenían las luces muy fuertes y les dije que las apagaran, empezaron diciendo que no, que como podrían examinarme. Les dije que me daba igual pero que apagaran las luces. Las apagaron. Yo estaba de 10 cm de dilatación.

Me llevaron a paritorio y me preguntaron quién quería que me acompañara y pedí que fueran los dos, pero se negaron, y elegí a Llucia.

El expulsivo fue largo y tuve en total cuatro comadronas diferentes apoyándome, todas fueron muy respetuosas y majas. Llucia me hacía masajes y me animaba, me daba zumo y me refrescaba la frente. Ella era una fuente de paz y de apoyo. Como una columna soportaba mi peso físico y apoyando silenciosamente con palabras, de vez en cuando, mi trabajo de parto. Tenerla a mi lado fue lo mejor que hice para poder seguir adelante con mi parto y para conseguir un parto respetuoso para mi hijo.

¡Estoy tan contenta de poder haber tenido un parto así!. Muchas veces pienso en este parto y me hace sentir fuerte y orgullosa de mi misma. Con este segundo parto sané mis heridas del parto traumático de mi primer hijo.

Clara

 

“Es bastante común que una mujer que ha tenido un parto traumático busque una doula durante el embarazo de su siguiente hijo, porque es consciente de cuanto puede cambiar la experiencia con un acompañamiento personalizado, respetuoso y continuo desde el inicio hasta el final del proceso.

Es más frecuente de lo  que parece, que los partos se sientan como traumáticos, no tanto por lo que sucedió, sino por la falta de información durante el mismo y por un trato poco respetuoso de parte de los profesionales que lo atienden. Así que, muchas veces, también las parejas toman otra clase de decisiones sobre el hospital al que quieren acudir.

En el caso de Clara, cuando su parto, en un espacio corto de tiempo, cogió una dinámica muy acelerada, tuvo que decidir acudir al que le quedaba más cerca.

¡Que difícil es para una mujer que llega con las contracciones seguidas y potentes, someterse al protocolo típico establecido! ¿Cómo se va a poder sentar en una silla de ruedas o en la butaca de las correas?, ¿Cómo va a vivir las luces excesivas o poder responder las preguntas del personal?, y ¿Por qué , en un momento tan delicado, le hacen escoger entre su pareja o su doula? Son cosas que no tienen sentido.

Clara en lo único que cedió fue a escoger entre su pareja y su doula, era algo que ya tenían hablado por si llegaba el caso, y no tenía sentido ponerse a discutir sobre ello con el personal sanitario, estando además de 10 cm.

En todo lo demás se posicionó en su mujer “Loba” y no daba pie a réplica, ella no puede acordarse porque estaba habitando plenamente su Planeta Parto, pero fui testigo de como estaba  totalmente conectada y de como se hacia respetar con una mirada o con una escueta respuesta de SI o de NO.

A pesar de llegar dilatada de 10 cm, el expulsivo se alargó durante unas 3 horas y llegaron a pasar varias comadronas por paritorio, en ese tiempo le quisieron aplicar diferentes protocolos y ella tuvo muy clara su respuesta en cada situación. Se dejó asesorar, aceptó algunas propuestas que pudieran ayudarla a avanzar en la bajada del bebé, pero predominó todo el tiempo la conexión con su propio instinto.

SENTÍ QUE CUANDO UNA MUJER COGE TODO SU PODER, NO HAY NADA QUE LA PARE.

En su momento no lo compartí con ella, pero se que el comentario entre las comadronas sobre su parto fue: “las mujeres que vienen con doula saben bien lo que quieren”.

Y eso solo lo consigue cada mujer que toma el Poder por sí misma, ya que nadie habla nunca en su nombre, es suficiente contar con alguien que está a su lado y apoya cada una de sus decisiones, sean cuales sean y sin juzgarla.

Y siento que no solo la mujer/madre/loba sale reforzada de esa experiencia, sino que las demás mujeres  del mundo (sean testigos o  no) “resonamos” en ese Poder de forma automática”.

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Comadrona, pareja, doula…¡GRACIAS! (15-05-16)

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que lo han hecho posible…mi primer parto fue a los 35 años, en la sala de un hospital, blanco y frío, acompañada por mis miedos, el padre de mi bebe,…una comadrona a la que nunca había visto en mi vida, una enfermera fría y dura como un tomate verde, arrancado antes de madurar,… y el deseo que todo fuera bien, de la mejor manera posible.

Fue un parto “relativamente fácil”, ya que parece ser soy “buena parturienta”…hija de la última hija de mi querida abuela que parió 14 hijos …en el campo con una buena mujer que se dedicaba a asistir los partos en casa en aquellas épocas…

Pero no fue “tan fácil” para mí, con ese “cable” colocado en vena “por las dudas“, “por si hace falta algo”. No quise epidural, estuve haciendo el trabajo de parto en una “cama”, aunque aún no entiendo la razón. Motivo que retrasó el parto natural, ya que no me permitían ponerme en  posturas que me resultaran más cómoda … o si lo “permitían” con ese cable colgando de mi brazo, no sabía cómo hacerlo. Casi voy a cesárea. Al final parí en otra sala helada, sentada en una silla de “lata” para comodidad del personal sanitario….salió todo bien, pero, ¿podría haber sido diferente?.

Sí…Siete años y medio más tarde estaba pariendo tranquila y relajada, en mi punto de encaje, siendo yo misma. Acompañada por mi pareja, mi doula y una comadrona que nos  permitió estar juntos dentro de paritorio … que paz y que tranquilidad,… cuando ví que era posible, medio parto estaba hecho, entonces pude contar con mi pareja que hacía años estaba conmigo y nos conocemos bien y mi doula que me estaba acompañando desde mis primeros meses de embarazo, en el deseo de sentirme acompañada por una mujer y haciéndolo realidad.

Esta vez todo era diferente, no me colocaron “ese cable en el brazo, por las dudas”, la sala de dilatación era agradable, en colores pasteles, podía moverme con libertad, utilizar una pelota de goma gigante para sentarme en ella en cada contracción, relajar mi suelo pélvico, sentir la mirada de mi pareja y el cuerpo de mi doula a mi lado…sosteniéndome sin interferir en el proceso… luego pasamos a una habitación aún más cálida e íntima, pudiéndome mover y adoptar la postura que mi parir me pedía, tanto la comadrona como la doula y mi pareja estaban por nosotras…disponibles…en todo momento dándonos a mi  y a mi hija el papel protagonista del suceder sin perder ellas el suyo, lo hicieron impecablemente el “saber estar” siendo ellas mismas, desde su corazón y su sapiencia…así en ese ambiente humano, cálido y adecuado parí a mi querida segunda  hija….la parimos entre todas…el parto pudo ser diferente…a nuestro favor…a nuestra manera …natural, humana…en un hospital público, con los mejores medios humanos y los tecnológicos que, gracias a Dios, no fueron necesarios.

Gracias a mi doula Llucia Mir por su acompañamiento y a la comadrona Jessica por haberlo permitido, gracias a mi pareja porque juntos dimos el pie inicial a toda esta aventura, y gracias a Dios por la maravilla de esta experiencia humana.

¡GRACIAS!

Karina y Celeste

 

“Karina me pidió que fuera su doula desde el inicio de su segundo embarazo, tenía claro que quería sentirse acompañada por una mujer durante todo el proceso. Ella es muy dulce y sabe lo que quiere, pero le encanta confirmar sus intuiciones  con las personas que le inspiran confianza.

Tuvo un parto muy consciente, con una progresión lenta al principio y que luego avanzó de forma muy rápida desde los 5 cm a los 10 cm. En ese espacio de tiempo, mientras habitaba su Planeta Parto, su cuerpo “bailaba” mientras sus brazos rodeaban mi cuello,…y una gran fuerza se apoderó del proceso, permitiendo una fluidez que le acompañó hasta el final, en un expulsivo también corto y potente.

Estar cerca de su familia desde el  principio del embarazo, en el parto y durante el proceso de crianza ha creado una relación muy especial entre nosotras, de tal manera que incluso tuve el honor de ser invitada a su preciosa boda, reservada a sus amigos más íntimos.

Hemos vivido muchas anécdotas juntas, en nuestro contacto continuo es de las personas que me han preguntado las cosas más increibles, porque ella sabe que no importa lo absurdo o pequeño que les pueda parecer a los demás lo que ella siente, porque yo entiendo que todo es importante, porque lo importante es lo que siente cada madre y que lo pueda compartir.

Y así, lo sencillo se convierte en arma de creación masiva”.

 

Familia de Karina con su doula

 

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Parto Karina

Testimonio de Karina y Celeste (13-05-19)

Una doula es la mujer sabia de la tribu que te escucha y sobretodo te contiene y sostiene…..nunca mejor dicho….en uno de los momentos más importantes de la vida de un ser humano, parir y nacer…todas las mujeres vivirían el parto de una manera mucho más humana si cuentan con una doula, una buena matrona y una pareja presente… lo propongo como un derecho humano básico a partir de ahora para toda parturienta, para toda pareja, para todo bebé.

matronas sed humildes y sabias y dejaros ayudar.
Karina y Celeste

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Testimonio de Rosa y Nuria (16-04-18)

Me quedé embarazada por segunda vez y una amiga me pidió ¿tendrás doula? ¿parto en casa? Yo pensé ¿para qué?.

Pero en el 7º mes de embarazo empecé a tener un poco de depresión, inseguridad repentina para todo … Me informé sobre las doulas, conocí algunas y decidí tener una. Quería estar el máximo de tiempo en casa cuando me pusiera de parto para poder partir hacia el hospital sin interrupciones (como me pasó en el anterior parto).

Quería que la doula me ayudara a sentirme protegida y segura a la hora de pedir lo que quería al equipo hospitalario, que pudiera responderme a las dudas del último momento si me sentía perdida …

Para mí tener una doula, confiar en la experiencia y en la persona de Llucia Mir ha significado confiar en mí misma, estar tranquila los últimos días de embarazo, de que alguien con experiencia estuviera a mi lado, pendiente de mí y de mi parto.

Cuando me puse de parto vino enseguida, ayudaba a mi pareja con todo lo que yo iba pidiendo y necesitando, junto con la matrona del hospital; allí dentro no faltaba ni sobraba nadie. Entre todos me daban soporte físico y emocional.

Un equipo 10 formaron todos juntos, en esta experiencia tan importante en la vida, este momento en que se ha de dar todo lo mejor para la mujer que está de parto. Para que sea unos de los mejores momentos de su vida, que no olvidará.

Gracias al equipo del hospital por dejar entrar la doula y la pareja al mismo tiempo. Gracias a mi doula Llucia, la matrona Bárbara y mi pareja por este parto tan bonito, quería que mi segundo y último parto de mi vida fuera diferente, mejor y lo más natural posible para saber qué es parir por mi misma.

¡Gracias Universo!

Rosa Llull

 

“Cuando Rosa se puso en contacto conmigo estaba pasando un momento personal de incertidumbre, recordaba cosas que sucedieron en su parto anterior con las que se había sentido incómoda, tenía dudas sobre sus capacidades e incluso sobre donde parir.

Ya al final del primer encuentro hubo un cambio evidente, compartir sus pensamientos con alguien que los comprendía supuso un alivio, y seguir reflexionando sobre los sentimientos asociados le ayudó a desenmarañar lo que quería y cómo lo quería. Desde ahí su energía se centró y pudo descansar en la confianza en sí misma que, momentáneamente, había perdido. Elaborar el Plan de Parto y entenderlo, le acabó de aclarar y sentir que tomaba las riendas.

Rosa se puso de parto en la semana 41+ 4, los últimos diez días estuvimos en contacto diario a través del teléfono, me contaba cómo se sentía, qué sensaciones físicas tenía, qué le había dicho la ginecóloga,… en esa fase de dulce espera, en la que se va acercando el momento  y cuando ya se sienten unas ganas cada vez más fuertes de parir y conocer a tu hija.

Por fin rompió aguas, estando en el hospital y justo antes de la revisión por la ginecóloga, pero al ser aguas teñidas, la recomendación que le hicieron fue quedarse en paritorio e inducir el parto. No era el inicio que ella había deseado ni el que se había imaginado y, aún así, cuando fuí al hospital justo al iniciar la inducción, ella estaba serena y preparada.

Solo bastó el primer impulso de la oxitocina, se ve que todo  estaba a punto, entró en una dinámica de parto en la que su cuerpo respondió dilatando de forma muy rápida, todo el proceso activo duró apenas unas dos horas. Estuvimos juntos en paritorio en un parto natural, rápido y respetado. Una experiencia preciosa, con una complicidad muy bonita con las comadronas“.

 

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Dámaris con su doula

Hacer posible lo difícil (16-05-17)

Jamás imaginé que el simple y legítimo acto de parir supusiera una lucha por conquistar el derecho a guiarnos por nuestro cuerpo e instinto primitivo, derecho de ser acompañadas por nuestros seres queridos y derecho de gozar de tiempo para nacer.

Mis dos experiencias de parto hospitalarias han supuesto algo maravilloso para mí, no sólo por el positivo desarrollo del trabajo de parto sino también por sentir que hacíamos posible lo que parecía difícil en terreno hospitalario: crear una atmósfera de AMOR, colaboración y vinculación humana con los profesionales médicos. 

Nur nació rompiendo todos los protocolos médicos (más de 24h de bolsa rota, más de 2 días de contracciones, 1 día de dilatación, firmando alta voluntaria tras rechazar la inducción y exigiendo la presencia de mi Doula y mi marido en todo momento). Nur vino con todo su derecho de nacer en el momento preciso y tanto ella como yo nos tomamos el tiempo para atravesarlo sin condicionarnos por los ginecólogos, deseosos de intervenir “y agilizarlo todo”, como si el hecho de nacer más rápido significase nacer mejor.

Todo ello estuvo apoyado por la presencia y el respeto del padre y de grandes profesionales, la matrona Loles y nuestra Doula Llucia Mir, que aunaron fuerzas y me trasmitieron cariño y serenidad, escuchando activamente mis necesidades y sirviendo al trabajo de parto antes que a las máquinas y los números redondos de cómo debe desarrollarse un parto.

Senda nació con el mismo acompañamiento y con la dilatación en bañera, un gran avance en el sistema sanitario público. Fue un parto más corto, nos asistieron varias matronas, además estuvo mi Doula en todo momento junto con mi marido ayudando a los profesionales, en servicio del nacimiento.

Gracias a los profesionales, grandes personas que aman su trabajo y dan sentido a la locura hospitalaria y, también, gracias a que todos éramos conscientes de cuáles eran nuestros derechos y cuál nuestro lugar, pudieron ser GRANDES EXPERIENCIAS DE PODER, CON UNA VERDAD HUMANA QUE HACE POSIBLE LO IMPOSIBLE.

Dámaris, Nur y Senda

 

“Con Dámaris nos conocimos de casualidad, ella es cantante y su marido músico, y estaban actuando en la boda de unos queridos amigos. Entonces ella hacía muy poco que sabía que estaba embarazada y, ni puedo recordar como, al acercarme a felicitarla por su preciosa actuación, acabamos hablando de su embarazo y se enteró que yo era doula.

Se le iluminó la cara cuando supo de qué se trataba, algo en su interior hizo un click y, como siempre ha dicho, era justo lo que necesitaba en ese momento. Algo que, curiosamente, le sucede a más mujeres.

Se informó de todo aquello que para ella era un mundo nuevo, sintió que era el lenguaje y la actitud que necesitaba para entender, para posicionarse, para saber lo que quería,…

Su primer parto fue de esos que antes llamaban “el parto de la burra”, como ella misma explica fue muy largo, entre empezar y pararse, e incluso cuando al fin cogió dinámica. Durante todo el proceso la pareja tuvo que tomar diversas decisiones importantes. Cada vez que se enfrentaron a ellas, se concedieron a sí mismos el tiempo para pensarlo y hablarlo entre ellos, luego sostuvieron juntos esa decisión delante de los profesionales y firmaron lo que hiciera falta. Doy fe de que nunca son decisiones fáciles, porque sienten la presión de los profesionales que tienen un criterio diferente, así que la propia opinión debe ser muy clara para poderla sostener.

La comadrona que atendió el parto cuando ya entramos en paritorio fue también todo un ejemplo de profesional empoderada, escuchó cada necesidad de Dámaris y se alió con ella. No todas sus compañeras estaban de acuerdo en que estuviera la madre con su pareja y su doula, tampoco aceptaban que no quisiera ponerse antibiótico de forma preventiva, o que la madre quisiera moverse a su antojo, …y sobretodo, supo sostener su criterio profesional delante de la ginecóloga de guardia que quería intervenir. Y doy fe también, de que nada de todo esto es fácil porque demasiadas veces he visto “ceder” a las profesionales a la presión externa, y en contra de sus propios criterios.

Cuando conoces a una mujer antes de tener hijos, es frecuente ver la gran transformación que sucede en todo su SER y si, además, esa mujer consigue sentirse empoderada en cada uno de los aspectos que le conciernen durante sus partos, y más si es contra viento y marea, la transformación es enorme, como mujer y como persona“.

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Testimonio de Patri y Axl (16-04-22)

Y mi segundo parto volvió a ser cesárea, y muchos pensarán que no tuve el parto deseado. A pesar de quererlo con todas mis fuerzas, de tener todo el apoyo de mi pareja, de la luz de nuestra Doula, de la implicación de todo el equipo médico. No lo tuve aunque desde el primer momento sintiera un cúmulo de contracciones que no hacían esperar tal final, de una intensidad que ni a la cara podía mirar al personal, pasé horas con los ojos cerrados, escuchando a nuestra Doula, las puertas con las matronas entrando y saliendo, intentando hablar conmigo, agarrándome a una cuerda dando escape al dolor, no lo tuve aunque los ginecólogos, matronas, Doula y mi marido colaborarán de forma respetuosa para tal fin.

No lo tuve a pesar de estar informada, entrenada, dispuesta a dejarme llevar por el momento. . .

Y muchos seguirán pensando que a pesar de todo no lo tuve.

Y yo con nuestro bebé ya en casa, doy las gracias a todos por el esfuerzo .

Porque gracias a vosotros lo que no tuve en ningún momento fue miedo.

Sentí que podía hacerlo, que podía soportarlo, que el dolor me acercaba al final, que de todos los malestares este es el más bonito, el que te hace crecer, y conecta a toda la orquesta humana que empujaba a nacer a nuestro bebé, de forma respetuosa y con mucho amor.

Todo el personal implicado sintió que acabara en cesárea, y yo. . . claro que lo sentí, pero en este caso que a mi me atañe, creedme, no importa tanto el final sino el recorrido.

Lo disfruté al máximo, lo disfrutamos.

Y no. . no lo tuve.

No tuve miedo, Y puedo asegurar que no hay mayor regalo que poder transitar por tu parto sin miedo y así poder beber de todas las sensaciones del proceso del nacimiento.

Por todo esto y más, agradecemos todo el apoyo recibido con todo nuestro corazón.

Gracias a nuestra Doula Llucía Mir por guiarnos, por trascender en nuestra familia. ¡Gracias!

Tuvimos el mejor parto posible dadas las circunstancias,  un parto luchado, un parto respetado.

Patri y Axl

 

“El primer parto de Patri había sido una cesárea en la que ella no tuvo ningún protagonismo, cada intervención médica que le hicieron vino en forma de cascada, sin ninguna explicación y sintió que, en  cierto sentido, le habían robado su parto.

Desde ahí, ella quiso entender lo que había sucedido y se informó de todas las maneras posibles para evitar vivir algo similar con su siguiente hijo. Tomó distintas decisiones: contactar con una doula para sentirse acompañada en su camino de maternidad, cambiar de hospital privado a hospital público, leer sobre cómo favorecer un parto vaginal, trabajar su fuerza interior para afrontar un proceso de parto en forma natural, hacer yoga para embarazadas, acudir a charlas y encuentros de madres, preparar su Plan de Parto…  todo un trabajo intenso y profundo de conexión con su poder como madre.

Estuvo los últimos días con bastantes pródromos que la avisaban que el momento estaba cada vez más cerca, el día que las contracciones empezaron a coger ritmo, ella estaba preparada para vivir plenamente su parto.

Bien pronto  la dinámica empezó  a ser de contracciones cada 2-3 minutos y de intensidad cada vez más fuerte, …. Fue un parto largo, de estos que te hacen creer que las mujeres podemos tener fuerzas sobrenaturales para afrontar cualquier cosa. Las profesionales fueron proponiendo y respetando al mismo tiempo, hicieron todo lo posible, se asombraron de las  capacidades de la madre y se entristecieron cuando finalmente se decidió que tenía que ser cesárea.

Y, he aquí la gran diferencia, hubo un ambiente sagrado, de respeto y trabajo en equipo, de intención y de decisiones conscientes.

Ella lo explica con sus palabras, aún sin ser su parto soñado, se sintió empoderada y en las mejores manos. Yo soy testigo privilegiada de cuanta fuerza hay en el corazón de las mujeres.

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Testimonio Ana y Laia

Testimonio de Ana y Laia (14-04-08)

Me llamo Ana y tengo una hija de 2 años, Laia. Cuando estaba embarazada no tenía pareja, toda mi familia vive en la península y mis amigas, o no tenían hijos, o su concepto de la maternidad y del parto no eran el que a mí se me estaba despertando, así que decidí que prefería que durante el parto me acompañara una profesional y contraté una doula.

Esto me dio mucha tranquilidad y tuve un embarazo muy bueno, me sentía fenomenal y así llegó el momento del parto. Dos días antes de nacer Laia empecé con pródromos bastante fuertes que me hicieron pensar que estaba de parto. Había estado con una amiga dando un largo paseo por la playa y sentía que llegaba el momento. Llamé a Llucia, que vino a casa, vio que le faltaban regularidad a las contracciones pero se ofreció a quedarse a dormir igualmente. Yo lo preferí, sin su experiencia yo no tenía tan claro que aún faltara tiempo. Al día siguiente, volvió mi amiga y Llucia se fue. La siguiente madrugada volví a llamarla, me tranquilizó por teléfono y vino por la mañana.

A medida que pasaban las horas, los pródromos fueron cogiendo fuerza y ritmo, estuvimos charlando, comiendo y poco a poco entré en el tiempo del parto. Yo había preparado la música que quería escuchar en aquellos momentos, dejé todo el día las persianas cerradas y me dejé sentir y hacer lo que más me apeteció, dormir, apoyarme de rodillas sobre una gran pelota, estirarme… Llucia me iba proponiendo ideas para acomodar el dolor: respiraba con ella, me hizo masajes, me di una larga ducha… Cuando el proceso se empezó a hacer más duro sugirió utilizar un TENS que llevaba y que resultó de muchísimo alivio, de hecho desde que me lo puso, no me lo quité hasta el hospital para entrar en la bañera de agua caliente, al salir me lo volvió a poner y ya lo llevé puesto incluso en el expulsivo.

En el hospital el trato fue exquisito por parte de la comadrona. Recuerdo momentos de no ser capaz de recordar las instrucciones de cómo respirar, ella lo hizo conmigo, para que yo pudiera sólo repetirlo. Yo había redactado un plan de parto y nacimiento que se respetó en todo momento. Fue un parto en hospital pero natural y respetado. Cuando nació Laia, Llucia cortó el cordón, ella se enganchó al pecho, y así estuvimos mientras me intentaron coser un desgarro, pero se requirió ir a quirófano y además sola, por lo que Laia se quedó con Lucía mientras me intervenían.

La comadrona me acompañó dándome la mano durante la operación. Después de reanimación volví a estar con mi hija y desde entonces no nos hemos separado.

En mi caso, incluso la decisión de parir en hospital fue acertada, ya que con el desgarro que sufrí me dijeron que en un parto en casa tendría que haber corrido al hospital. Estoy muy contenta de las elecciones que tomé y de que las cosas fueran bien a pesar del desgarro y del momento de quirófano, porque pude tener un parto acompañada por dos profesionales impecables, mi doula, una persona de mi confianza que entendía el parto que yo deseaba y una comadrona a quien no elegí  yo, pero de quién guardo un gran recuerdo.

Ana y Laia

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“Ana es una mujer de ideas claras, resolutiva e independiente. Cuando me escogió como doula, en alguna de nuestras conversaciones, me dijo algo así como que conmigo sentía que se podía fiar de que yo iba a ser capaz de sostenerla, si fuera necesario.

Me utilizó poco durante el embarazo, le sirvió para aclararse con el Plan de Parto y me preguntó algunas cuestiones sobre el inicio del parto y las formas de control del dolor, en general ella misma sabía donde y como adquirir información que necesitaba.

Alguna vez me ponía en contacto con ella (cuando generalmente es al revés) para recordarle que estaba allí y saber por su propia voz que todo estaba yendo bien.

Al acercarse al parto, los pródromos  de los últimos días fueron tan intensos que parecía que ya había llegado el momento, ahí es cuando a veces las mujeres se sienten confundidas y pueden llegar a creer que algo no funciona bien. Ella confió en su cuerpo, en lo que yo le explicaba y supo sostener la espera.

Fueron horas de Presencia y Calma, de Atención Plena y de Expectación, de acciones sencillas y completas en sí mismas. Sabiendo que el final del proceso estaba muy cerca.

Y cayendo suavemente e inexorablemente en las manos del Poder de la Naturaleza que permite parir a las mujeres y convertirse en “Lobas”.

Ana se entregó a su parto con cuerpo y alma, atravesó cada fase con coraje y se iba convirtiendo en otra mujer en cada una de ellas. ¡Qué privilegio ser testigo de esa transformación!

Cuanta belleza hay en el rostro de la mujer que “se ha ido al otro lado y ha vuelto”. Cuanta belleza en el bebé recién nacido que mira a los ojos de su madre y se reconocen mutuamente, un bebé que busca, huele y encuentra su pecho.

Cuando en ese momento tan mágico, la madre se tiene que desprender del Ser que más quiere en este mundo, para dejarlo durante un rato a otra persona… está entregando su tesoro más preciado.

Soy consciente del Honor de recibir ese tesoro y siento un profundo agradecimiento por la Confianza que depositó Ana en mí justo en estos momentos. ¡GRACIAS!

 

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Mar Brunet, Mikel y Llucia

Reflexiones sobre el tándem comadrona-doula

Soy comadrón especializado en la atención al parto humanizado, hace unos 30 años que atiendo partos a domicilio y en la actualidad he asistido más de 780 partos en casa.
Desde siempre trabajo con doulas, incluso antes de que en España se conociera esta figura y el papel que ellas desempeñan al lado de la mujer en su maternidad y de los profesionales que las atendemos.
Las parejas me escogen como profesional de referencia cuando después de explicarles la forma en que trabajo consideran que les proporciono la seguridad técnica y el trato personal que ellos están buscando. Como comadrón recae sobre mí la responsabilidad de comprobar en las diferentes etapas de la maternidad que la madre y el bebé están bien, y de forma muy especial en el proceso del parto.
Durante mi asistencia a los partos hago equipo con doulas porque ellas complementan mi trabajo y juntos abarcamos todos los aspectos más importantes que permiten vivir a la pareja la mejor experiencia posible.
Desde mi papel necesito conservar cierta objetividad para prever y detectar aquello que puede devenir en una complicación, la naturaleza desarrolla su fuerza y yo me mantengo en tercer plano mientras todo sigue su curso. En algún momento puedo proponer a la mujer algo que mejore la fisiología y siempre es ella la que decide qué hacer. En la fase del expulsivo y alumbramiento de la placenta estoy más presente y activo, comprobando la normalidad y cuidando que el nacimiento sea lo más sano y natural posible para la madre y el hijo que está llegando.
La doula se sitúa cerca de la mujer y su pareja ofreciendo tranquilidad con su presencia; pone su atención en el aspecto emocional de la mujer de parto y la acompaña facilitando su bienestar físico con pequeños detalles durante las diferentes etapas del proceso. Uno de esos detalles que considero importante son las palabras sencillas, de madre a madre, que la doula ofrece en los momentos de angustia o incertidumbre y que relajan a la parturienta y su pareja.
Con su experiencia y desde la intuición, la doula detecta cuando es mejor dejar espacio o acercarse, decir una palabra de aliento o mantenerse callada, mirar a los ojos o tocar suavemente, ofrecer un vaso de agua o preparar algo de comer. Su acompañamiento también facilita a la pareja sostener a la mujer e implicarse emocionalmente en el nacimiento del bebé.
A veces comento a la gestante que la doula es como una “epidural” pero sin efectos secundarios.
Sinceramente, la entrega y amor que veo en las doulas han ayudado en muchas ocasiones a que un parto abocado a la distocia, es decir, a lo patológico, haya evolucionado favorablemente. De hecho está comprobado que los hospitales que permiten la presencia de las doulas junto a la pareja consiguen una disminución muy importante de cesáreas, fórceps, anestesias y distocias comparadas con aquellos hospitales en que no se permite su acceso. La figura de la doula traspasa fronteras ya que está presente en muchos países y es un elemento muy interesante en la planificación de cualquier parto, sea domiciliario u hospitalario, si se pretende una humanización del mismo.
Desde mi experiencia práctica y positiva a través de los años de colaborar con doulas, expreso mi convencimiento de que es importante que en España se normalice su presencia en todos los ámbitos, ya que el respeto por la mujer que está de parto incluye respetar su derecho de estar acompañada de quiénes ella quiera, incluida su doula.
Mikel Mantxola

tándem comadrona-doula

 

Tengo muchas razones para estar convencida que el tándem comadrona-doula, tanto en parto domiciliario como en hospital, ofrece muchas ventajas para dar una atención profesional completa a las mujeres de parto. En este artículo el comadrón Mikel Mantxola, con el que colaboro integrada dentro de su equipo de “Atención al parto en casa” desde el año 2009, explica porqué el trabaja con doulas desde hace unos 30 años. Y en esta fantástica entrevista la comadrona Anabel Carabantes y la doula Paca Muñoz, cuentan su experiencia de colaboración, también en atención al parto en casa, desde hace unos 8 años dentro del proyecto “Ancara Perinatal”.

Ahí van mis propias reflexiones sobre el tándem comadrona-doula:

  • “No se puede estar en misa y repicando”, esto es lo más obvio. La matrona tiene una gran responsabilidad, que es la salud materno-infantil, y su foco de atención está puesto en este punto. En cambio la doula no tiene ninguna función médica, ninguna responsabilidad y su foco de atención es el acompañamiento emocional continuo (sin distracciones) y el bienestar físico (sin interrupciones) de la mujer que está de parto. Una matrona puede ser empática (yo personalmente creo que debe serlo), escuchar las necesidades de la mujer y procurar su bienestar, pero para ella es agotador entrar y salir del espacio emocional de la mujer y, lo que es seguro, es que no puede hacerlo de forma continuada si quiere mantener cierta objetividad.
  • Cada parto es único e imprevisible, pero, si nos atenemos a las estadísticas, la media de tiempo de un parto normal está entre 10-18h, generalmente más largos en mujeres que tienen su primer hijo (primíparas), aunque la variabilidad va desde partos muy cortos, hasta algunos que pueden durar varios días. ¿Cuánta atención completa puede ofrecer una sola persona atendiendo TODAS las pequeñas y grandes necesidades de una mujer de parto?, ¿Cuánta capacidad de reacción le queda a una matrona cuando está agotada física y/o mentalmente?. Cuando una matrona puede delegar la mayoría de los “pequeños detalles“, cuando puede descansar en los ratos en que su sapiencia no es necesaria, es más fácil  para ella estar fresca cuando se la necesite, es más probable que disfrute de su trabajo y que no se queme tanto ante la gran exigencia que requiere su profesión.
  • Los pequeños detalles son importantes, pueden marcar una gran diferencia en la percepción de la experiencia de la mujer de parto. Cuando la matrona está apuntando datos en el historial, cuando mira de cuántos centímetros de dilatación está la parturienta, cuando atiende a otras mujeres (ya que el ratio está muy lejos de ser 1/1)… es la doula la que “ve” que la mujer tiene sed, que tiene frío o calor, que necesita un cojín debajo de las rodillas, un masaje en la espalda o la pareja necesita ser tranquilizada. En los partos en casa estos pequeños detalles pueden abarcar, además, preparar comida, hacerse cargo de un hermano mayor o poner una lavadora.
  • ¿Qué papel juega la pareja? Aunque me centro en la importancia del tándem comadrona-doula, cada una aportando su saber desde su lugar, es evidente que cuando la pareja desea estar involucrada de forma cercana en el parto, eso es muy importante para los dos. Nadie suple a la pareja, aunque hemos de contar que algunas veces no la hay y otras veces no pueden estar (por motivos de trabajo, por aversión a los hospitales, excesivo nerviosismo que afecta a la mujer, necesidad de guardar a otros hijos..). Pero, la mayoría de las veces, la pareja está cerca del cuerpo y del corazón de la mujer de parto porque mantiene una relación única con ella y con el bebé que está naciendo. Si en estos casos, deciden contar con la ayuda de una doula (además de su matrona), entonces la diferencia es que puede implicarse emocionalmente en la experiencia de convertirse en padre, no tiene que controlar, ni saber de que va todo, se cuida de algunos pequeños detalles, pero sobretodo abraza, besa y sostiene a la mujer, mientras se mantiene relajado y seguro acompañado de otras mujeres con experiencia (la comadrona y la doula), algo que la pareja agradece, tanto como la madre.
  •  La familia escoge a su comadrona y la conoce con antelación en los partos en casa, pero en los partos hospitalarios, tal como está montado el sistema sanitario español, la mujer se encuentra con una matrona que, en la mayoría de los casos, no conoce de nada. Y esta situación es mutua, la matrona no conoce de nada a esa mujer. En cambio la doula siempre es escogida por la mujer y crean un vínculo personal antes del parto, esa figura familiar y con experiencia es una referencia importante para la madre y, en el momento del parto, puede ser un “puente” perfecto con los profesionales sanitarios que la atienden. En los partos a domicilio la familia toma todas las decisiones, los equipos de atención al parto que trabajan en tándem comadrona-doula, ofrecen un servicio que abarca todo el espectro de necesidades, grandes y pequeñas, de una mujer de parto. Es significativo que dos de las comadronas con más experiencia en partos domiciliarios de toda España, como son Mikel y Anabel, están convencidos que esa es la combinación perfecta para su trabajo. 
  • El lenguaje también es importante, cuando a la madre le proponen medidas médicas para afrontar o continuar el parto, muchas veces no “entiende nada“, entre que está en el Planeta parto y que las palabras técnicas le son nuevas y extrañas, puede sentirse confundida. La doula “traduce” en lenguaje sencillo la situación y, como estamos hablando de algo que NO es urgente (porque en esos casos se actúa y ya está), puede animar a las parejas a que se den un breve periodo de reflexión entre ellos para tomar la decisión. La doula no interfiere, ni juzga, ni presiona,… solo apoya la decisión, sea cuál sea. Hay que ser conscientes que no concederse ese momento, tanto puede abocar en “dejarse hacer lo que me digan”, como “en negarse por principio a lo que me proponen” y todo ello conlleva mucha angustia, lo último que necesita una mujer de parto.

Y el motivo más esencial es el “respeto”, la matrona que sabe cuál es su lugar y se siente segura de sí misma, respeta a la doula y las decisiones que toma la familia. La doula que sabe cuál es su lugar y se siente segura de sí misma, respeta a la matrona y las decisiones que toma la familia. Hasta ahora hablo de las matronas, porque ellas son el profesional de referencia para todos los embarazos y partos de evolución normal dentro de la Seguridad Social pública, pero realmente, el respeto mutuo abarca también al resto de profesionales sanitarios, como los/as ginecólogos/as.

De hecho, los obstetras y la asociación de matronas de Estados Unidos, avalan los beneficios de las doulas durante el parto en un estudio de Journal of perinatal education realizado en el año 2013.

Todas estas reflexiones sobre el tándem comadrona-doula están basadas en mi experiencia práctica, he tenido el placer de colaborar con toda clase de profesionales y juntos hemos visto el efecto que ha tenido esta sinergia en la experiencia de maternidad de las familias. Es hora de dar voz, credibilidad y normalidad a todas las decisiones que toman las mujeres y sus parejas.

familia parto en casa

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